Mi aita que
era el mayor de los hermanos se quedó en Bilbao con su abuela en
la casona familiar “Trauko Zar” detrás del ayuntamiento
cuando sus padres se fueron a la Argentina pues un familiar les había
dejado en herencia una amplia estancia en la inmensidad de la Pampa. chaval,
jugaba al fútbol, estudiaba en la Plaza Nueva de Bilbao y se preparaba
para estudiar derecho. Comenzaba a hacer sus pinitos en la “Juventud
Vasca” de Bilbao un local nacionalista en el Casco Viejo que era
todo un horno político donde se formaban los jóvenes del
PNV con conferencias, excursiones, edición de libros, debates,
teatro, clases de euskera, ligas deportivas entre Batzokis, aprendizaje
de bailes vascos y acciones de todo tipo. Y como mi padre era un tipo
simpático y agradable y tenía a todas las chicas detrás
de él le hicieron el responsable de las relaciones de “Juventud
Vasca” con “Emakume Abertzale Batza”, la organización
de Mujeres Nacionalistas que se había formado siguiendo el modelo
irlandés. Por eso le llamaban “Emakumo”, mientras no
paraba en aquellos años republicanos de meterse en todos los charcos
políticos del PNV apoyando a todos los diputados, yendo a los mítines,
organizando viajes de formación por toda Euzkadi y sobre todo propagando
las ideas del PNV. Curiosamente en esa misma “Juventud Vasca”
había oficiado como buen afiliado al PNV nada menos que Don Manuel
Aznar, abuelo del ex-Presidente del gobierno, Don José María.
Eran los tiempos en los que firmaba en el diario Euzkadi como Imanol y
en los años en los que organizaba ciclo de conferencias sabinianas,
así como proponía las Selecciones Deportivas Vascas. Cuando
tuvo su primer hijo, el padre del presidente del Gobierno, lo llevó
a bautizar en la pila bautismal donde habían cristianado a Sabino
Arana en la Iglesia San Vicente de Bilbao y como no pudo ponerle el nombre
de Imanol ya que la Jerarquía Eclesiástica del momento no
lo toleraba le puso el nombre de Manuel (Imanol). Así consta en
la fe de bautismo.
LA FEDERACIÓN DE ESCUELAS
VASCAS
Durante la primavera de 1931 se llegó a creer
que la concesión del bilingüismo escolar para Euzkadi sería
un hecho. Por un decreto firmado por el Presidente del Gobierno provisional
de la república española, el 29 de mayo, se reconoció
a Cataluña la facultad de enseñar en catalán en todas
las escuelas e institutos de aquel país. Al mismo tiempo, las autoridades
de la República hacían saber que “cuantas regiones
solicitaran esta misma facultad, y para el reconocimiento se hallaren
capacitadas, obtendrían el mismo derecho.”
A fin de recabar tan importante facultad de la enseñanza
vasca, una comisión integrada por representantes de la Sociedad
de Estudios Vascos, Academia Vasca, Euskararen Adizkideak, Euzkaltzale
Bazkuna y Euzkaltzaleak se trasladaron a Madrid a fines del mes de mayo
de 1931 y se entrevistaron con el entonces ministro de Instrucción
Pública, don Marcelino Domingo.
Correctamente recibida la comisión de las entidades
vascas, ante ella empeñó el ministro de la república
su palabra –en cuyos acentos había, por qué negarlo,
notas de gran sinceridad- el que para el País Vasco se extendía
el mismo decreto sobre el bilingüismo que para Cataluña se
concedía. Más, los propósitos no se lograron.
No habiendo sido posible conseguir la autorización
necesaria par implantar el bilingüismo en las escuelas primarias
de Euzkadi, un núcleo de nacionalistas tomó la iniciativa
de crear, primero en Bizkaia y, posteriormente, en el resto de Euzkadi,
una entidad docente que tuviera a su cargo la enseñanza del euskera,
abandonado totalmente por los poderes del Estado que indebidamente asumía
la representación política de Euzkadi peninsular. El 4 de
marzo de 1932 bajo el patrocinio de la Juventud Vasca, Emakume-Abertzale-Batza
y Euzko-Irakasle-Bazkuna, se constituyó en Bilbao la Federación
de Escuelas Vascas, presidida por don Francisco Horn, Concepción
Gangoiti de Uriarte, Elías de Gallastegui, Consuelo de Gallastegui,
Félix de Zubizarreta, Manuel de Eguileor y don José Vilallonga.
