El juez Garzón antes de salir para su viaje a los Estado Unidos
en año sabático dijo en una entrevista que le quedaba pendiente,
y lo sugería, el que se abriese una gran causa contra el franquismo
describiéndola como etapa de ‘‘Crímenes contra
la humanidad’’ cuyo tiempo no ha prescrito.
Este martes 26 se cumple el 68 aniversario del bombardeo de Gernika,
cuya autoría aún no ha sido reconocida públicamente
por el Estado español, aunque sí por el alemán. Zapatero
dice que él no puede hacerse responsable de aquello, aunque haya
una resolución parlamentaria que así le obligue, porque
-dice- se hizo en otro tiempo. Y, sin embargo, vemos cómo se envenenan
las relaciones China-Japón por asuntos parecidos, el ejército
chileno actual pide perdón por la dictadura de Pinochet y en Uruguay
se lamentan de las dictaduras militares, mientras en Alemania, cada dos
por tres, están pidiendo perdón por aquellos crímenes
contra la humanidad. Pero aquí, por no haber habido una ruptura
con el franquismo, no hay más que verle al PP, todavía hay
que pedir perdón tan sólo por tocar estos temas. ¿No
le puso Franco al actual rey en la Jefatura del Estado? ¿Por qué
este señor nunca hace nada de lo que debería hacer?
Afortunadamente este nuevo aniversario del bombardeo contará en
esta oportunidad con la presencia de Nicolas Rankin, el escritor inglés
que ha sacado del armario de la historia la figura del corresponsal del
‘‘Times’’, George L. Steer, aquel intrépido
periodista que dio la noticia al mundo de aquella masacre, atribuida a
los nacionalistas vascos.
Y es que Gernika tiene que seguir siendo un símbolo de paz contra
todo tipo de genocidios. Al fin de cuentas, fue el primero desde el aire.
Aunque al PP le reviente.
Con su padre a cuestas
Decía Chesterton que «el inconveniente de los hombres que
no conocen el pasado es que no conocen el presente».
André Gide, por citar a un pensador que no tuvo nada de reaccionario,
escribió en ‘‘Entrevistas imaginarias’’
que si la civilización dependiera solamente de quienes inician
teorías revolucionarias perecería, porque la cultura necesita
para vivir, la continua y creciente tradición. En otra obra suya
‘‘Teseo’’ dice que un individuo fuerte, decidido
y valiente puede salir del laberinto -del laberinto de nuestra época,
desde luego- pero, únicamente, si se ha agarrado con fuerza al
hilo que lo une con el pasado. Y en una conferencia que dio en Londres,
dijo, citando a Virgilio cuando describe a Eneas que huía de la
incendiada Troya llevando a su anciano padre sobre los hombros, que ese
paisaje debía ser interpretado simbólicamente, en el sentido
de que Eneas no llevaba solamente a su padre a cuestas, sino a todo el
peso de su pasado. Tellagorri siempre hablaba de estas cosas.
Me indignan todos esos pseudo abertzales que se la pasan hablando a todas
horas del pueblo vasco, de su identidad y de su reivindicación
histórica y no saben dos palabras de lo que ocurrió anteayer
por la tarde, lo que hicieron sus inmediatos predecesores o su propio
partido. Y de éstos tenemos mogollón.
Por eso es importante destacar cuando en el túnel se encienden
pequeñas lucecitas por parte de gente jóvenes, que llevan
a su padre a cuestas, como es el caso de las organizaciones municipales
de Irun y Hondarribia que decidieron convocar la ‘‘I Beca
de Investigación Rafael Picavea’’ sobre la Historia
del Nacionalismo vasco en la zona de Irun-Hondarribia.
Tuve la suerte de que me llamaran para analizar las memorias entregadas
y para nuestra agradable sorpresa la beca de 5.000 euros la ganó
una chica de 22 años, Aitziber Lekuona, que, en su memoria, decía,
entre otras cosas las siguientes:
«El trabajo que propongo es desarrollar un estudio que tenga como
objeto recopilar las vivencias de las personas que hoy día siguen
con vida, tomando como base la información que las propias personas
puedan aportar. A la hora de determinar la época histórica,
he creído conveniente fijar ésta en torno a los años
1931-1950. Mi propuesta es enfocar este trabajo con un doble objetivo.
