Yo no sabia,
en virtud de mi poca edad, que era todo eso, aunque algo había
intuido en la travesía ya que un mal día por la tarde, pasadas
las Azores, y habiéndose acabado las películas para los
niños, mi madre ofreció las que teníamos del Pájaro
Loco, el Gordo y el Flaco, Abott y Costello, Tom y Jerry. No había
en aquellos años, videos familiares y mi padre, aficionado al cine
tenia y sacaba películas familiares, con tan buena o mala suerte,
que entre las películas para niños mencionadas se coló
una en la que aparecía la inauguración del Centro Vasco
de Puerto la Cruz, en el oriente venezolano, con la presencia del Lehendakari
José Antonio Aguirre, que presidía su gobierno en el exilio
y dónde apareció una inmensa ikurriña qua soliviantó
al Conde de Vallellano, ministro de Obras Publicas de Franco que viajaba
en visita oficial. El antiguo alcalde de Madrid que sabia lo que significaba
aquella enseña, se puso en pie y de manera fuerte y furiosa se
puso, a gritar: ¡fuera, fuera! interrumpiéndose la proyección.
Me di cuenta, pues, que algo pasaba con aquella bandera para que aquel
señor aparentemente apacible se pusiera de esa manera a protestar.
Mucho más cuando al llegar a Santurce, la policía subió
al barco y detuvo a mi madre por propaganda ilegal.
Esa fue mi primera experiencia con la dura realidad de una situación
de dictadura.
Pero antes de llegar a Santurce, el primer puerto peninsular que tocamos
fue el de esta bella ciudad en marzo de 1955. Recuerdo que al bajar a
la ciudad mi madre me compró una gabardina con unos grandes botones
y solapas a la que le llamaban trinchera, no sé por que, lo de
trinchera.
La segunda vez que vengo a esta ciudad es hoy por gentil invitación
de esta Fundación Luis Seoane para hablar durante cuarenta minutos,
no más, de las relaciones entre el exilio gallego y el vasco.
Como la obra es inabarcable permítanme que me centre en aquel
primer exilio político y en las relaciones personales que tuvieron
políticos vascos y políticos gallegos.
LOS TRES ESTATUTOS
No es el momento de hacer una pormenorizada explicación de como
fueron tramitados los tres estatutos de las llamadas Comunidades Históricas,
Galicia, Euzkadi y Catalunya, aunque no se comprende el exilio sin este
dato.
Tanto políticos catalanes corno políticos gallegos estuvieron
en 1930 en el llamado Pacto de San Sebastián que trajo al poco
la República. No así el PNV que no estuvo en dicho pacto
pues nos encontrábamos divididos en dos ramas.
Don Manuel de Irujo, diputado del PNV siempre decía que la ausencia
do aquel pacto nos impidió conseguir como los catalanes el estatuto
en 1932.
Nosotros logramos aprobarlo en 1936, en plena guerra.
El estatuto que ya estaba plebiscitado y solo le quedaba el tramite
del pleno fue la condición indispensable que puso el PNV para designar
un ministro en el gobierno del líder socialista Francisco Largo
Caballero. Manuel de Irujo fue ministro de justicia y José Antonio
de Aguirre, una vez aprobado el estatuto fue el primer Lehendakari presidiendo
durante nueve meses en tierra vasca un gobierno de concentración
de nacionalistas, republicanos, socialistas y un comunista.
Al caer Bilbao en junio de 1937 pasó a Barcelona y de allí
a París y tras la entrada de los alemanes tuvo que fugarse con
personalidad falsa a través de Berlín para llegar a Brasil
y a Nueva York dónde se asentó en 1941
El estatuto gallego, la otra autonomía histórica a pesar
de lo que ahora diga Manuel Jiménez de Parga, en el sentido de
que no hay nacionalidades históricas, fue entregado al presidente
Azaña poco antes de la sublevación militar.
El estatuto vasco, como el gallego, tuvo que pasar durante la República
cinco años de dilaciones y cuando parecía que se iba a lograr,
llega el bienio negro con Lerroux y todo se paraliza.