En este tinglado, representando a Juventud Vasca, estaba mi aita.
Es de justicia resaltar la obra de cultura que, merced
al esfuerzo puesto por estos nacionalistas, pudo llevar cabo, en su corto
período de vida, ésta institución de primera enseñanza,
que llegó a contar en su seno con un numeroso plantel de maestras
graduadas que, a decir verdad, sentían verdadera vocación
por su profesión.
La Federación de Escuelas Vascas, con la cooperación
de gran número de patriotas de ambos sexos, que prestaron gustosos
su concurso personal y económico, en el término de seis
meses, nada más, alcanzó a abrir sus anheladas escuelas
en Barakaldo, San Salvador del Valle, Ondarreta, Algorta, Sondika, Durango,
Elorrio, Bergara, Abando y Bilbao. La rebelión de los ambiciosos
y prepotentes militares hispanos en 1936 no permitió recoger los
frutos de esta importante obra; por el contrario, las autoridades franquistas,
una vez que penetraron por la violencia en Euzkadi, se dedicaron a destruir
todo cuanto hallaron en estas escuelas donde se enseñaban los valores
en clave vasca. Ante este insólito hecho, hay que recordar que
a los guerreros de la antigüedad y a los jefes de las tribus –como
lo refirió otrora el inolvidable Aristimuño- que capitaneaban
pueblos recios y audaces, no se les ocultaba que para rendir totalmente
un pueblo, una nación, era forzoso proscribir la lengua de los
vencidos. ¡Desmontado el poderío del que se asiente sobre
pueblos que piensen y hablen idiomas que el tirano no entiende! La distancia
entre el sojuzgado y el vencedor en ese caso, será harto más
notable que la que con su huída pudiera establecer el pueblo oprimido.
La incultura y rudeza de las costumbres primitivas no reconocían
el escrúpulo –a semejanza de Franco- de borrar, or cualquier
medio, el idioma de los pueblos dominados. Es la historia quien así
lo atestigua.
El caso es que a mi padre, como a toda aquella juventud,
les explotó la guerra encima sin comerlo, ni beberlo y aquello
les rompió la vida. El PNV inmediatamente se puso de lado de la
legalidad republicana y cuando se formó el primer gobierno vasco,
tras ser aprobado el estatuto de autonomía en el Congreso, comenzó
en plena guerra a montar toda una administración desde la nada
y desde la dificultad de unas condiciones adversas. Era Octubre de 1936.
En la sede de la Sociedad “La Bilbaína”
se instaló el Departamento de Gobernación dirigido por Telesforo
de Monzón y a mi aita le encargaron el negociado de Identificación
y Pasaportes. Aquel gobierno pues tuvo su primera identificación
con unos pasaportes a los que se les llamó los Igarobides. Eran
verdes, con el escudo de Euzkadi y decían que servían para
todos los países del mundo. Pero mi padre no estaba demasiado satisfecho
de estar realizando una labor burocrática cuando sus compañeros
estaban en el frente y pidió alistarse en uno de los 26 batallones
que el PNV había formado para engrosar un Ejército que les
defendiera ante aquella guerra de agresión y que tenía al
nacionalismo vasco como uno de sus principales objetivos.
ASESINATO EN EL TÚNEL
Es difícil reconstruir la vida de una persona
fallecida en 1965 sin contar con sus testimonios o con los testimonios
de gentes que le conocieron. Y, también, de estos quedan pocos.
Sin embargo, de vez en cuando surge un recuerdo o un dato como el de Juan
M. Arroitajauregui, vecino del barrio de Matiko donde se encontraba el
caserío familiar “Trauko Zar”. Este socio de la Abao
se me acercó en una de las cenas de apertura de la temporada contándome
una vivencia de mi aita que le había narrado su madre y que luego
escribió en un pequeñito libro para uso de sus familiares.
Decía así: “cuando los combatientes ya estaban luchando
en Artxanda, la gente fue al refugio que se había habilitado en
el interior del túnel del ferrocarril que iba hasta las Calzadas
de Mallona. Entre ellos, al parecer iban dos hombres jóvenes encontrándose
con milicianos que también habían ido allí para refugiarse.
