Anda el Madrid político
perplejo. El martes la portada del “ABC” traía una
explícita fotografía de la primera boda homosexual celebrada
en Tres Cantos. Se trataba del “ABC”. En contraste, “El
País” llevaba a su portada la fotografía de Leticia
Ortiz embarazada. No era el “Hola”. Se trataba de “El
País”. Y eso, al parecer, confunde al personal. La derecha
no exalta la monarquía como debiera, dicen, sino la homosexualidad
y la seudo izquierda sin embargo sí lo hace con una monarquía
que nace con el franquismo. Mientras, esta semana bautizan a la última
nieta del rey, Rouco y el Arzobispo castrense. ¡Pobre cría!.
Todo pues está algo trastocadillo. No es extraño por tanto
que esa misma derecha le haya declarado la guerra total al príncipe
Alberto de Mónaco, dirigente del Comité Olímpico
Internacional, por ocurrírsele preguntar si después de los
últimos atentados de ETA en Madrid, entre ellos a un estadio, la
ciudad era segura. ¿Qué querían que preguntara? Rajoy,
indignado, brama: “A España ya no le respeta ni un microestado.
Para colmo este señor reivindica que Gibraltar entre en el Comité
Olímpico Internacional”.
La cuestión les ha sentado tan mal que ya han decidido dos cosas:
no ir a la coronación del “croupier” en noviembre y,
si juega el Mónaco en España y viene al Bernabeu, no dejarle
entrar en el palco del Real Madrid. La imagen de España por encima
de cualquier otra consideración. Ya lo dice Jiménez de Parga,
quien fuera presidente del Tribunal Constitucional: “No hay más
nación que la española”. Pero lo mismo dice Bono y
Alfonso Guerra y Paco Vázquez y Rodríguez Ibarra y Aznar.
Ya verán ustedes cómo los catalanes del PSC y ERC reculan
con su estatuto.
Pues bien. A este personaje, Jiménez de Parga, lo hemos tenido
de presidente del Tribunal que dirime los conflictos entre la Administración
central y las Comunidades Autónomas. Y ese Tribunal celebraba el
martes 25 años de vida. Un Tribunal que es un árbitro casero
y comprado.
Enterado de que al aniversario acudiría el Lehendakari, me pareció
una correcta cortesía que algunos no tienen, pues a más
de uno le dio un retortijón y lo cortés no quita lo valiente,
acudí. Me encontré con una gran celebración que a
mi juicio no procedía. ¿Por qué? Se les llena la
boca hablando que la transición fue una reforma, no una ruptura
con el pasado. ¿Con qué pasado? Desde luego sí lo
fue con el de la democrática República, ya que ésta
tuvo su Tribunal Constitucional que se llamaba Tribunal de Garantías.
De este Tribunal formaron parte dos miembros preeminentes del PNV: Francisco
Basterretxea, padre de Nestor, bermeano y gran jurista. Y Pepe Eizaguirre,
tolosarra y experto letrado. ¿Qué celebraban pues el martes
estos señores tan encopetados?
Otra cosa que me llamó la atención fue el discurso del
rey, que lógicamente no aplaudí. Este señor se levantó,
se fue al estrado, leyó unas cuartillas y les dijo a todos los
magistrados y políticos presentes lo que tiene que ser el Tribunal
Constitucional, cuando él es “irresponsable” ante la
ley. El rey no puede ser juzgado por nadie. Artículo 56-3: “La
persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.
Caso único en la legislación europea. Y sin embargo este
señor dice a los demás cómo tiene que funciona un
Tribunal que juzga, mientras sus amigos y testaferros, Prado y Colón
de Carvajal, Mario Conde y Javier de la Rosa, están encarcelados.
Pero todos aplaudían como posesos. No me digan que en este Madrid,
donde las lagartijas andan con cantimplora por el calor que hace, el “ABC”
saca en portada una boda gay y “El País” una princesa,
le declaran la guerra a un principito porque pregunta por ETA cuando ellos
se la pasan hablando de ella, es un sitio serio donde hacer política.
Oh, la, la, la, la!!!
Comentaba estas cosas con un malagueño. Me decía: “Iñaki
tienes razón. Todo esto es impresentable y una gran chapuza. Estamos
marcados por el odio. Pero es el precio que tenemos que pagar para no
matarnos los unos a los otros”. Apañados estamos, le dije.
¡Vaya democracia!
CON ABDELAZIZ EN MADRID
Hablaba el martes con Llamazares y Sabanés, dirigentes de IU.
La primera había hecho de puente para que el líder del Frente
Polisario visitara Madrid. Sólo les pidieron una cosa: exclusividad
en los primeros contactos. El martes, Inés me contaba sus penas.
