Toda obra humana es, en
mayor o menor medida, deudora de otra u otras anteriores, que han expresado
ideas o se han basado en métodos que, de alguna manera, pueden
ser considerados como antecedentes. Hoy, esta secular percepción
es más verdadera que nunca. En los albores del siglo XXI resulta
prácticamente imposible descubrir ideas o esbozar proyectos radicalmente
novedosos. Todo -se acostumbra a afirmar en muchos ámbitos de conocimiento-
está inventado. El libro que el lector tiene en sus manos no constituye
una excepción a esta regla. Es tributario -lo reconocemos sin ambages-
del que, bajo el provocativo título Yo no soy español, publicó
hace unos años el escritor catalán Víctor Aleixandre.
Cuando salió al mercado la edición castellana
de la obra de Aleixandre –durante los años precedentes, la
catalana había alcanzado ya un notable éxito editorial-
Víctor tuvo la amabilidad de invitarnos a tomar parte en el acto
de su presentación en Madrid. Presentar un libro con semejante
título en un establecimiento comercial situado a muy pocos metros
de la puerta de Alcalá y en uno de los momentos más truculentos
de los muchos que jalonaron la mayoría absoluta/absolutista de
José María Aznar era –aunque hoy, ya, pueda no parecerlo
tanto- un gesto osado que –reconózcase-, en aquellos días
no todo el mundo tuvo la valentía de llevar a cabo.
Pero el acto se celebró. Y, como cabía
esperar, concluyó con bronca. Una parte del público asistente
–minoritaria, ciertamente, pero bastante estridente- se puso en
pie con gesto airado, pronunció, sin hacer concesiones a la ponderación,
todo tipo de improperios contra el autor del libro, su editor y las personas
que participaron en el acto y abandonó dignamente la sala, bufando
sonoramente y dibujando en su cara antiestéticas muecas de desaprobación.
A los que quedamos “plantados” por aquellos prófugos,
nos pareció advertir en su primaria reacción, ciertos resabios
del estilo intolerante y destemplado que caracterizaron al presidente
Aznar durante su mandato imperial. Y nos pareció percibir, también,
que los descalificantes argumentos que utilizaron mientras orientaban
sus apresuradas zancadas hacia la puerta del local, rezumaban el mismo
aroma rancio e inconsistente que destila el discurso habitual de esos
colectivos ultranacionalistas españoles que, paradójicamente,
se hacen llamar no-nacionalistas.
Aquel curioso episodio despertó nuestro interés
por el libro de Aleixandre, que tanto parecía disgustar a las gentes
que todavía viven su identidad española en términos
esencialistas, dogmáticos e intolerantes. Nos hizo sentir algo
semejante a la espontánea y emocional atracción que toda
persona de bien siente hacia los objetos que fueron despreciados por los
personajes históricos más viles y encanallados, como Hitler,
Stalin o Franco.
Pero más allá de lo que autorizaba a colegir
lo sucedido en aquel accidentado acto de presentación, la lectura
del trabajo de Aleixandre nos permitió darnos cuenta de que el
amplio y elegido abanico de testimonios que el autor recoge en sus páginas,
encierra una sugestiva reflexión en torno al sentido de la identidad
catalana y sus formas de expresión. Una reflexión atinada,
sin duda, en tanto que crítica con el dogma establecido; pero,
sobre todo, muy oportuna en un momento en el que la férrea ortodoxia
hispánica -siempre tan beligerante- arrojaba con fiereza al fuego
del averno todas las afirmaciones de identidad que no encajaban en la
rígida visión de lo español entronizada como “correcta”.
Inmediatamente despertó en nosotros el interés
por realizar en Euzkadi un trabajo semejante. Nos dimos cuenta de que
nuestra nación -la vasca-, necesitaba un trabajo como aquel, donde
los ciudadanos vascos que profesan sin reparos un sentimiento de identidad
de signo primordial o exclusivamente vasquista, pudieran encontrar diferentes
modelos de referencia, formulados por diversas personalidades del mundo
académico, social, deportivo, empresarial o eclesiástico.
Y nos pusimos manos a la obra.
Durante la confección de las entrevistas, que
tuvo lugar entre los meses de enero y septiembre de 2004, los autores
convinimos en que el título que mejor se acomodaba al tenor de
los testimonios que estábamos recogiendo, no era un enunciado formulado
en sentido negativo, que enfatizara lo que “no” se es, sino
una proposición planteada en clave positiva -o, si se prefiere,
afirmativa- que, sobre todo, destacase lo que los entrevistados “son”
o “se sienten”. Es sobre esta idea, sobre la que acuñamos
el Yo soy vasco que figura en la portada.
En Euzkadi -seguramente nadie lo pondrá en cuestión-,
hubiera resultado sumamente fácil encontrar un grupo de personas
dispuestas a proclamar a los cuatro vientos que no se sienten españoles.
De hecho, la lista de entrevistados incluye a más de uno dispuesto
a hacerlo sin reparos. Pero el sentido de las respuestas que nos han dado
las personas que inicialmente seleccionamos para efectuar las entrevistas,
tiende mayoritariamente a subrayar la vertiente positiva de sus sentimientos
de pertenencia y a omitir la expresión de las negativas. El paraguas
común que les había de dar cobertura, por tanto, había
de mantenerse en esa misma línea.
En cualquier caso, creemos que el resultado final reviste
un gran interés. Quince testimonios personales de otros tantos
vascos y vascas pertenecientes a diferentes ámbitos profesionales
suministran un interesante material de reflexión en torno a la
identidad vasca y el modo en el que esa identidad puede expresarse en
sus respectivos campos de actuación.
Este libro editado por DÈRIA EDITORS SL salió a la luz en
abril de 2005.
Lo hicimos tres políticos vascos y explicamos
en su prólogo el por que de nuestra iniciativa.
Los entrevistados fueron: estas personas cuyo testimonio publicamos en
la contraportada con pensamientos sacados de su respuesta.
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