Al verles comenzaron a decirles que eran dos fascistas y que estaban allí
para pasarse al enemigo por Artxanda. Ante eso y allí mismo, delante
de mi madre y otra mucha gente allí agolpada, le pegaron varios
tiros a uno de ellos. Imaginaros que escena más terrible y más
salvaje. En ese momento aparecieron por allí dos jóvenes
que eran del barrio. El teniente Emilio Barroeta y José Luís
de Anasagasti que intervinieron rápidamente y les dijeron a los
milicianos que el otro se lo dejaran a ellos ya que los dos se encargarían
de “darle pasaporte” para no hacerlo delante de la gente.
No con facilidad, pues los ánimos estaban muy alterados lograron
llevárselo y fuera de allí lo dejaron libre y le salvaron
la vida de verdadero milagro”. Importante vivencia que muestra la
jerarquía de valores de los jóvenes del PNV de la época.
Y como aquel ejército improvisado tuvo que mantener
el buen ánimo de aquellas tropas improvisadas crearon, a imagen
y semejanza del republicano, los Comisarios de Guerra en cada batallón.
De esta forma Jose Luis Anasagasti fue Comisario Político del Batallón
Larrazabal que fue mandado por los comandantes Eduardo Landarte, Carlos
Aguirrebeitia y Santiago Uriarte y cuya zona de actuación fue la
del monte Gorbea. De natural optimista, sus hermanas me contaron que un
mes antes de la caída de Bilbao se presentó en casa diciendo
que pronto enviarían aviones y que la guerra se ganaba. Sin embargo,
un día antes de la entrada de los franquistas en Bilbao, de noche
y como en las películas, apareció para destruir y hundir
en el pozo séptico toda aquella propaganda nacionalista ante la
inminencia de la caída de la Villa. Parece ser que lo que mas le
dolió fue desprenderse de una brillante ametralladora que le había
regalado el último gobernador civil de Bizkaia, Juan Echeverria
Novoa.
Bilbao cayó el 19 de Junio de 1937 e inmediatamente
Jose Maria de Areilza fue nombrado a dedo alcalde la Villa. La victoria,
como decía en sus discursos aquel representante del fascismo totalitario,
había sido militar, sin contemplaciones, a sangre y fuego y él
y toda su familia tuvieron que salir de su casa y refugiarse. Les cercaron
en Bilbao y al no poder regresar al frente salieron cuando entraron los
sublevados escapando gracias a una motora que salió de Cierbana.
Al día siguiente, en francés, apareció la siguiente
noticia: “La embarcación española Sagrada-Familia,
transportando una cuarentena de milicianos con sus armas, llegó
al puerto de Bayona, procedente de Bilbao. Los milicianos fueron desembarcados,
y después de su desembarco albergados bajo los cuidados de la municipalidad,
antes de dirigirse a Bourges donde fueron retenidos Recuerdo que mi aita
me contó que cuando llegaron con sus uniformes de gudaris les dijeron
que se quitaran o la camisa o los pantalones pero que los dos juntos que
es el uniforme no podían tenerlo. Tras estas mil peripecias estando
ya en Bayona y allí junto a otros jóvenes del PNV, entre
ellos Jose Maria Benegas, padre de Txiki, se refugiaron en el monasterio
benedictino de Belloc. Su familia se refugió en Catalunya en el
pueblo gironés de Centelles.
LA ABADÍA DE BELLOC
Tras la entrada de las tropas de Franco y el manifiesto
de despedida del Lehendakari conocido como el de Trucíos, el Gobierno
Vasco llegó a Santander donde vivió penalidades sin cuento.
Era un gobierno derrotado, sin territorio, sin medios y asediado. Pero
no fue un Gobierno en desbandada. Organizó civilizadamente la evacuación,
se trasladó a Catanlunya, organizó albergues en Francia,
creó el Grupo coral Eresoinka, el grupo de baile “Elai Alai”
y organizó una Selección Vasca de Fútbol para decirle
al mundo que habían sido momentáneamente vencidos pero que
la lucha continuaba porque en un puntito del mapa había un pueblo
perseguido al que habían declarado traidor, le habían quitado
sus Conciertos Económicos y su autonomía, mientras se perseguía
su lengua y se fusilaba a sus jóvenes o se les condenaba a vivir
refugiados o en el exilio sin poder saber porque serían encarcelados
o fusilados. De ahí que mi aita apareciera, sin comerlo ni beberlo
en la Abadía de Belloc.