EL ESTATUTO GALLEGO
En febrero de 1936 se celebraron en España las últimas
elecciones de Diputados a Cortes. El pacto del Frente Popular en Galicia
—en el que los "galleguistas" entraron como aliados de
Izquierda Republicana— contenía el compromiso de ir inmediatamente
a la celebración del plebis-cito, y una vez ganadas las elecciones,
pudo realizarse, gracias a disponer de un decreto olvidado hasta por su
propio redactor. Como bien se sabe el plebiscito se llevó a cabo
el día 28 de Junio del mismo año, y el resultado sobrepasó
en todas y cada una de las provincias gallegas, el porcentaje que la Ley
exigía. El triunfo estaba descontado, por el compromiso de todos
los partidos integrantes en el Frente Popular y por la falta de oposición
de los sectores de la derecha. Galicia, pues cumplió de manera
insuperable los trámites establecidos por la Constitución
y pudo presentar su Estatuto a las Cortes de la República el día
15 de Julio de 1936, tres días antes de estallar la Guerra Civil.
Años más tarde, se creó el Gobierno extraterritorial
de la República española, presidido por Giral; y en la declaración
que fijó ante las Cortes reunidas en México el día
7 de Noviembre de 1945, se acordaron del derecho gallego con las siguientes
palabras: "...Por último, Galicia dejó expresada su
voluntad de autonomía en el texto del Estatuto plebis-citado y
aprobado por el pueblo gallego, que en su día tomó estado
parlamentario y quedó pendiente del examen y aprobación
de las Cor-tes". En la tercera junta de Cortes en México (día
9 del mismo mes y año), se propuso el nombramiento de la Comisión
de Estatutos, dando lugar a un largo debate, que consumió la jornada
entera. Hablaron muchos Diputados, y no todos con buena fe; pero ninguno
de ellos —ni el mismo Prieto— se atrevió a discutir
el derecho ganado por Galicia. Al final quedó constituida la "Comisión
del Estatuto Gallego" gracias a la fuerte solidaridad de los parlamentarios
gallegos que impusieron un respeto general y ganaron la simpatía
del ambiente.
LA SITUACIÓN DE LOS LÍDERES
Tenemos pues igualados a los tres pueblos que habían obtenido
un estatuto en la República, estaban igualados en la derrota. La
última, la catalana, la primera la gallega, la segunda la vasca.
Gallegos, vascos y catalanes refugiados tratan de mantener la institucionalidad
republicana hasta que llega de nuevo los cuatro jinetes del apocalipsis
a Europa y comienza la segunda guerra mundial.
Luis Companys es detenido, maniatado, llevado a Barcelona vía
Hendaya y fusilado en los fosos del castillo de Montjuich.
José Antonio de Aguirre, el Lehendakari, organiza el gobierno
vasco en el exilio en París y allí funciona en su despacho
hasta que tiene que refugiarse en Belgica, de allí a Alemania y
de allí con personalidad falsa de un panameño sale de Goteborg
vía Brasil.
Casares Quiroga, el dirigente de Orga, ex presidente del gobierno, es
perseguido junto a Castelao que durante los años de la república
había realizado el mismo tipo de acción política
que el diputado Aguirre.
Sus intervenciones parlamentarias, artículos constitucionales
corres-pondientes a la autonomía, bilingüismo y enseñanza;
reforma agraria; no embargabilidad de la pequeña propiedad campesina;
ferrocarriles, pes-ca... lo dieron a conocer como un buen parlamentario
y siempre en aquel avispero que fueron las Constituyentes, sus discursos
se escucharon con respeto. Uno de los diputados con el que hizo mejores
migas fue D. Miguel de Unamuno. Mantenía con él largas conversaciones,
aunque el vasco no era amigo de las autonomías.
En los tres años que duraron las Constituyentes —lo mismo
que los otros diputados galleguistas— Otero Pedrayo, Suárez
Picallo, Villar Ponte— viajó casi todas las semanas a Galicia
para intervenir en los mítines que, por docenas se celebraban sábados
y domingos para hacer propaganda de la autonomía. Ya en el Parlamento,
con la colaboración fiel de algunos otros diputados —Alonso
Ríos, Tafall, Villaverde, Pórtela, Cornide, Somoza...—
se lanzaron a luchar otra vez para conseguir la tramitación final
del Estatuto.
