Veraneo en Euzkadi pero
la segunda semana de agosto, con la familia, nos dimos una vuelta por
Huelva. Estuvimos en Moguer, en la casa natal de Juan Ramón Jiménez,
poeta que rehusó en 1958 que el embajador franquista le recogiera
en su nombre el premio Nobel de Literatura. Y compramos allí mismo
"Platero y yo" para los chavales. "Platero es pequeño,
peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón,
que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son
duros cual dos escarabajos de cristal negro".
Y visitamos Palos y la Rábida. Allí estaban las tres carabelas
y, en el convento franciscano de bella arquitectura mudejar andaluza,
unas paredes que albergan las confidencias de Colón a los frailes
para que éstas llegaran a la Corona y le esponsorizaran el viaje
a las Indias Occidentales. El prior tuvo la amabilidad de enseñarnos
el convento y en la sala pintada por Vázquez Diaz le pregunté
si tenía noticia que allí había fallecido un hermano
de mi abuelo, el P. Buenaventura. En la misma sala, quitó un panel
y salimos a un pequeño patio-cementerio donde aparecía su
nombre. Efectivamente allí estaban los restos de aquel mundakarra
que se hizo un experto en La Rábida, hablaba euskera, usaba txapela
y discutía con otro fraile tocado con un sombrero de paja de ala
ancha en escena que recogió el pintor. El prior lo recordaba y
nos dijo también que el cardenal Segura, aquel polémico
obispo castigado por la república y por Franco, cuando salieron
los curas vascos de la cárcel de Carmona, los destinó a
la costa onubense donde llevaron a cabo una labor magnífica.
Esto me ha recordado estos días una vivencia contada por el padre
Barturen cuando recibió, hace años, el premio de la Fundación
Sabino Arana al vasco universal.
Decía Barturen que el padre Arrupe había hecho una visita
por América y volvía a Roma desde el aeropuerto donde una
delegación de jesuitas había ido a despedirle.
Sabiendo que Barturen era vasco le pidió le acompañara
al avión y en la pista le hizo una confidencia muy hermosa: "Mire
usted. He visitado América de cabo a rabo. Me he interesado por
todas las obras que hacen los jesuitas y otras iniciativas de la sociedad
y he de decirle que allí donde hay una obra social que funciona,
siempre hay un vasco".
Me acordaba de esto y leía estos días la reseña
de una conferencia que dio el padre Arrupe en el Centro Vasco de México
narrando su experiencia en Hiroshima. Y eso que el Centro Vasco era un
centro nacionalista. Aquel padre. Arrupe debía ser un tipo de primera.
Bueno, pues cuando me contaba el prior de la Rábida lo de los
curas vascos que habían sido castigados por haber sido capellanes
de batallones de gudaris o simplemente nacionalistas, me acordaba también
de esa fotografía en la cárcel de Carmona, Córdoba,
donde se le ve al líder socialista Julián Besteiro rodeado
de aquellos curas vascos en 1939. El mismo Besteiro que fue en 1931 presidente
del Congreso de los diputados y que murió en la cárcel.
ACTA DE ACUSACIÓN
Era lógico que muriera en la cárcel pues había sido
republicano, socialista y la persona que había presidido la sesión
de Cortes el 20 de noviembre de 1931 que había aprobado el "Acta
de Acusación" contra Alfonso XIII declarándole culpable
de "alta traición y fuera de la ley" por haber propiciado
la dictadura de Primo de Rivera durante siete años. Aquel congreso
de mayoría socialista, repito, de mayoría socialista, fue
la que juzgó al rey que fue degradado democráticamente "de
todas las dignidades, derechos y títulos que no podrá ostentar
legalmente ni dentro ni fuera de España de los cuales el pueblo
español, por boca de sus representantes elegidos para votar las
nuevas normas del Estado, le declaran decaído, sin que pueda reivindicarlos
jamás para él ni para sus sucesores". Esto también
fue aprobado por el PNV.
