CARLOS DE AGUIRREBEITIA
Jefe de la Resistencia Vasca
Un Comandante de Gudaris ha muerto en Bilbao
El día 3 de septiembre de 1964 falleció repentinamente
en su domicilio de Bilbao, el Comandante de Gudaris, Carlos de Aguirrebeitia.
Pletórico de facultades físicas e intelectuales, su muerte
causó profunda emoción entre las numerosas amistades que
contaba, y en particular, en el reducido número de compatriotas
que, por medidas de seguridad, conocían a fondo su doble personalidad
de hombre aparentemente apacible, dedicado exclusivamente a sus negocios
y familia, tras la cual ocultaba la verdadera de activo Jefe de la Resistencia
Vasca.
Comentaban sus amigos que Aguirrebeitia debió ser digno, grave,
extenso en su pensamiento y conciso en las palabras, sencillo de maneras
y alma, jamás alardeaba sus méritos, los cuales ocultaba
o atribuía generosamente a sus compañeros de lucha, condiciones
éstas que le granjearon el afecto y respeto de todos, convirtiéndose
en puntal de la Resistencia Vasca.
Pertenecía por su edad, a aquella generación de hombres-jóvenes
del 36 y no de jóvenes a secas que, con concepto de responsabilidad
y disciplina, obedeciendo órdenes de sus burukides, dejaron a un
lado en el momento preciso, las comodidades y conveniencia personal para
lanzarse a defender Euzkadi en las trincheras, escribiendo con su sangre
y heroísmo la página más concluyente de la historia
de Euzkadi, la que logró alcanzar, bajo los postulados del Partido
Nacionalista Vasco, las angulares piedras de un Gobierno y un Ejército
propio reconocido por todos.
Afiliado al Partido Nacionalista Vasco desde muy joven, al iniciarse
la guerra en Euzkadi se alistó en el Ejército Vasco, partiendo
para el frente de Lekeitio en el Batallón “Munguía”,
con el grado de Teniente.
Cada ejército tiene su manera de combatir y el Ejército
Vasco, el “Euzko Gudarostea”, tenía la suya, distinta
de las de su adversario.
Este, el ejército franquista, para asaltar las posiciones enemigas,
adelantaba a sus alfereces provisionales, de los que tenía abundantes
reservas a causa de su forma de reclutamiento. Para ser alférez
provisional bastaba un título cualquiera, el de bachiller, el de
comercio, el de seminarista o el de novicio. Con esto y unos cursillos
breves se conseguía la estrella oficial.
Fueron pues los Alfereces provisionales y no los jefes y oficiales sublevados
quienes asumieron los mayores riesgos en las filas facciosas, en contraste
con los mandos de nuestro “Gudarostea” en que los Comandantes
y en su defecto los Capitanes y Tenientes ocupaban en los combates los
puestos más avanzados.
Así se explica la enorme proporción de bajas entre los
Comandantes, Capitanes y Tenientes de nuestros batallones y lo que sucedió
por poner un ejemplo, en la toma del Sebigain, por el “Arana-Goiri”,
donde cayeron muertos o heridos el Comandante Bediaga y todos los Oficiales,
teniendo que hacerse cargo del batallón, para evitar el desorden,
el Capellán del mismo. De éste temple era también
el Comandante del batallón “Larrazabal”, Carlos de
Aguirrebeitia.
En Lekeitio fue ascendido por méritos adquiridos en la lucha,
al grado de Capitán pasando a mandar la Compañía
de Ametralladoras del mismo batallón, y en cuyo puesto se distinguió
por su serenidad y valor en todos los encuentros con el enemigo.
El año 1937 fue ascendido al grado de Comandante (tenía
entonces 23 años), siendo enviado al frente de Urkiola, cuyas posiciones
atacaba fuertemente el enemigo, lanzado ya en su ofensiva sobre el resto
del territorio de Euzkadi. En Urkiola tomó el mando del batallón
“Larrazabal”, en cuyo puesto desempeñó valiosísimos
servicios, conteniendo los avances del enemigo y permitiendo con ello
la reorganización de otras fuerzas.