BALANCE DE LA SEGUNDA REPUBLICA
Aquel año de 1939, año de derrota y de exilio, el Gobierno
Vasco abrió una crisis interna con sus coaligados del partido socialista
solicitándoles un debate en el que dijeran que su obediencia no
podría responder a las instrucciones que les venían de la
capital de España sino que les solicitaban obediencia vasca. El
Gobierno Vasco había visto el desbarajuste que se había
producido en el gobierno republicano y reclamaba un tipo de política
propia que no estuviera incurso en el forcejeo continuo de dos líderes
socialistas como Indalecio Prieto y Juan Negrín que disentían
en casi todo.
CASTELAO SE MUEVE
Manuel de Irujo, amigo de Castelao, participó activamente en
la vida oficial de la República tanto como ministro de Justicia
primeramente y sin cartera después así como diputado a Cortes.
Asiste en 1938 a la sesión en la que Castelao había obtenido
el 2 de febrero en Monserrat que el Estatuto gallego, tomara estado parlamentario.
Castelao en mayo de 1938 visita Rusia cumpliendo una misión cultural
del Gobierno de la República española. En Moscú hace
una exposición de dibujos, obteniendo un gran éxito.
En julio embarca hacia los Estados Unidos de Norteamérica desde
Francia. Sale hacia Nueva York en el vapor "Ile de France".
En los EE.UU. toma parte como orador en 66 actos a favor de la causa republi-cana.
Pronunció asimismo tres conferencias en gallego y hace una expo-sición
de sus dibujos en Nueva York durante el mes de noviembre.
Durante ese tiempo A. Castelao trabajó de manera especial con
los gallegos aunque toma parte en actos de la colonia española.
Los gallegos constituían en Nueva York la agrupación más
numerosa: unos 20.000. Poseían unos locales verdaderamente formidables
por su situación y capacidad.
Por aquel entonces existía en Nueva York una Delegación
del Gobier-no vasco que informaba periódicamente a éste
que se encontraba exiliado en París. Dicha Delegación estaba
formada por Manu Sota y su sobrino Ramón, Antón Irala y
Aramburu.
En noviembre de aquel año 1938 estos vascos juntamente con el
presidente de la Agrupación catalana, J. Fontalans se reunieron
con Castelao para cambiar puntos de vista y organizar iniciativas conjuntamente.
Castelao habló con franqueza. Dijo que el viaje lo hacía
por cuenta propia, que no estaba "enchufado", que si tomaba
parte en actos por la República, en mítines organizados
por sociedades españolas varias, lo hacía de paso y para
mejor realizar la misión que se había propuesto que era
la de reorganizar a los gallegos con vistas a una acción conjunta
en favor de Galicia. No hay que olvidar el contexto, ya que la guerra
civil estaba en sus últimos meses.
Castelao les comentó a sus interlocutores vascos y catalán
que en Nueva York por hablar a los gallegos en términos nacionalistas
había levantado recelos en ciertos sectores que consiguió
desvanecer. Pero el problema principal era el económico. Todo lo
que se recaudaba iba a parar a las "Sociedades Hispanas Confederadas".
Castelao debía aguzar el ingenio ya que la situación legal
de Galicia no era la de Euzkadi y Cataluña al no haberse aprobado
el Estatuto de autonomía y no tener por tanto situación
"legal” en la República.
Por todo ello Castelao había hecho una organización en
favor de Galicia aunque aparentemente todo seguía como antes y
en las manifestaciones públicas se colaboraba lealmente en favor
de la República.
La organización de Castelao tenía además de la
finalidad económica, otras misiones de diverso orden, según
las circunstancias lo exigiesen.
Al día siguiente de aquel almuerzo salió Castelao para
Cuba, mientras preparaba el siguiente viaje a la República argentina
donde pasaría una larga temporada.