Recuerdo como me habló un día como había
estado refugiado en la Abadía Benedictina de Belloc con un grupo
de jóvenes gudaris y las bromas que se les hacían a los
nuevos. A uno de ellos le dijeron que fuera al comedor y que se tumbara
cuan largo era ante los frailes, postrado de hinojos hasta que le dieran
permiso para ponerse en pie. Alí, entre otros, estaba el joven
abogado José María Benegas, padre, más tarde de Txiki
que nació en Venezuela tras casarse en Caracas con Doris Hadad.
El abad mitrado de Lazkao, aita Mauro Elizondo, escribió
sobre ésta abadía y de cómo abrió sus puertas
a los refugiados. Decía así:
“Estalló la guerra civil española
en 1936. Siguiendo la postura adoptada por la jerarquía eclesiástica
española, los monjes de Belloc estuvieron a favor de los militares
sublevados contra la república, como lo estuvieron los católicos
franceses en general y el clero galo en su casi totalidad. Hubo solamente
un padre –que ni siquiera era vasco- simpatizante de la revista
“Sept” quien puso en tela de juicio la legitimidad de la rebelión
militar contra un Gobierno elegido por el pueblo. Y por lo mismo, era
el único que exculpaba a los vascos del llamado “contubernio”
vasco-comunista.
Ahora bien, a pesar de la actitud de la comunidad, totalmente
favorable a los franquistas los primeros años, la abadía
de Belloc recogió a muchos refugiados vascos. Algunos estuvieron
allí dos y tres años. Recibidos con recelo en un principio,
aunque siempre con caridad, estos refugiados se ganaron pronto la simpatía
de los monjes por su conducta intachable y por su religiosidad acendrada.
Recuerdo todavía lo que me dijo un padre anciano: “están
equivocados en su postura a favor de los rojos, pero hay que reconocer
que son auténticos católicos, mucho mejores que los católicos
de nuestra región”.
Y un joven gudari, que pudo llegar a Belloc después
de la caída de Bilbao, me comentaba: “aquí hemos encontrado
la verdadera caridad cristiana. No aprueban nuestra opción en la
guerra, pero nos acogen por caridad”.
Durante la ocupación alemana, la resistencia francesa
orientó hacia Belloc a muchos jóvenes franceses que, huyendo
de los trabajos “forzosos” en Alemania, pretendían
pasar la frontera e incorporarse a las fuerzas del general De Gaulle en
África.
Denunciados por ello, fueron detenidos el abad, el prior
y el subprior de la comunidad. El p. subprior logró bandearse y
eludir las acusaciones, pero el abad y el prior fueron a parar al campo
de concentración de Dachau hasta la terminación de la guerra.
La abadía recibió la condecoración de la Legión
de Honor por Ayuda a la Resistencia francesa.
Terminada la guerra civil española el 1 de abril
de 1939 la presión de los refugiados vascos en Iparralde era cada
vez mayor mientras aquellos jóvenes imposibilitados de poder volver
a sus casas veían con preocupación como salían de
una guerra para meterse en otra que iba a ser peor La guerra mundial.
Sin embargo eran jóvenes e iban a las romerías de Iparralde.
En una de ellas celebrada en el día de San Ignacio de 1939 en San
Juan de Luz conoció a una joven de Motriko llamada Itziar Olabeaga
de la que hablo en el capítulo anterior y que vivía allí,
también refugiada con sus padres. Sin embargo como la presión
bélica crecía pensaron en salir hacia América. ¿Quién
les hubiera dicho a aquellos jóvenes que no iban a volver a su
Bilbao natal sino veinte años después?. Y mientras eso ocurría,
un grupo de intelectuales demócratas y antifranquistas encabezados
por Simón Gonzalo Salas solicitaba la llegada de vascos a Venezuela.
De ésta forma se iniciaron negociaciones con el Gobierno Vasco
exiliado ya en París.
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| RUMBO
A AMERICA
A pesar de que todos ellos tenían trabajo en Francia, dado el
pesimismo que se formó ante la inminencia de una guerra europea,
optaron por buscar una salida en América. Tres países fueron
los que se ofrecieron, Venezuela se abrió sin impedimento alguno
para los vascos. México a todos los republicanos, y Argentina a
todos, destacando el decreto del Presidente Ortiz Lizardi para los vascos.