Posteriormente se trasladó con el Batallón Larrazabal al
macizo del Gorbea, sosteniéndose en esta posición hasta
los últimos momentos en que el ejército invasor amenazaba
a Bilbao, siendo trasladado a la capital para su defensa.
En los demás combates que se libraron en la defensa de Bilbao
y márgenes del Nervión, quedó desconectado de su
batallón y envuelto por las fuerzas enemigas.
El Comandante Carlos de Aguirrebeitia no había nacido para rendir
su bandera al enemigo. Aprovechando la oscuridad de la noche se embarcó
en una motora en Zierbana saliendo a la mar a la vista del enemigo para
trasladarse a San Juan de Luz, donde prosiguió la lucha desde diversos
puestos.
Comisionado por el Partido Nacionalista Vasco para ocupar un puesto en
la Jefatura de la Resistencia Vasca en el Interior se trasladó
con tal motivo a Bilbao, donde seguidamente, inició su misión,
sin valorar riesgos, sino la importancia de los objetivos que le habían
sido señalados.
Preparó y dirigió la voladura del monumento erigido en el
Arenal de Bilbao al General Mola, el que había amenazado durante
la guerra con arrasar lo que quedaba de Bizkaia cuando avanzaba con las
tropas facciosas que ocuparon la capital.
Esta acción de la Resistencia, ejecutada en tiempos en que la
dictadura franquista manejaba impunemente todos los medios del terror,
produjo gran impresión en nuestro País, como los produjeron
también la serie de cortes, reiterados en sucesivas conmemoraciones
del “Aberri Eguna”, en la Radio Oficial de San Sebastián,
mientras la emisora clandestina “Radio Euzkadi” entraba en
la onda de aquella y se dirigía a la opinión vasca en los
términos que empleaba la Resistencia.
El Comandante Aguirrebeitia tuvo también una intervención
decisiva en la preparación y desarrollo de las huelgas de 1947
y 1951. La huelga de mayo del 47 fue la primera manifestación importante
de masas en país totalitario en la que intervinieron más
de cien mil obreros de la zona vizcaína y la de abril del 51 se
extendió a las regiones vascas de Álava, Bizkaia, Gipuzkoa
y Navarra, participando en ella por encima de los trescientos mil parados.
En la difusión de la propaganda, en las pinturas murales, en la
colocación de banderas vascas, tan eficaces para alimentar la moral
de los resistentes, acreditó sus dotes de paciencia a toda prueba,
abnegación y empuje, comunicándoselas a sus colaboradores.
A su dinamismo y capacidad de convicción se debieron en gran parte
la organización del Partido Nacionalista Vasco en la postguerra,
la de Euzko-Gaztedi y la Resistencia.
Por sus cualidades de organizador fue incorporado en 1958 al Bizkai Buru
Batzar y poco después al Euzkadi Buru Batzar.
Durante la guerra como Comandante y después como jefe decidido
de la resistencia y como burukide sereno con gran sentido de la responsabilidad
que le incumbía, se hizo merecedor de todos los honores, que en
vida rechazó siempre con gesto sobrio, pero que hoy no podemos
silenciar sin faltar gravemente a la justicia.
En Carlos de Aguirrebeitia rendimos homenaje a los mandos de nuestro
Ejército, a los Jefes de nuestra Resistencia y a los burukides
de nuestro Partido, a los que se fueron y a los que todavía prosiguen
esta lucha por la liberación de Euzkadi.
El Comandante Aguirrebeitia, deja en su tierra vasca muchos e imperecederos
afectos y la brillante estela de su perseverante y disciplinada labor,
llena de riesgos y éxitos durante 28 años, a las órdenes
del Partido Nacionalista Vasco y al servicio de Euzkadi, labor de la que
muchos jóvenes patriotas de hoy, sin ellos saberlo, son la consecuencia,
el resultado.
¡Joven patriota! ¡Mendigozale!: cuando asciendas a las cimas
de tu Patria, allí donde la represión no alcanza, donde
la libertad individual existe, recuerda al que, sin tú saberlo,
fue tu Jefe y orientó tus pensamientos y pasos hacia la libertad,
y ora por él y su descanso en Dios. Cuando ante la acción
o el peligro flaquee tu ánimo o la enervante espera influya en
tu fe y en la confianza y disciplina que debes a tus jefes, piensa en
él y sigue su ejemplo.