Los comensales vascos y el representante catalán le indicaron
la conveniencia de que todo ese trabajo de organización se llevara
en conocimiento y coordinación de las autoridades catalanas y del
presiden-te vasco, José Antonio de Aguirre. Los vascos estaban
haciendo lo mismo y le comentaron que si todas las autoridades representativas
se ponían de acuerdo y cada una de ellas estaba bien informada
de la situación de vascos, catalanes y gallegos en toda América,
en el momento en el que hubiera que hablar en la península y también
de actuar en favor de las reivindicaciones de los distintos pueblos, tendrían
en sus manos el medio de ahogar en América toda manifestación
franquista en sentido absorbente así como una fuerza de presión
formidable.
Castelao se mostró completamente de acuerdo con lo expuesto por-que
él como gallego conocía perfectamente el espíritu
cen-tralista absurdo de la mayoría de los republicanos aun estando
en el exilio. Comentó a sus contertulios el desagrado que le produjo
cuando estando en Valencia llegó la noticia de la caída
de Bilbao y "allí en los organismos del Estado había
en el fondo regocijo", por ver en la pérdida de Bilbao un
fracaso de los Estatutos y del Gobierno vasco.
El dirigente galleguista prometió ponerles en contacto con todos
los organismos que fuera creando durante su paso por los diferentes países.
En Nueva York ya lo había hecho.
Todos consideraban que los gallegos por su gran número podían
tener gran influencia en América. Castelao, por otra parte crecía
en ascendiente sobre ellos. Con el tiempo llegaría a ser el hombre
de más influjo entre éstos.
NECESIDAD DE COORDINARSE
Una coordinación de gallegos, catalanes y vascos prometía
ser una plataforma muy interesante para dirigir una acción de conjunto
en el momento oportuno.
Aquella comida en Nueva York se continuó en horas de la noche
pues en el Centro Gallego tuvo lugar un acto de despedida a Castelao.
Previa invitación asistió e hizo uso de la palabra brevemente
el delegado del Gobierno vasco, Irala. Le acompañaron Aramburu
y Ramón Sota.
Castelao salió en avión hacia La Habana invitado por las
colectividades gallegas de Cuba para dar conferencias y exponer sus dibujos.
El año 1939 iba a ser el de la victoria militar de Franco ayudado
por las potencias del Eje. En septiembre comenzaría la segunda
guerra mundial.
Mientras ¿quién se acordaba de gallegos, vascos, catalanes,
republica-nos y demás exiliados? Acababa una tragedia y Europa
se preparaba a vivir otra.
Castelao continuaba su incansable trabajo de divulgación de sus
ideas y de coordinación de colectividades. En enero de 1939 vuelve
a Nueva York, pronuncia conferencias, dicta cátedras y dibuja estampas
de negros que adquieren extraordinario éxito.
En abril de 1939 se reúne con Manu Sota, de la Delegación
del Gobierno vasco. Llevaba éste una intensa actividad en los medios
católi-cos americanos así como en cualquier círculo
de la capital neoyorquina que pudiera contrarrestar la labor del franquismo.
Ambos tenían sus diferencias con un tal Dalty porque éste
había dejado al vasco sin la película "Gernika"
y a Castelao sin una película gallega que le prestó.
En aquellos momentos tenían los vascos una buena organización
en el exilio y Castelao deseaba contar para Galicia con la misma estructura
política que tenía el Gobierno vasco, en el exilio. En esos
difíciles momentos el dirigente gallego le manifestó a Manu
Sota su deseo de poner a los refugiados gallegos en contacto con los vascos.
Desgraciadamente Galicia no había tenido en guerra un Estatuto
en ejercicio y carecía de una estructura política sólida.
Mientras, el Gobierno vasco mantenía una red de Delegaciones
por todo el mundo. En Francia, además de refugios y de la Delegación
de París que era ya la sede del Gobierno vasco en el exilio, poseía
una poderosa delegación económica en Marsella.