Venezuela no exigía nada pero no había ruta hacia allí
y tomaron una que iba a la República Dominicana ya que el dictador
Trujillo había montado un negocio con unas visas que todo el mundo
tenía que pagar.
Sería el 14 de Julio de 1939 cuando un viejo barco de carga, “El
Cuba”, atracaba en los muelles de La Guaira, con un centenar y medio
de pasajeros, apiñados en la borda, pendientes de la operación
y del permiso para desembarcar. Habían sido penosos días
de travesía, con una incertidumbre que difícilmente trataban
de ocultar con sus cantos, irrintzis y añoranzas.
Eran los primeros exiliados vascos que llegaban a Venezuela. Después,
justamente al mes, otro carguero con gran número de años
sobre el mar, “El Flandes”, desembarcaba con otros doscientos
vascos más y el “Bretagne” con un grupo de setenta
y cinco.
Este escaso medio millar de personas fueron atendidos y acomodados en
primera instancia hasta que se comenzaron a formar las clásicas
“repúblicas”, viviendo en grupos familiares y abriéndose
un camino pesado, pero lleno de la mayor esperanza y con la tranquilidad
que suponía encontrarse en otro continente, lejos de los campos
de tragedia que se habían formado en la vieja Europa, primero en
Euzkadi y más tarde en todo el Continente, en una guerra mundial
que daba sus primeros pasos.
En esta situación y ante los atisbos de una nueva guerra en Europa,
el Gobierno Vasco en Baiona organiza su Departamento de Gobernación
donde expide como carta de Identidad el Igarobide, su pasaporte. El de
mi aita tiene el número 875. Color verde, con el escudo completo,
en euskera, francés, inglés y castellano, aquel Gobierno
identifica a los suyos.Y con este pasaporte mi aita entró en Venezuela
en 1939. En sus páginas están los distintos sellos que reconocieron
aquel documento que guardó toda su vida como oro en paño.
De él pasó al pasaporte venezolano, no teniendo nunca pasaporte
español.
Salieron de Burdeos el 1 de Diciembre de 1939 a bordo del trasatlántico
francés “La Salle” formando un convoy con otro trasatlántico
que se dirigía a Buenos Aires. Estaban asustados porque al barco
anterior, “El Bastogne”, lo había hundido un submarino
alemán. El “La Salle” hacía el viaje hasta Casablanca,
junto a otro barco que iba al Senegal, escoltado por dos destructores
a los lados durante el día y en fila de noche.
Estuvieron un mes para partir y aun así hicieron conatos de salida.
Salían a la bocana y volvían a entrar en puerto. El barco
estaba acondicionado como transporte de tropa. Las bodegas habían
sido transformadas en grandes dormitorios y, a pesar de tener billete
de tercera, tuvieron que acomodar unas colchonetas en los pasillos de
circulación hacia los camarotes porque unos comunistas les habían
quitado el puesto.
Ya instalados, los vascos se fueron agrupando y finalmente salieron el
21 de diciembre de 1939, después de haber obtenido la visa para
Santo Domingo. Es preciso recordar que la guerra había ya empezado
el 1 de setiembre. Salieron con el Igarobide, pasaporte del Gobierno Vasco,
a pesar de que podían haber obtenido el pasaporte español.
El billete y la visa se lo costearon de su bolsillo.
En aquella inmensa bañera y en esas terribles circunstancias llegaron
a Casablanca, en la costa africana y antes de que se hiciera famosa con
la película de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart. No les fue permitido
desembarcar y permanecieron allí también el día 8
de diciembre, día de la Inmaculada. Aquello produjo numerosos comentarios
de unos comunistas que eran de armas tomar. Vieron los fosfatos en el
muelle. Salieron de allí tardando 22 días en llegar a Santo
Domingo, al que el dictador había bautizado como Ciudad Trujillo.
En el mar de los Sargazos vieron peces voladores. No fueron atacados durante
la travesía, haciendo escala en Saint Thomas, en las Islas Vírgenes.
Durante la travesía, el txistulari de Oyartzun Jon Oñatibia,
al que Garate llamaba Toscanini, no paraba de tocar el txistu y organizar
coros montando festivales y relacionándose con todo el mundo.