¡AGUR, Comandante Aguirrebeitia! Tus consignas y tus últimas
órdenes serán cumplidas.
EL CAMBIO DE PLACA
Y tras esta reseña publicada en Gudari en 1964 y repartida clandestinamente,
aparecía el cambio de nombre de la calle que da a la Plaza Nueva
de Bilbao publicándose la reseña en la revista GUDARI que
editábamos en Caracas. Decía así:
En homenaje al Comandante Aguirrebeitia
LA RESISTENCIA cambió el nombre a una calle de Bilbao
El día 1º de enero de 1965 se celebró en Bilbao un
sencillo pero emotivo acto de homenaje a la memoria del que, en vida,
fue valeroso Jefe de la Resistencia Vasca, Comandante Aguirrebeitia.
Eusko-Gaztedi (EGI), portadora actual del glorioso estandarte que los
valientes gudaris flamearon en la lucha abierta contra los enemigos de
Euzkadi en las cimas del Gorbea, Sollube, Intxortas, Jata y campos de
Villarreal, en su deseo de perdurar el nombre y recuerdo de su antiguo
Jefe, muerto en el constante servicio a la Patria, decidieron poner su
nombre a una calle de Bilbao.
Para la elección del lugar se estableció previamente contacto
con la Sección de Estadística del Ayuntamiento de Bilbao,
cuyos funcionarios, conscientes de su misión al servicio del pueblo
de quien dependen, prestaron la máxima facilidad y diligencia,
señalando que la calle más indicada a tal fin era la denominada
hasta el momento, calle del Comandante Velarde, personaje éste
totalmente desconocido en la Villa y desligado en episodios históricos
de Bilbao y el País Vasco.
Como corresponde a nuestra manera de ser, la ceremonia se llevó
a cabo dentro de la mayor sencillez. La placa con el nombre del Comandante
Aguirrebeitia fue colocada a primera hora de la madrugada, en presencia
de varios jefes de Euzko-Gaztedi (EGI), autoridades del PNV y Euzko-Gudarostea.
Unos momentos de silencio envueltos de emoción en posición
de firmes y la decisión íntima de los asistentes de seguir
adelante en la lucha por la libertad –eso fue todo- ante la presencia
de los transeúntes que miraban la calle sin percatarse del acto
que en ella se estaba secretamente celebrando.
A las doce y media se celebró una misa en San Antón, (la
primera en que se aplicaba la liturgia en euskera), terminada la cual,
el numeroso público que asistió a la misa se trasladó
a la Calle del Comandante Aguirrebeitia (que es una transversal de la
Calle Correo), desfilando en silencio ante la placa que le da nombre.
Al siguiente día la placa continuaba puesta y ya, con las primeras
luces, nuestros fotógrafos hicieron unas instantáneas, para
la historia. Fueron muchos los patriotas que cruzaban la calle para contemplarla
y adherirse al acto. La noticia se extendió por todo Bilbao hasta
llegar a conocimiento de la Falange, que exigió del Ayuntamiento
el que fuera inmediatamente retirada. Eso lo hizo el ocupante el domingo
día 3 hacia las 10 de la mañana, en medio de un público
que sabía lo que sucedía y con manifiesto desagrado por
parte de los empleados municipales que fueron forzados a ejecutar tan
impopular acto.
Para todo bilbaíno, para todo vasco, para todo patriota, para
todo hombre digno que sin ser ninguna de esas tres cosas ame la libertad,
la Calle del Comandante Aguirrebeitia, con placa o sin ella, será
en adelante como el nombre de un símbolo de esperanza y fe en el
indudable libre futuro que se avecina.
Sólo nos resta hacer constar que la Sección de Estadística
del Ayuntamiento de Bilbao notificó el oportuno cambio a todos
los domiciliados en la nueva calle Comandante Aguirrebeitia.
Hoy, ésta calle tiene otro nombre. Pero en recuerdo a esta acción
de la resistencia, debería tener el del comandante de gudaris,
Carlos Aguirrebeitia.
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