COMIENZA LA POLÍTICA EN EL EXILIO
Hay que recordar que el general Franco fue apoyado por Hitler y Mussolini
y que se las veían muy felices hasta 1943 cuando creía en
la victoria nazi sobre Europa y el mundo. Pero ese año las cosas
empiezan a ir de mal en peor para los totalitarios mientras todos los
arrojados fuera de su patria, empiezan a verle fecha de caducidad al régimen
fascista español y comienzan a tratar de montar plataformas de
rechazo al sistema y de preparación para la próxima, vuelta.
El 19 de abril de 1.943, en Montevideo se produce una reunión
de personalidades republicanas, de gallegos, vascos y catalanes convocada
por Diego Martinez Barrios, presidente de las Cortes ultimas que estaba
en el exilio donde dicen que hay que hacer algo.
Martínez Barrios hizo ante los reunidos un examen de la situación
internacional en lo que afectaba a España y también del
cuadro que, ofrecía la emigración española afincada
en América para deducir las posibilidades de una acción
tendiente a que los emigrados de los territo-rios ibéricos fueran
tenidos en cuenta por medio de un organismo que fuera expresión
de los deseos y aspiraciones de todos sus sectores y grupos.
Aguirre mientras llega a Nueva York y le sugiere a Castelao que prepare
una plataforma política gallega representativa, parecida a la que
tenían los catalanes presididos por el presidente del parlamento
catalán Josep Irla y parecida al gobierno vasco que comenzaba a
recibir los embates de Indalecio Prieto en su pugna con Negrín.
Prieto quería liquidar todas las instituciones republicanas para
hacer algo totalmente distinto a una plataforma que tuviera como base
fundamental las gentes representativas de lo que el consideraba un fracaso.
Era muy importante para Galicia hablar con una sola voz y disponer de
un organismo que articulara sus intereses. Los catalanes tenían
sus instituciones, los vascos su Gobierno y delegaciones y los gallegos
necesitaban esa plataforma. Y la crearon. Se trata del Consejo Nacional
de Galicia que nació en Montevideo el 15 de noviembre de 1944.
Lo constituyeron los diputados a Cortes, Alfonso R. Castelao, Elpidio
Villaverde, Ramón Suárez Picallo, y Antonio Alonso Ríos
siendo elegido presidente Castelao. A su fallecimiento el Consejo decidió
no elegir presidente.
EL CONSEJO DE GALICIA
El día 8 de diciembre de aquel año de 1944 se celebró
en Buenos Aires y en casa de Manuel Puente la constitución del
Consejo de Galicia. Asistieron tres de los integrantes de dicho Consejo
ya que Suárez Picallo residía en Santiago de Chile. Por
Catalunya asistió Manuel Serra Moret, vicepresidente del Parlamento
catalán. Ramón M. de Aldasoro y José M. Lasarte asistieron
en representación de los vascos.
LA REUNIÓN DEL GOBIERNO VASCO
En 1945 la guerra mundial tocaba a su fin. Mussolini había sido
colgado por los pies en Milán y Hitler suicidado en su bunker berlinés.
Las potencias ganadoras organizaban el juicio de Nuremberg y los republicanos
se las veían muy felices. En este contexto, Jose Antonio de Aguirre
reúne el Gobierno Vasco en Nueva York, están presentes consejeros
socialistas, nacionalistas y republicanos. Acuerdan seguir manteniendo
la institución, mientras ratificaban el programa conjunto aprobado
en Gernika el siete de octubre de 1936.
Otro de los acuerdos adoptados en Consejo de Ministros por el Go-bierno
de Euzkadi fue el de ratificar su apoyo a la causa democrática
española para obtener la restauración de la República
y resolvió seguir apartado de las disputas "que estérilmente
dividen a los republicanos españoles y causan daño a la
causa democrática".
En sus últimas sesiones el Consejo de Gobierno Vasco se dedicó
al estudio de los problemas del momento y discutió un programa
de labor inmediata de gobierno. Se ocupó en lugar preferente de
los problemas prácticos, que requerían solución en
la última etapa del exilio. También se acordó trasladar
la sede del Gobierno de Nueva York a Francia.