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HICIERON DE TODO
Aquellos exiliados en Venezuela tuvieron que rehacer su vida haciendo
de todo. Crearon una república y, como consecuencia, un gobierno
con diferentes ministerios. El Ministro de Colonias, vendía colonia.
El de Interior, ropa interior. Y así todo. A la noche hacían
caja y pagaban sus pensiones y su manutención. Pero como la mayoría
eran profesionales, poco a poco se fueron colocando aunque siempre tenían
puesta la vista en el regreso. En Navidades, a casa. Pero pasó
una, otra, otra y otra y aquello no tenía pinta de arreglarse,
porque derrotado Hitler el enemigo comenzaba a ser Stalin, y Franco garantizaba
a los aliados la seguridad de una dictadura predecible aunque en el altar
de los principios fueran sacrificadas todas las banderas por las que aquellos
vascos habían luchado y suspirado.
CARTA DESDE HACIENDA
Tuvo que trabajar como administrador en una hacienda inmensa de un vasco
terrateniente en el estado de Yaracuy, en el interior de Venezuela. En
enero de 1943 le escribía a su tía la Argentina lo siguiente:
“Os deseo un feliz y próspero año de 1943 y que sea
para nosotros el último del destierro para poder retornar a nuestra
querida Patria, cosa que no será difícil por el ritmo actual
de los acontecimientos.
Ayer después de bastante tiempo recibí a través
de un marino del barco Cabo de Hornos, una carta extensa de mi ama y hermanas
en la que me daban noticias desde Bilbao de todo y me detallaban el casamiento
de mi hermana Carmen. En la boda estuvieron dos hermanas tuyas así
como tu hermano el P. Buenaventura quien se desplazó desde Sevilla
para bendecir la unión. Está hecho un completo antifranquista
y desea que todo termine con el triunfo de las democracias. Me dicen que
el alimento es lo más difícil de conseguir, sobre todo en
las grandes poblaciones y si se logra algo distinto es a precios fabulosos.
Yo he pensado y he tratado de enviarles algo pero me está siendo
muy difícil hacerlo ya que los marinos que tocan puertos venezolanos
solo piensan –cosa natural- en sus familias y como solo les permiten
cinco kilos no quieren tomar encargos de nadie. Solo en una ocasión
recibieron un lote de café que les envié, habiéndose
perdido lo enviado en otras expediciones.
Por aquí, ni fu, ni fa, aunque viviendo con la ilusión
de volver pronto a casa. Sigo en la Hacienda Lizarraga y con un trabajo
espantoso pues estamos en plena cosecha de café y algodón
y no descansamos un solo instante, lo que nos permite no tener tiempo
para pensar y hacer más llevadero este tipo de vida tan rara y
así poder superar éste camino de espinas. Las fiestas de
Navidad y Año Nuevo las pasé con mi primo Pedro de Loyola,
bermeano, y con su esposa Margarita Caminos. Por estos primos logré
hacer llegar mis dos cartas últimas para mi familia y para ti a
vuelta de correo ya que ellos viven en Puerto Cabello.
De todas maneras nosotros somos dichosos si nos comparamos con nuestros
pobres hermanos de infortunio, mutilados, encarcelados y sin trabajo.
Estamos recolectando aquí una enorme cantidad de dinero para estos
pobres vascos perseguidos y con grandes necesidades pues nuestro presidente
Aguirre así lo ha ordenado y parece ser que se ha tomado con muchísimo
interés ésta recaudación. No debemos ser egoístas
y debemos pensar en los que están mucho peor que nosotros. Hasta
ahora poco o nada hemos podido hacer nadie en favor de nuestros hermanos
pues llegamos a Venezuela con el cielo arriba y la tierra abajo y ahora
que empezamos a acomodarnos hay que ayudar a los nuestros”.
La carta es ilustrativa de aquel inicio del año 1943. Fé
en la próxima vuelta y solidaridad con la causa y los vascos perseguidos
con un Lehendakari Aguirre liderando a los vascos en el exterior.
Y así fue pasando de administrador de la Hacienda Lizarraga que
había que recorrer a caballo a constructor de puentes y carreteras,
siempre con el pasaje listo para volver a su Bilbao. Pero cuando aquella
vuelta se fue viendo imposible y el regreso no era factible por culpa
de aquel régimen que les perseguía, fundaron una compañía
constructora y se fueron al Oriente Venezolano. A Cumaná.
