Si a usted le gusta leer
o regalar libros políticos y se lleva las manos a la cabeza ante
la masiva irrupción de títulos antinacionalistas que llenan
todo tipo de tiendas, permítame que les anuncie que ya está
nuestro nuevo libro en las librerías. Y digo nuestro porque somos
Erkoreka, Beloki y quien esto firma, quienes nos pusimos a la tarea de
reflexionar sobre qué es eso tan raro de ser vasco y que, a algunos,
les pone de los nervios.
El problema de nuestro trabajo parlamentario lleno de esperas en los
aeropuertos, sesiones extenuantes plenas de rollos macabeos y de andar
a salto de mata, suele ser encontrar tiempo para tratar de transmitir,
desde la confianza que ha depositado en nosotros nuestro partido y la
ciudadanía, lo que vemos, intuimos, combatimos y amamos. Y de esta
reflexión ha salido este libro, “Somos Vascos”, que
tiene en portada insinuado el mapa de Euzkadi hecho con las fotografías
de diecisiete vascos a los que les hemos preguntado por qué lo
son, o por qué se sienten vascos, hablando desde la sociedad y
no desde los partidos.
Los entrevistados son: Antón Borde, gudari y antiguo funcionario
represaliado del Ayuntamiento de Bilbao; José Mari Bengoa, médico,
colaborador del Lehendakari Aguirre en el Carlton, jefe de nutrición
de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra; Juan Celaya,
empresario; José Elorrieta, secretario general de ELA-STV; Javier
Elzo, sociólogo; Pedro Miguel Etxenike, físico y ex Consejero
de Educación; Mari Carmen Gallastegi, ex Consejera de Economía;
José Mari de Gamboa, historiador, que fue soldado herido en Bastogne
bajo las órdenes del general Patton; Daniel Innerarity, doctor
en filosofía y Premio Nacional de Ensayo; José Angel Iribar,
futbolista; Jean-Claude Larronde, historiador de Iparralde; Gregorio Monreal,
ex rector de la UPV; José María Setién, obispo; Ramón
Sota, naviero; Rafael Suso, experto en comunicación estratégica;
Gloria Totoricagüena, investigadora de la Universidad de Reno y Xabier
Unzurrunzaga, arquitecto.
LO QUE NOS MOTIVÓ A HACERLO
Toda obra humana es, en mayor o menor medida, deudora de otra u otras
anteriores, que han expresado ideas o se han basado en métodos
que, de alguna manera, pueden ser considerados como antecedentes. Hoy,
esta secular percepción es más verdadera que nunca. En los
albores del siglo XXI resulta prácticamente imposible descubrir
ideas o esbozar proyectos radicalmente novedosos. Todo -se acostumbra
a afirmar en muchos ámbitos de conocimiento- está inventado.
El libro que acabamos de editar no constituye una excepción a esta
regla. Es tributario -lo reconocemos sin ambages- del que, bajo el provocativo
título Yo no soy español, publicó hace unos años
el escritor catalán Víctor Aleixandre.
Cuando salió al mercado la edición castellana de la obra
de Aleixandre –durante los años precedentes, la catalana
había alcanzado ya un notable éxito editorial- Víctor
tuvo la amabilidad de invitarnos a tomar parte en el acto de su presentación
en Madrid. Presentar un libro con semejante título en un establecimiento
comercial situado a muy pocos metros de la puerta de Alcalá y en
uno de los momentos más truculentos de los muchos que jalonaron
la mayoría absoluta/absolutista de José María Aznar
era –aunque hoy, ya, pueda no parecerlo tanto- un gesto osado que
–reconózcase-, en aquellos días no todo el mundo tuvo
la valentía de llevar a cabo.
Pero el acto se celebró. Y, como cabía esperar, concluyó
con bronca. Una parte del público asistente –minoritaria,
ciertamente, pero bastante estridente- se puso en pie con gesto airado,
y pronunció, sin hacer concesiones a la ponderación, todo
tipo de improperios contra el autor del libro, su editor y las personas
que participaron en el acto y abandonó indignada la sala, bufando
sonoramente y dibujando en su cara antiestéticas muecas de desaprobación.
