LA ENTREGA SEMANAL era sobre la "trochización" de
la vida venezolana en vista de que poco faltó para que el Gobierno
pidiera la inclusión de la "trocha" como la octava
maravilla del mundo en el libro de Guinnes, cuando la cronista leyó
unas declaraciones del canciller español, Miguel Angel Moratinos,
emitidas durante su comparecencia ante la Comisión de Exteriores
del Congreso de su país, en las que el Ministro "apeló
a la responsabilidad de la oposición venezolana para que no boicotee
los procesos electorales y consideró "una exageración"
decir que los aviones y barcos vendidos por España a Caracas
pueden cambiar el equilibrio estratégico de la región".
Leyendo el artículo que el embajador español en Venezuela,
Raúl Morodo, publicase en El País de Madrid y reprodujese
El Nacional (magistralmente desmontado por la aguda crítica de
Ibsen Martínez el pasado lunes) no dudamos de que la desinformación
de Moratinos sobre lo que ocurre en Venezuela se deba a los sesgados
reportes enviados por su Embajador, abierto admirador de Fidel y de
su pupilo Hugo, cuyo "populismo" de chequera le parece admirable.
Seguramente que entre los reportes que le llegan al señor Zapatero
deben estar frases memorables como aquella de que "bajo el régimen
chavista no hay presos políticos, sino políticos presos",
enunciado que habría incorporado Franco a su enjuto discurso,
de haber tenido un "Defensor del Pueblo" que se lo acuñara.
Entonces a las dictaduras les encantaba exhibirse como dictaduras, con
fusilados y miles de presos políticos incluidos. Hoy, el régimen
militarista de Chávez, que en su haber tiene un golpe de Estado
y varios fraudes electorales, le gusta tener más poderes públicos
que Montesquieu, con la nada sutil diferencia de que los controla todos.
A Moratinos debería haberle sonado la señal de alerta
cuando fue tes tigo de la intemperancia del embajador venezolano en
Argentina, quien abandonó airado la reunión con los cancilleres
argentino y español cuando este último emitió una
opinión crítica en torno a los planes nucleares de Irán.
Antes de acusar a "la oposición venezolana de boicotear
los procesos electorales cuando en realidad es víctima de un
CNE al servicio de Chávez Moratinos debió haber leído
el informe de la UE y de la OEA sobre los comicios parlamentarios del
4D, cuyos observadores pudieron constatar las condiciones fraudulentas
bajo las cuales los venezolanos hemos acudido a las urnas, hasta que,
hartos de tanto simulacro electoral que concluye por legitimar a Chávez
como un presidente democrático, sin serlo, nos abstuvimos masivamente.
No participó el 25%, sino el 17%, del cual votó nulo el
9,7%, básicamente funcionarios presionados obscenamente a través
de listas públicas. Moratinos está obligado a conocer
las violaciones y vejámenes sufridos por los millones de electores
que acudimos el 15 agosto de 2004 al RR presidencial, de cuyo fraude
algunos parlamentarios españoles tienen pruebas entregadas por
eficaces equipos técnicos venezolanos, parte de los cuales descubrieron,
poco antes del 4D, que con las captahuellas se violaba el secreto del
voto. ¿Iría Moratinos a votar con un CNE integrado sólo
por dirigentes del PP en función de Gobierno, con unas máquinas
electorales sin auditar y cuyas actas son la única "prueba
legal", porque el CNE no permite contar los votos manualmente,
y con un Registro Electoral sin direcciones de los votantes, cuya lista
es manipulada a través de una cedulación viciada en la
que aparecen guerrilleros activos, cientos de miles de colombianos (según
dijo públicamente la cancillera de ese país), razón
por la cual el CNE no permite su auditoría?
El régimen de Chávez ha acabado con las instituciones
democráticas. A la confiscación de los poderes públicos,
se une la confiscación de la propiedad privada a través
de las "invasiones" masivas de fincas y edificios propiciadas
desde el poder, cosa que sí preocupa a Moratinos porque varias
de esas propiedades son de españoles que trabajaron por décadas
y ahora están en la ruina. ¿Quiere más muestra
de la barbarie oficial, reñida con las más elementales
normas democráticas? Así las cosas. ¿Le parece
"una exageración" que de un belicoso militar y militarista
que está rompiendo la línea de paz mantenida por Venezuela
durante más de un siglo con su voto a favor de la política
nuclear de Irán, que no habla sino de guerra y de extender su
revolución armada por el continente, se piense que los equipos
militares que España le vende no van a tener un uso pacífico
y que podrían ser utilizadas para "cambiar" el equilibrio
estratégico de la región?
El gobierno de Zapatero no quiere recordar la generosidad de la democracia
venezolana con el PSOE en su lucha contra la dictadura de Franco y parece
olvidar también el rechazo de la colonia española en Venezuela
al régimen totalitario de Chávez. Lástima que a
personajes como Morodo, Bono y Moratinos les interesen más los
petrodólares que el futuro de la democracia en Venezuela y la
paz del continente.
Por Marta Colomina
El Universal