En un primer momento el objetivo sería recoger toda la información
que las personas objeto de estudio nos pueden ofrecer, de este modo se
evitaría que ésta información llegara a perderse.
Se facilitaría así el acceso a esta documentación
a cualquier persona que tuviera interés en este tema, posibilitando
la creación de nuevos trabajos en relación a ésta
información. Asimismo, esta información nos servirá
de ayuda para ampliar el conocimiento que hoy día tenemos sobre
esta época. Por esto, y partiendo de esta información, creo
que puede ser interesante, como segundo objetivo, enfocar el trabajo hacia
algún tema que, teniendo relación directa con el nacionalismo
y en el marco histórico anteriormente indicado, haya sido poco
estudiado.
De todas maneras, y de manera provisional, me gustaría avanzar
que mi interés se centra también en el estudio de la situación
que vivía el euskera en la época señalada. Creo que
hasta la fecha ha sido objeto de pocos estudios, y si éstos se
han realizado han sido siempre desde un enfoque negativo. Lo que quiero
decir es que siempre se ha hablado de la pérdida que esta lengua
sufrió pero que, a mi parecer, teniendo en cuenta la época
que tratamos, es algo que no necesita explicación. En mi opinión,
hacer hincapié en ése dato no nos va a aportar nada nuevo
a nuestros estudios. Es evidente que el franquismo supuso un régimen
muy duro y que los grandes esfuerzos por hacer desaparecer esta antigua
lengua tuvieron una gran repercusión. Sin embargo, el euskera se
mantiene hoy día ¿Cómo consiguió llegar hasta
nuestros días? Creo que esto es un tema que no ha sido estudiado
y que tiene gran importancia para nuestra cultura. Para llevar a cabo
este trabajo pueden ser de gran ayuda las aportaciones de las personas
entrevistadas. Ellos nos pueden aclarar si la gente utilizaba el euskera
en las calles, cual era la lengua que se utilizaba en casa, que lengua
enseñaban los padres a los hijos...»
Como se ve tiene las ideas claras, y ganas de hacerlo. El fruto de su
trabajo redundará en beneficio del interés colectivo.
¿Qué no interesa?
Cuando en Madrid han organizado semejante alboroto por algo que debería
haber sucedido hace treinta años, como ha sido quitar de los Nuevos
Ministerios la estatua ecuestre del dictador, algunos se han rebelado
y han dicho que eso de la guerra civil no hay que menearlo porque ya no
interesa a nadie. La prueba de que sí interesa, sobre todo al franquismo
sociológico, es el lío que han montado. Pero lo que es indignante
es que nos digan que enaltecer la figura de un asesino, de un genocida,
de un ladrón, de un golpista y de un sinvergüenza es algo
normal porque son cosas del pasado. ¿Por qué no pues a Hitler,
a Jack el Destripador, a Milosevic, a Pol Pot, a Mussolini? Pues muy sencillo.
Porque una parte importante del actual PP usufructuó el poder arrebatado
al pueblo y vivieron plácidamente en aquella dictadura, y, por
esta razón no desean se recuerden sus orígenes.
Mientras, Gernika, otro genocidio, sigue sin ser reconocido como tal
y a Aukera Guztiak no se le dejó presentar a las elecciones porque
no condenaban la violencia. ¿Y los que protestaron por haber quitado
la estatua de Franco? ‘‘Franco resucita, España te
necesita’’, gritaban estos demócratas del PP.
De ahí la importancia de la iniciativa de las organizaciones de
Irun y Hondarribia que es de agradecer porque la emprende gente muy joven
que nos dice que hay futuro si sabemos trasmitir las enseñanzas
de generaciones que supieron mantener no solo el euskera, en medio del
vendaval, sino su conducta, limpia y generosa para legarlas a este futuro
que toca ya las puertas.
Lógicamente, después de la reunión, dimos buena
cuenta de un buen avituallamiento en el batzoki de Hondarribia. Ahora
sólo nos falta que lo ocurrido el 17 sirva para poner en marcha
muchas cosas.