La víspera, sin decirles nada, Mohamed Abdelaziz había ido
a visitarle a Aznar a FAES. La noticia de ese día era pues esa
fotografía con la particularidad de que Aznar anunciaba su visita
a los campos de Tinduff.
Reflexionábamos que esa foto, que hacía polvo a IU, era
buena para el Polisario porque ponía nervioso a un errático
PSOE y a un gobierno socialista que un día acariciaba a Mohamed,
otro dice que el Plan Baker está amortizado y al siguiente se saca
no se que conejito de la chistera, mientras los saharauis se fríen
en el desierto a fuego lento, dolidos y aquejados de una inmensa impotencia
asentada en una gran tomadura de pelo.
Asimismo recordábamos las decenas de iniciativas que habíamos
tomado sobre este asunto en los ocho años de Aznar y la guillotina
del PP con que eran recibidas y rechazadas. Ocho años de indigencia
absoluta para terminar en una mentirosa fotografía que de alguna
forma trastocaba el panorama. Ya lo hemos dicho más de una vez.
Estamos seguros que si alguna vez los saharauis son independientes harán
como los estonios y letones: si te he visto, no me acuerdo. Sin embargo,
nosotros perseveraremos y ayudaremos a tope a la causa saharaui. Todas
las libertades deben ser solidarias.
Hablábamos de estas cosas antes de participar en un desayuno ofrecido
por el Nuevo Forum al líder Polisario. Lleno hasta la bandera.
El asunto interesa y la coyuntura de represión en los territorios
ocupados ha hecho que comiencen de nuevo a estar presentes en la agenda
internacional.
Abdelaziz, el presidente, con voz fuerte y segura, en árabe, desgranó
sus reflexiones que pueden resumirse en una idea: “referéndum
de autodeterminación organizado y supervisado por Naciones Unidas
a lo que un Marruecos democrático no puede oponerse, de lo contrario
no sería un régimen democrático”. No se porqué
esta música me sonaba. Y sin embargo, todos en Madrid la aplaudieron.
Me llamó la atención que el dirigente polisario no mencionara
en su primera intervención el agradecimiento de su gobierno al
inmenso esfuerzo y a la simpatía que tiene su causa en Euzkadi
y en España. Más de diez mil familias, que no es moco de
pavo, acogerán en sus casas a sus niños este verano, sin
contar con la ayuda desinteresada que se les suministra. Habló
de fosfatos, pesca, gas, petróleo, turismo y de cómo su
gente ha de irse a Cuba y a México. Estuvo bien, pero le faltó
un toque amable.
A la noche hubo otra recepción en un hotel. También fui.
Desde Zerolo hasta dirigentes del PP, pasando por unos tímidos
socialistas, gente de FAES, y movida madrileña sin excluir a Txomin
Aurrekoetxea, que para ellos es una especie de Laurence de Arabia y la
alcaldesa de Berriz, que al día siguiente emprendían una
acción de presión contra el régimen monárquico
tan canallesco y conculcador de los derechos humanos. Todavía recuerdo
el reciente viaje de Juan Carlos de Borbón a Rabat llamándole
“hermano” a Hassan II, y “primo” a su hijo. El
mismo personaje que, después de decir aquellas cosas tan heroicas
de que España no abandonaría el territorio español
del Sahara, volvió con el rabo entre las piernas, dejando a aquella
gente abandonada a su suerte.
De momento, el Senado prepara un viaje. Les hemos dicho que la condición
mínima tiene que ser que sea un viaje libre, en el que se pueda
visitar a los condenados en el último juicio y la prensa pueda
informar. Veremos.
LANCASTER BOMBER Y LOS GUDARIS
El domingo pasado por la noche las televisiones daban cuenta de los actos
conmemorativos celebrados en Londres con motivo de cumplirse el sesenta
aniversario del fin de la segunda guerra mundial. Un inmenso gentío,
medio millón de personas, rodeaba el Palacio de Buckinham y la
familia real al completo saludaba desde el balcón al personal que,
entusiasmados, les aplaudían.
“No me sorprende que durante estos difíciles días
para Londres, la gente se vuelva hacia el ejemplo dado por esta generación
de resistencia, humor, sostenido coraje, a menudo bajo condiciones de
gran privación”, afirmó la Reina Isabel II con su
peculiar sombrero modelo lámpara, ante una formación de
veteranos de la Segunda Guerra Mundial, en las celebraciones con motivo
del sexagésimo aniversario del fin de aquella gran contienda. “Su
ejemplo, y su memoria –añadió- debería ser
mantenida viva por generaciones más jóvenes cuando se esfuerzan
por preservar la paz en nuestro conflictivo mundo”.
