Me gustaría tener ahora la ilusión y los nervios que tenía
el 15 de octubre de 1968. Yo era un chaval y presidente de Euzko Gaztedi
de Caracas. El presidente del Centro Vasco, Iñaki Zubizarreta,
me dijo que sería bueno que interviniera en el acto en homenaje
del presidente mártir de la Generalitá Luis Companys. Como
todos los años, el Centre Catalá de Caracas rendía
homenaje al presidente fusilado en los fosos del castillo de Montjuich.
Le dije que si y preparé un discursito de dos folios que considero
mi primera intervención pública fuera del ámbito
estrictamente vasco del Euzko-Etxea. Mi primera actuación pública.
Además de las autoridades catalanas y de la República Española
en el exilio tenía ante mí al delegado del Gobierno Vasco
en Venezuela, Fernando Carranza, al presidente del Centro Vasco de Caracas,
Iñaki Zubizarreta y a los directivos, Ricardo Líbano y Paul
Aguirre, así como al secretario técnico del Centro Vasco,
Alberto Iriarte.
Daniel Moliné inició el acto dando cuenta de que se trataba
de honrar la memoria del presidente y anunció a los representantes
que iban a intervenir. El primero fue Jordi Palou, presidente de la Juventud
Catalana, que hizo historia de la situación de opresión
que vivía Catalunya haciendo hincapié en la importancia
de Lluis Companys en la democratización catalana y en una vida
que se iba a convertir en un símbolo tras su heroica muerte.
Luego me tocó a mí con un parlamento que expongo a continuación
de este relato. Seguidamente intervino la Sra. de Antonio, que era la
presidenta de la Sección Femenina Catalana que habló de
la importancia que tenía difundir entre la juventud el patriotismo
y la fe en el porvenir. Seguidamente Adriana de Pardo recitó una
poesía de Antonio Rovira y Virgili: “El senyal al pit”.
El delegado del gobierno de la Generalitá, Marco Aurelio Vila,
dibujó las múltiples facetas de la personalidad del presidente.
Hizo énfasis en la condición humana luchadora de Lluis Companys
y el por qué lo mataron con tanta impunidad.
El doctor Carles Pi i Sunyer, que había sido alcalde de Barcelona,
se refirió a la dignidad de Companys, como hombre de gobierno con
el que había compartido las vicisitudes de aquella época
de guerra y de resistencia armada contra los invasores, explicando de
manera emotiva muchas vivencias y algunas anécdotas protagonizadas
por el presidente y de su paso por la frontera con él, con aquel
momento doloroso de descender por la pendiente que les llevaba a tierras
francesas, al salir hacia el exilio en 1939.
Finalizó el acto con unas sentidas palabras del presidente del
Centre Catalá, Florenci Guix, que tras pronunciarlas propuso entonar
el canto de “Els Segadors”, himno nacional de Catalunya.
Esta fue mi intervención, mi primera intervención:
“Señor Delegado del Gobierno de Catalunya, Señor
Presidente del Centre Catalá, Señor Delegado del Gobierno
de la República Española, Señor Delegado del Gobierno
de Euzkadi, señoras y señores.
No está de más, bien al contrario, que un vasco participe
en este recordatorio, y en esta exaltación, de la figura del Presidente
Companys.
Catalanes y vascos hemos vivido por siglos sobre el mismo Pirineo, hemos
sufrido por años el mismo calvario genocida, nos tocó hacer
juntos la misma guerra, luchamos juntos por la misma causa, hemos defendido
juntos la misma libertad.
Nos hermana, pues, la causa, y también, como un sello, la sangre.
Y nos hermanan razones más personales, y a la vez más simbólicas,
como la amistad que unió en la lucha a nuestros dos grandes presidentes:
Companys y Aguirre.
Cuando los vascos perdimos nuestra tierra y llegamos a Catalunya a continuar
nuestra vieja lucha por la libertad, el Presidente catalán recibió
al vasco con toda la hospitalidad y toda la nobleza de que era dueño
y hombre de pueblo, por voluntad, que era el gran sucesor de otro gran
hombre y otro gran catalán y otro gran presidente: Maciá.
Me honra la representación de la juventud vasca que vivimos en
Caracas en este acto que viene a recordar hoy, 15 de octubre, otro día
igual en que la incivilidad franquista puso ante su pelotón de
ejecución a un hombre con la alevosa saña con que quería
asesinar a toda Catalunya.
Y cometieron un gran error, porque la Catalunya de Maciá y de
Companys que quisieron matar con el Presidente de Catalunya está
más viva que nunca; lo que confirma la vieja experiencia de que
los pelotones de ejecución son incapaces de matar a los pueblos;
más bien al contrario: que la incivilidad de los genocidas siembran
a volea, con su muerte asesina, las semillas de vida que robustecen a
los cuerpos sin muerte que son los pueblos.
Y nada más, porque no he tenido otra intención que decir
una palabra de presencia en la celebración, sí, celebración,
y el recuerdo del martirio de un hombre que quiso, y supo, morir con los
pies pegados a su tierra con la visión profunda de su resurrección.
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