Desde su posición como observador de todo
el proceso, ¿qué tiene que decir respecto a las reiteradas
acusaciones de fraude electoral en Venezuela?
Hay una gran desconfianza en el sistema electoral venezolano, debido
a un sistema electrónico de votación que no existe en
ningún otro país del mundo. Eso siembra muchas sospechas,
sobre todo porque tú no tienes capacidad para comprobar lo que
has votado. Además, no se ha dejado auditar este sistema por
ninguna auditoria independiente del Gobierno, no te facilitan el censo
y el Consejo Nacional Electoral no es independiente, es gubernamental.
Aparte de eso, el sistema de proporcionalidad personalizada prima de
una manera abusiva al partido más votado, las minorías
no están respetadas y el que gana se lleva todos los votos. Ante
este cúmulo de irregularidades y sospechas y, sobre todo, en
un momento muy polarizado de la situación política venezolana,
los partidos democráticos decidieron no presentarse a los comicios,
porque iban a ser machacados.
¿Cuáles han sido las consecuencias
de todo ello para el país?
En la actualidad hay un Parlamento monocolor, lo que deviene en un
gravísimo problema para la democracia y las relaciones entre
partidos. Creemos además que la actual polarización va
a ir ‘‘in crescendo’’ si Chávez no echa
un freno de mano y convoca una mesa de diálogo para hablar con
la oposición, crea un nuevo Consejo Nacional Electoral, permite
la utilización del censo y el chequeo de todos los votos para
hacerlos transparentes. Si no, va a ser algo terrible.
El vicepresidente venezolano ya realizó
un llamamiento para dicha mesa de diálogo nada más conocerse
los resultados.
Sí, pero eso mismo ha ocurrido también en el pasado y
nunca se ha llevado a la práctica. Chávez, el mismo día
de la votación y con esa retórica ampulosa y de fantasma
gorilero, dijo que habían muerto los partidos políticos
y que ya habían cumplido su misión. Nosotros también
nos hemos ofrecido, de alguna manera, a hacer de mediadores, pero vemos
que es muy difícil.
¿La única posibilidad reside, por
tanto, en la buena voluntad del Gobierno?
De su buena voluntad a la hora de establecer una mesa de diálogo
o de la movilización popular, como ha habido en otros países,
en el sentido de que no se arrugen, como no se han arrugado ahora con
todas las intimidaciones que han tenido para acudir a votar, ya que
no han votado. Sólo cuando los pueblos se ponen de pie es cuando
triunfan, y la situación actual no se puede tolerar.
¿Hubo coacciones para ir a votar?
Sí, hubo una diputada chavista que dijo que «al que no
vote, lo botamos», o sea, lo expulsamos, y lo dijo públicamente.
Es que claro, si cuando uno va a sacar un pasaporte, pide un crédito,
trabaja en un ayuntamiento o tiene que hacer un contrato con la administración,
le sacan una lista diciendo «usted votó contra el chavismo,
por tanto usted no puede hacer nada», eso no es una democracia,
es un régimen autoritario.
¿Qué listas son esas?
Hay listas circulando por ahí en las que aparece lo que cada
cual ha hecho en cada votación, si son opositores al régimen
o no. Por eso, entiendo que la gente tenga desconfianza en el sistema,
ya que el voto no es secreto, lo que en una democracia es fundamental.
Si lo que yo vote va a ir contra mí, indudablemente, eso no es
un sistema democrático, es un sistema policial, y hoy día
en Venezuela se está viviendo un sistema policial.
¿Cómo se ha encontrado el país?
Aquí en Euskadi la opinión pública está
confundida por las apariciones fugaces de Chávez metiéndose
contra Bush, que incluso pueden gustar por ser quien es Bush, pero el
95% de la colectividad vasca en Venezuela es antichavista, porque conocen
el problema y lo viven sangrantemente. Se quieren marchar del país
porque no pueden vivir allí, y eso lo tiene que saber la opinión
pública vasca.
¿Cuáles son los principales problemas
a los que debe enfrentarse Venezuela?
Para combatir la pobreza hay que crear riqueza, y Chávez está
destruyéndola. Este señor lleva siete años gobernando
y ya no le puede echar la culpa al sistema anterior, porque ha tenido
dinero más que suficiente para arreglar las cosas y no lo ha
hecho. Él cogió el país a siete dólares
el barril de petróleo y lo ahora tiene a más de 60 dólares.
Tiene dinero para hacer y deshacer lo que le dé la gana, y está
haciendo una política asistencial que no crea riqueza, que no
lucha estructuralmente contra las desigualdades, e internacionalmente
está haciendo el indio, comprando deuda a Argentina, vendiendo
gasolina en el Bronx... Son cosas absolutamente demagógicas,
que aquí pueden hacen mucha gracia, pero el país va al
descalabro de cabeza.
¿Han tenido facilidades en su labor como
observadores?
Nos han dado todo tipo de facilidades, yo creo que porque pensaban
que iban a ganar, y no ha sido así por la altísima abstención,
de cien ciudadanos 75 se han quedado en casa. Ahora será difícil
que vuelvan a invitar a observadores internacionales, ya que la experiencia
no les ha gustado nada pues todos los observadores internacionales hemos
coincidido en que el voto tiene que ser secreto y no lo ha sido.
Por ser nacido y residente durante mucho tiempo en Venezuela, ha debido
sentir esta tarea de una forma especial.
Sí, además ha sido terrible la cantidad de llamadas de
gente que hacía tiempo que había perdido de vista que
querían hablar, manifestarse... La verdad es que vengo abrumado
del nivel de necesidad que tiene el vasco en Venezuela de ser entendido
en Euskadi.