Un millón de amapolas – las populares “poppies”
que cada año los británicos se colocan en la solapa para
recordar a los caídos en la Segunda Guerra Mundial y que adornan
las coronas con las que tributan su memoria –fueron lanzadas desde
un avión Lancaster Bomber sobre miles de personas congregadas en
el centro de la capital británica para seguir las celebraciones.
Los cronistas españoles han querido ver en este acto una especie
de reafirmación del carácter inglés ante las adversidades.
No deja de ser una lectura interesada porque lo que hacen los británicos
es reafirmar su orgullo sobre lo que fue la conducta del pueblo y ejército
inglés ante los ataques del totalitarismo. Resistieron a los nazis
y con el concurso norteamericano les vencieron. Aquí la familia
real española no podría celebrar nada de eso. Juan Carlos
por esas fechas llegaba a Madrid para ser educado por el dictador, su
padre Don Juan, había llegado a vestirse de requeté, Alfonso
XIII conspiró lo que pudo desde Roma para que le devolvieran el
trono y, durante cuarenta años, Franco, el amigo de Hitler y Mussolini
nos oprimió aquí de lo lindo, mientras mandaba este saludo
a Hitler: “Querido Fürher: en el momento en que bajo su guía
los ejércitos alemanes están finalizando victoriosamente
la mayor batalla de la historia, deseo manifestarle la expresión
de mi entusiasmo y admiración, así como la de mi pueblo
que conmovido contempla el glorioso desarrollo de una lucha que siente
como propia y que llevará a término las esperanzas que ya
alumbraron en España cuando vuestros soldados compartían
con nosotros la guerra contra los mismos enemigos, aún cuando camuflados.
(…) No necesito asegurarle cuán grande es mi deseo de no
permanecer ajeno a sus preocupaciones y cuán grande mi satisfacción
de prestarle en cada momento los servicios que Vd. considere como los
más valiosos”.
Esa es la gran diferencia que tratan de ocultar edulcorando la historia,
no haciendo comentarios políticamente incorrectos, recordando que
aquí a todo el facherío en lugar de hacérseles un
juicio de Nuremberg los tenemos en el machito recibiendo reverencias.
Esa la diferencia entre un país serio, con todos sus defectos,
y otro de pandereta. Con un Juan Carlos que la última vez que saludó
desde el Palacio Real fue en 1975 con Franco cuando éste había
ejecutado penas de muerte, entre ellas a Juan Paredes Manot, “Txiki”.
Otra lectura es el respeto de la sociedad inglesa hacia sus soldados
veteranos. Llegan a tener un Ministerio que se ocupa de ellos, sus pensiones,
sus desfiles, su ubicación en los actos públicos, el recuento
de sus batallas, la recogida de sus testimonios para que toda aquella
epopeya no quede perdida en el vacío. Aquí, que por circunstancias
de una sublevación militar, y que llegamos a tener un ejército
al servicio del primer gobierno vasco democrático, nada de nada.
Sabemos que los gudaris van falleciendo porque en las esquelas, sus familias,
orgullosas de la historia de sus mayores, ponen a qué batallón
perteneció su padre o su aitxitxe con el título de gloria:
haber sido gudari. Ellos sí estaban orgullosos de lo que hicieron
y de la defensa que de una sociedad con valores realizaron. Eran la legalidad
y fueron perseguidos, fusilados, deportados, metidos en campos inmundos,
pasaron mil penalidades, tuvieron que exiliarse y se les depuró
de los sitios donde trabajaban. Y, sin embargo, nunca han tenido un reconocimiento
oficial, un monumento, un día para el recuerdo de su gesta. Y nos
la pasamos hablando de identidad. Sinceramente nunca he entendido esta
garrafal y absoluta falta de sensibilidad por quien tiene la obligación
y presupuesto para preocuparse de ellos. Esta es la cada vez más
difícil deuda por saldar que tienen las instituciones vascas con
gente que estuvo a su servicio. Han pasado 69 años y por muy jóvenes
que fueran aquellos gudaris, la edad está pudiendo más que
Franco.
Sólo deseo que el Gobierno Vasco retome aquel acuerdo del propio
gobierno vasco en el exilio que dispuso que cada 15 de octubre se recordara
el día del gudari. La fecha tenía su origen en el fusilamiento
masivo que hicieron en 1937 los franquistas de representantes del PNV,
PSE, ANV, STV, CNT y UGT en Santoña. ¿Por qué no
nos parecemos en eso un poco más a los ingleses y un poco menos
a algunos españoles que no pueden celebrar el fin de la guerra
mundial porque fueron ellos quienes encendieron la mecha?.
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