A los que quedamos “plantados” por aquellos prófugos,
nos pareció advertir en su primaria reacción, ciertos resabios
del estilo intolerante y destemplado que caracterizaron al presidente
Aznar durante su mandato imperial. Y nos pareció percibir, también,
que los descalificantes argumentos que utilizaron mientras orientaban
sus apresuradas zancadas hacia la puerta del local, rezumaban el mismo
aroma rancio e inconsistente que destila el discurso habitual de esos
colectivos ultranacionalistas españoles que, paradójicamente,
se hacen llamar “no nacionalistas”.
Aquel curioso episodio despertó nuestro interés por el
libro de Aleixandre, que tanto parecía disgustar a las gentes que
todavía viven su identidad española en términos esencialistas,
dogmáticos e intolerantes. Nos hizo sentir algo semejante a la
espontánea y emocional atracción que toda persona de bien
siente hacia los objetos que fueron despreciados por los personajes históricos
más viles y encanallados, como Hitler, Stalin o Franco.
17 TESTIMONIOS
Pero más allá de lo que autorizaba a colegir lo sucedido
en aquel accidentado acto de presentación, la lectura del trabajo
de Aleixandre nos permitió darnos cuenta de que el amplio y elegido
abanico de testimonios que el autor recoge en sus páginas, encierra
una sugestiva reflexión en torno al sentido de la identidad catalana
y sus formas de expresión. Una reflexión atinada, sin duda,
en tanto que crítica con el dogma establecido; pero, sobre todo,
muy oportuna en un momento en el que la férrea ortodoxia hispánica
-siempre tan beligerante- arrojaba con fiereza al fuego del averno todas
las afirmaciones de identidad que no encajaban en la rígida visión
de lo español entronizada como “correcta”.
Inmediatamente despertó en nosotros el interés por realizar
en Euzkadi un trabajo semejante. Nos dimos cuenta de que nuestra nación
-la vasca-, necesitaba un trabajo como aquel, donde los ciudadanos vascos
que profesan sin reparos un sentimiento de identidad de signo primordial
o exclusivamente vasquista, pudieran encontrar diferentes modelos de referencia,
formulados por diversas personalidades del mundo académico, social,
deportivo, empresarial o eclesiástico. Y, modestamente, nos pusimos
manos a la obra.
Durante la confección de las entrevistas, que tuvo lugar entre
los meses de enero y septiembre de 2004, Erkoreka, Beloki y quien esto
firma convinimos en que el título que mejor se acomodaba al tenor
de los testimonios que estábamos recogiendo, no era un enunciado
que enfatizara lo que “no” se es, sino una proposición
planteada en otra clave-o, si se prefiere, afirmativa- que, sobre todo,
destacase lo que los entrevistados “son” o “se sienten”.
Es sobre esta idea, sobre la que acuñamos el Somos Vascos que figura
en la portada del libro en homenaje a Jesús de Galíndez
que escribió sobre esto.
En Euzkadi -seguramente nadie lo pondrá en cuestión-, hubiera
resultado sumamente fácil encontrar un grupo de personas dispuestas
a proclamar a los cuatro vientos que no se sienten españoles. De
hecho, la lista de entrevistados incluye a más de uno dispuesto
a hacerlo sin reparos. Pero el sentido de las respuestas que nos han dado
las personas que inicialmente seleccionamos para efectuar las entrevistas,
tiende mayoritariamente a subrayar otra vertiente de sus sentimientos
de pertenencia. El paraguas común que les había de dar cobertura,
por tanto, había de mantenerse en esa misma línea.
En cualquier caso, creemos que el resultado final reviste un gran interés.
Diecisiete testimonios personales de otros tantos vascos y vascas pertenecientes
a diferentes ámbitos profesionales suministran un interesante material
de reflexión en torno a la identidad vasca y el modo en el que
esa identidad puede expresarse en sus respectivos campos de actuación.
Este libro lo tiene usted en las librerías. Es fácil de
leer pues son entrevistas y se leen de un tirón. Es nuestra pequeña
contribución al momento actual.