CUMANÁ
Es la capital del estado de Sucre, en el Oriente venezolano. Allí
llegó José Luís como socio y administrador de una
compañía de construcción formada por vascos : Olaizola,
Ruiz de Aguirre, Okiñena y Oñatibia que junto con él
tenían el encargo de hacer un grupo escolar. Esa fue la razón
por la que yo nací en esta población junto al resto de mis
hermanos Maitena, Jon y Koldo.
No es extraño ver todavía casa y chalés con formas
de caserío vasco en pleno trópico y al borde del mar Caribe.
La explicación está en ésta compañía
de construcción.
Cumaná se llama así porque allí existió una
tribu de indios llamados Cumanagotos aunque Colón en su tercer
viaje (1.498) que era la primera vez en que pisaba tierra firme en continente
americano la llamó Nueva Cádiz.
En Cumaná nació Antonio José de Sucre el general
ayudante de Simón Bolívar al que llamaron el “Abel
de América”. Era su lugarteniente preferido y lo asesinaron
después de triunfales batallas, entre ellas la de Ayacucho.
También en Cumaná nació Andrés Eloy Blanco,
un poeta, autor entre otros de los versos famosos de los “angelitos
negros” que Machín elevó a canción. Andrés
Eloy que fue presidente del Congreso venezolano y murió en el exilio
ganó premios en España. Una de sus poesías la dedicó
a Mariana Larrabeiti. Un poema por su trabajo con los hijos de los presos
que se encontraban en la siniestra prisión de La Rotunda en tiempos
de la dictadura de Juan Vicente Gómez que había durado en
Venezuela hasta 1936. Decía así:
MARIANA LARRABEITI
Mariana Larrabeiti
mujer de Vizcaya, tierra de Bolívar.
Los vascos le sacan el hierro a la tierra
y se hacen con hierro, hombres,
como se hace un martillo;
nobles apellidos, fuertes como hombres.
El hierro vasco está en todo;
el Nervión lo lleva en el agua oscura,
Bilbao lo levanta en las grúas,
a lo largo de la ría
y clava su duro astil en Portugalete
y lo hace flexible en el acero
del campesino y del minero,
del músculo redondo de Uzkudun
y del torso ancho del marinero.
Bilbao es un escudo
que tiene atrás un guerrero.
Mariana Larrabeiti,
en mi tierra hubo dos vascos:
uno, Lope de Aguirre, la tempestad,
el galernazo del Golfo de Bizcaya,
y el otro, Simón Bolívar.
La alta montaña cántabra
donde se desbaratan todas las olas
la perenne montaña, con su mina de
hierro
de donde vamos sacando el hierro del
ejemplo
para la espada mejor que esgrimiremos,
la perenne montaña, con su mina de
oro
de donde vamos sacando el oro de la piedad
para la hermosa hora en que perdonaremos.
Y ahora, Mariana Larrabeiti.
En mi tierra hay muchos vascos;
ya los viste en las calles;
y viste en sus cabezas
aquella cosa azul, tan vasca,
aquella cosa redonda y azul
como un cielo pequeño
sobre la cabeza de la juventud.
Los has visto y no los olvides,
que ellos son el encanto de mi tierra
y recuerdan la tuya, y tienen de la tuya
el breve cielo azul en la cabeza terca.
Mariana Larrabeiti,
eres hermosa, como las tardes de Begoña
así, alta como ellas, y sobre todo, serena,
y flexible como el acero vasco
y estás aquí, con nosotros,
en las mejores de las horas.
Caiga tu dulce piedad sobre esos niños nuestros
como una arenga sobre las cabezas soñadoras;
caiga tu dulce piedad sobre esos niños nuestros;
ríeles lo mejor que ríes llórales lo mejor que lloras.
ANDRÉS ELOY BLANCO
También en Cumaná, puerto pesquero se asentaron los vascos
tratando de explotar esta actividad que conocían bien de hacerlo
en el Golfo de Bizkaia aunque el Caribe, con sus aguas cálidas
y mansas, donde las langostas se devolvían al mar porque “eran
bichos feos”, no les fue tan bien aunque lograron formar una pequeña
colectividad que con el tiempo devino en un Centro Vasco con frontón.
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