Este acuerdo parlamentario democrático, que no ha sido derogado,
los actuales socialistas, con muy poco respeto para sus mayores, lo echaron
a la basura y tenemos lo que tenemos en la actualidad, es decir, un auténtico
vasallaje hacia el actual Borbón y un olvido culpable hacia la
figura de Besteiro y demás socialistas que clama al cielo. El jueves,
en "Gara", el dibujante Tasio los definía muy bien: "¿En
que se parece la localidad de Mundaka y el Partido Socialista Obrero Español?
En que ambos han perdido la ola izquierda".
De todas formas, como el libro que trata de esta "acta de acusación"que
reproduce aquella sesión de Cortes es muy bueno, volví al
Corte Inglés a comprar varios para regalárselos a una serie
de socialistas que nos dicen que reivindicamos antiguallas mientras ellos
hoy borbonean todo lo que pueden.
Pues no tuve suerte. El libro había desaparecido. Debió
de estar, por error, expuesto poco tiempo, y la larga mano de la Casa
Real ha debido de hacer el resto no vaya a ser que el personal aprenda
que la actual monarquía vino de la mano de Franco y que hay un
acuerdo parlamentario que les impide ostentar el puesto que hoy, indebidamente,
ocupan.
EN EL CORRALITO
Y ya que hablo de El Corte Inglés donde adquirí el libro
"Las Cortes condenan al Rey" de Julio Merino, recordé
una conversación que tuve en su día con Isidoro Álvarez,
gran jefe de esta importante empresa. Le dije que en Bilbao, la encargada
o el encargado de la buena sección de libros que tienen, trataba
muy mal al libro vasco. Y algo hicieron. Hoy me ratifico en lo mismo y,
si puedo, volveré a decírselo. No es de recibo que en pleno
centro de la Gran Vía lo vasco, como los maoríes en Nueva
Zelanda, tenga sólo su corralito alrededor de una columna en tercera
fila. Lo que se ven son los grandes títulos, las grandes editoriales
y si además los libros son antinacionalistas y antivascos, más
se ven, y más se incita a su compra.
Ya sé que El Corte Inglés es una empresa privada y de éxito,
pero ellos se jactan de adaptarse al medio ambiente y de fomentar lo local,
pero en este caso de los libros vascos, el tratamiento no puede ser peor.
No les dan el menor relieve ni la menor importancia a las editoriales
y autores vascos. Seguramente me dirán que supuro por la herida.
Pues también. Porque todos los que han ido a comprar nuestro libro
"Somos vascos" que es un libro fácil de leer y de interés
por las claves positivas que encierran, no lo han encontrado. Estaba en
el suelo de una columna trasera, imposible de que nadie supiera que lo
vendían y, hoy en día, el buen paño no se vende en
arca. Se vende por los ojos. Y cerca de los ojos ni está "Somos
vascos" ni estaban otros libros de temática vasca en una tienda,
vuelvo a repetir, en el centro de la Gran Vía de Bilbao.Como si
estuviéramos en el Corte Inglés de AIbacete.
Y como el verano es tiempo de lecturas, permítame que comente
algunas.
Hay en el mercado un libro de Joaquín Leguina, quien fuera doce
años presidente de la Comunidad de Madrid. Uno de sus capítulos
se titula: "El invento de la Comunidad de Madrid". Buen título
por ilustrativo sobre cómo se generalizó el proceso autonómico
para ponernos a vascos y catalanes corsés de hierro. Al hablar
de la creación del himno, narra cómo García Calvo,
el encargado de redactar su letra, escribió una estrofa que decía:
"Mira Anacleto, las vueltas que da el mundo para estarse quieto",
o "Madrid, capital de la nada".