El muñeco de la tarta
A pesar de que el señor Borbón llamara a Zapatero y a Rajoy
a La Zarzuela antes de la intervención del lehendakari en el Congreso
al parecer porque la unidad de España estaba en peligro, no debe
ser para tanto pues él se lo sigue pasando en grande.
La televisión austriaca informó que la última semana
del mes de enero que el rey D. Juan Carlos participó en una cacería
en la localidad de Burgenland.
El pasado mes de octubre el rey participó asimismo en otra batida
de caza, esta vez en la región romana de Transilvania, donde mató
cinco osos y dos jabalíes. El viaje fue objeto de protestas por
parte de asociaciones ecologistas y partidos políticos. En aquella
oportunidad se me ocurrió realizar una pregunta parlamentaria recabando
información sobre si el gobierno consideraba adecuada esta práctica
en un país extranjero, donde una parte de su población había
criticado tales matanzas y si el gobierno había subvencionado el
carísimo desplazamiento del rey acompañado de amigotes suyos
a cuenta del erario público.
El gobierno socialista contestó que las actividades privadas del
rey no necesitan refrendo del gobierno y que la respuesta a tal pregunta
no entra dentro del ámbito de respuesta al control parlamentario
que cabe ejercer sobre su actuación.
Tal respuesta del gobierno amparando semejante y criticable actitud motivó
que en el breve espacio de tres meses el jefe del estado viajara a Austria
y participara en otra matanza de animales sin que el gobierno socialista,
al parecer tuviera nada que decir sobre lo que haga, nada menos que el
jefe del Estado, que no es un ciudadano particular y cuyos gastos, le
guste al gobierno o no, los pagan los presupuestos generales del estado
que son aprobados en sede parlamentaria, por lo que no parece de recibo
que un gobierno democrático en el siglo XXI responda al control
parlamentario como si viviéramos bajo una monarquía absoluta
en el siglo XVIII.
Por todas estas razones pregunté al gobierno socialista si veía
bien que el jefe del Estado español viajara a un país extranjero
a este tipo de matanzas de animales y que además esta afición
se la tengamos que pagar todos con nuestros impuestos.
Pues no hay manera. El gobierno socialista de Zapatero parece el de la
monarquía de Alfonso XIII con Romanones a la cabeza, ya que me
volvieron a contestar lo siguiente:
«Se recuerda que el régimen de gastos del artículo
65 de la Constitución establece que ‘‘el Rey recibe
de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento
de su Familia y Casa, y distribuye libremente la misma’’».
«En este sentido, el Gobierno entiende que no forma parte del ámbito
de respuesta al control parlamentario que cabe ejercer sobre su actuación,
formular valoraciones sobre las actividades de carácter privado
de los miembros de la Casa Real, como no lo debe hacer, en este trámite,
de las que desarrollan los integrantes de otros órganos constitucionales
del Estado». Ahí queda toda la posibilidad de control de
un parlamento democrático, elegido para controlar el gasto público,
entre otras cosas.
Sé que estas preguntas incomodan pues quedan registradas en el
Boletín Oficial de las Cortes, y, entre otras cosas, por eso las
hago. Es de una hipocresía delirante hablar de privilegios, de
insolidaridades, de igualdad ante la ley y que este señor con nuestro
dinero se la pase en grande como si estuviéramos en Marruecos.
Finalmente, y como destello en la oscuridad, de vez en cuando alguien
habla claro en relación con la monarquía. Uno de ellos es
el columnista David Gistau, que encabezó su trabajo, el lunes 14
en ‘‘El Mundo’’, de la siguiente manera:
«El Rey es a España lo que el muñeco del novio a
la tarta. Una presencia decorativa, con más accesorios deportivos
que un geyper-man, cuya vigencia es incuestionable sólo porque
está blindado por una propaganda de Régimen que apenas nadie
desafía por temores propios de lo que es tabú en la tribu.
Con miedo idéntico al de los irreductibles galos de Astérix,
que sólo temían que el cielo se abatiera sobre sus cabezas
si afrentaban lo sagrado, la democracia española se ha impuesto
a sí misma una excepción a todas las supuestas libertades
de expresión y de crítica en lo que respecta a esta reminiscencia
paternalista ungida por la gracia de Dios».
Sí, sí. Pero el gobierno socialista no contesta y el PSOE
tiene la cara dura de hablar de privilegios.
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