LO POLÍTICAMENTE CORRECTO
El que haya un pensamiento “políticamente correcto”
en relación a ciertas esencias hispanas se debe fundamentalmente
a un PSOE que no reivindica valores, principios, ni hechos históricos,
ya que del PP, en su deriva hacia la extrema derecha, poco se puede esperar.
El gobierno socialista se ha vuelto a negar a reconocer la responsabilidad
del gobierno español en el bombardeo de Gernika, con la peregrina
argumentación de que ellos no tienen nada que ver con Franco, aunque
al parecer muchísimo con quien Franco designó como su sucesor
ya que éste 14 de abril rechazaron una iniciativa parlamentaria
para recordar el advenimiento de la República en 1931, donde tuvieron
dos presidentes de gobierno y miles de muertos. Lo mismo hicieron éste
26 de abril, 68 aniversario del bombardeo. Allí estuvo el gobierno
alemán, una representación de la ciudad de Phorzheim, el
Gobierno Vasco, la Fundación Sabino Arana, el hijo del corresponsal
del “Times” Georeg Steer, el profesor Nicholas Rankin, y todos
aquellos que cada año denuncian aquella barbarie para que no vuelva
a repetirse. Y, sin embargo, faltó una representación de
la Casa Real, que se prodiga ante cualquier sarao y del gobierno Zapatero.
Eso debe ser el talante. La consagración de una monarquía
a la que veneran y ante la que se inclinan como esencia de la españolidad,
de lo políticamente correcto, y a la que hay que tratar como esencia
de lo hispano excluyente, y a la que hay que tratar como en el franquismo
se trataban las noticias en el Nodo. Es lo políticamente correcto.
Ese es su sentido del estado. No lo es recordar aquella barbarie que el
socialista Indalecio Prieto denunció en un artículo memorable.
Por otra parte, esta semana Fraga ha anunciado la convocatoria electoral
para las elecciones gallegas. Un fascista que en Alemania, hoy, estaría
en el ostracismo, da la noticia diciendo que Galicia “será
la Covadonga del PP para regresar a La Moncloa”, mientras su delfín,
José María Aznar, entra en el Consejo de Estado como un
Oliver Stone cualquiera, diciendo que estará allí “para
que prevalezca la continuidad histórica de España”.
Y, al parecer, también la de su cartera, ya que podrá acumular
en este cargo, remuneración y estatus, los que le corresponden
como ex presidente. Debe ser eso el “patriotismo constitucional”.
Pero con tanto follón como el que hay ha pasado desapercibida
la noticia de que Alemania y otros cuatro países se oponen a que
España reciba en el futuro los “fondos de cohesión”
de la Unión Europea, de la que hoy es principal beneficiaria, gracias
a que Felipe González le robó la cartera al canciller Kohl
cuando éste se los concedió a cambio de que España
estuviera en la segunda velocidad de la construcción de Europa.
El Fondo de Cohesión es un instrumento de solidaridad intracomunitaria,
cuya base legal no prevé las circunstancias atenuantes para el
caso de que un socio de la Unión Europea, que se beneficia de él,
pueda hacerlo si su renta per cápita rebasa el 90% de la media
comunitaria. Ante tanto nuevo socio pobre que ha entrado, España
lo tiene crudo con lo que, en Madrid, andan de los nervios porque se les
chafa un jugoso ingreso que, por cierto, nunca ha venido a Euzkadi. Si
a eso se le añade la propuesta del tripartito catalán de
un Concierto Económico camuflado, ya me dirán ustedes lo
que harán en el futuro los que desde el gobierno manejan los presupuestos
utilizando el argumento de que lo políticamente correcto es lo
que deciden ellos.
Esta misma semana, en el Senado, se ha aprobado una moción de
CiU donde se recordaba que desde Catalunya se había denunciado
en repetidas ocasiones el déficit de las inversiones del Estado
en infraestructuras. Los kilómetros de autopista de peaje doblan
en Catalunya a los kilómetros de autovías, en concreto 460
kms frente a 225 kms. Desde el Grupo catalán no sólo denunciaban
esta situación sino la falta de sensibilidad y su deslealtad institucional.
Como se ve, una situación como para andar con brújula.
Y tomando Valium.
|