Con Tierno Galván limaron estos aspectos y Anacleto fue cambiado
por sujeto y "la nada" desapareció sobre el cielo de
la Villa y Corte. En el capítulo de viajes y visitas, dice Leguina:
"El Gobierno israelí nos alojó en unas suites impresionantes
del Hotel rey David de Jerusalén, el mismo que habían hecho
volar los del Hagannah después de la guerra mundial con muchos
militares británicos dentro, y aquellos antiguos dinamiteros (Menahem
Beguin) eran quienes ahora nos invitaban". Leguina lo cuenta con
naturalidad. ¿Se imaginan el mismo comentario hablando de ETA?
¿No verdad? Pues eso.
Hojeando otro, porque éste no hay que comprarlo, el último
libro de Aznar, "Retratos y Perfiles", la primera semblanza
la dedica a su abuelo Manuel Aznar Zubicaray. Saqué la libreta
y apunté lo que decía sobre su etapa de Bilbao:
"En mi abuelo prevaleció su vocación de periodista
y como tal intentó abrirse paso en Pamplona. Más tarde se
trasladó a Bilbao. Allí nació mi padre, que siempre
ejerció de bilbaíno. Mi abuelo había empezado como
cronista deportivo, siendo cuñado suyo Txomin Acedo, extremo izquierdo
del Atlético de Bilbao, y medalla de plata en los Juegos Olímpicos
de 1920. Luego le enviaron a cubrir los frentes de la Gran Guerra y entrevistó
a Clemenceau. Firmaba sus crónicas con el seudónimo de ‘Gudalgay’
que alcanzó un prestigio notable entre los lectores enterados.
Un día entrevistando a Nicolás Ma de Urgoiti, éste
le aconsejó que para entender el desarrollo de la guerra leyera
a ‘Gudalgay’. Mi abuelo, sorprendido y halagado, se dio a
conocer y así empezó una relación que le llevaría
a ocupar la dirección de ‘El Sol’, fundado en 1917
por Urgoiti, con el liderazgo intelectual de Ortega".
Así, en un pis pas, José María Aznar edulcora y
falsea la historia de su abuelo haciéndola irreconocible. El amante
de la verdad, manipula la evidencia. Omite que fue del PNV, sabiniano
a ultranza, promotor de las selecciones deportivas, actor en teatros reivindicativos
nacionalistas, líder de Juventud Vasca de Bilbao, inflamado defensor
de los planteamientos más radicales de las reivindicaciones vascas,
periodista del diario "Euzkadi", donde escribía ‘Gudalgay’,
ese que Aznar omite, bautizador de su hijo en la pila bautismal de San
Vicente donde habían cristianado a Sabino, promotor de nombres
euskerikos a los niños. A su hijo le puso Imanol, que no fue aceptado
y de ahí lo de Manuel de su padre, etc.
¿Cómo puede el actual Aznar omitir toda esta información
que es vital para entender el periplo vital de una personalidad tan complicada,
tan carguista y tan saltimbanqui como la de su abuelo? Muy sencillo. Aquí
se funciona por trincheras y no hay crítica literaria seria. Sólo
con este dato el libro estaría ya desprestigiado. Pero no. Las
principales librerías de Euzkadi lo venden sin una franja que diga:
"Todo mentira".
Recuerdo que cuando le decía estas cosas, él miraba al
puro que fumaba y como si fuera el Padrino me decía: «Ésa
es la parte equivocada de la vida de mi abuelo». Y yo le replicaba:
«La parte equivocada es la segunda. La de la primera juventud es
la sincera». Ahora, Aznar, hombre vengativo, elimina de la historia
de su abuelo la "parte equivocada". La parte del PNV.
No me extraña que el libro esté dedicado "a esa inmensa
mayoría de españoles que no están dispuestos a levantarse
un día y descubrir que España es apenas ya nada". Un
tipo enfermo, que desde FAES, guía a Mariano Rajoy. La extrema
derecha española y antivasca de siempre. Nada nuevo.
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