El lendakari dio cuenta de un proyecto de organización provisional
de Euzkadi para aplicarlo al recobrar el ejercicio del poder basado en
procedimientos puramente democráticos a través de ayuntamientos
y de diputaciones populares, y un órgano asesor consultivo que
vigile la función del Gobierno hasta que el país pudiera
elegir libremente sus instituciones definitivas. El Gobierno vasco —terminaba
el comunicado publicado—, unido a su pueblo por una comunidad de
sacrificios y esperanzas, confía en sus compatriotas y dirige un
llamamiento a los representantes de la causa republicana española
—y a quienes tienen la misión de guiar a Cataluña
y a Galicia— para que el año actual sea el de la coordinación
de nuestros esfuerzos y el que marque el fin de la tiranía del
régimen de Franco, implantado por la violencia y por el auxilio
extranjero.
EL CONSEJO DE GALICIA APOYA AL GOBIERNO VASCO
Conocidos los acuerdos del Gobierno vasco se reunió, en Montevi-deo,
el Consejo de Galicia y adoptó la siguiente resolución:
"Reunido el Consejo de Galicia en la ciudad de Montevideo el día
19 de abril, después de pasar revista a la situación reinante
en España y, de un modo especial, en Galicia; así como de
las circunstancias porque atraviesan las relaciones de los políticos
exiliados, acordó dar a publicidad el siguiente comunicado:
En esta hora decisiva, el Consejo de Galicia proclama su estrecha compenetración
con el Gobierno vasco y las Fuerzas Organizadas de Cataluña, respondiendo
a la creciente solidaridad de los tres pueblos, en alianza interior y
exterior, que ya está consagrada bajo el conocido nombre de "Galeuzca".
Las fuerzas democráticas organizadas en la península reclaman
con insistencia nuestra unión, tan estrecha como la que allí
se ha formado considerando suicidas y antipatrióticas las desavenencias
que reinan entre los desterrados. Las bases para la unión, fijadas
por las fuerzas de interior, son las siguientes:
Io Recuperación del orden republicano, y simultáneamente
estableci-miento de las autonomías de Euzkadi, Cataluña
y Galicia;
2o Compromiso formal para la implantación de una República
Fede-ral; El Consejo de Galicia, investido de la auténtica representación
dé todas las fuerzas que constituyen la "Junta Gallega de
Alianza Democrá-tica" (partidos políticos y uniones
sindicales), ruega de manera muy especial, en nombre de todos los elementos
democráticos de Galicia, a los respectivos afiliados en el exilio
que propicien con todas sus energías la unión y concordia
de los republicanos españoles, en consonancia con las bases fijadas.
El Consejo de Galicia, ante la dictadura de Franco y la Falange y ante
las pretensiones monárquicas que ahora se agitan, reafirma una
vez más su inquebrantable fe republicana y democrática.
Montevideo, Io de abril de 1945.
(Firmado): Alfonso R. Castelao, presidente.- A. Alonso Ríos,
secretario".
Eran momentos de compenetración y esperanza y Galeuzca tenía
fe en el futuro. La división en el campo republicano iba a marchitar
estas buenas intenciones.
Por su parte José María Lasarte, diputado del PNV, residente
en Buenos Aires impactado por los acuerdos del Gobierno vasco en Nueva
York escribió en el diario EUZKADI de Santiago de Chile en marzo
de 1945 un artículo en el que exponía la importancia de
la coordinación de las tres nacionalidades. Decía:
LA HORA DE "GALEUZCA"
La declaración que el Gobierno vasco acaba de formular después
de las reuniones celebradas en Nueva York, recaba en nombre de todos los
partidos políticos vascos la libertad nacional de Galicia, Cataluña
y Euzkadi, como garantía para la implantación y supervivencia
de la República en España.
El Consejo Nacional de Cataluña, también en documento
reciente, dirigiéndose a los antifascistas españoles, dice;
"El pueblo castellano se verá condenado a vivir constantemente
bajo una dictadura si se quiere mantener el unitarismo, pues sólo
por la fuerza podrán ser dominadas las nacionalidades periféricas.
La causa de la democracia en España va inse-parablemente unida
a la de las libertades nacionales".
El Acta de constitución del Consejo de Galicia y toda la propaganda
gallega, siguiendo la línea del magnífico libro de Castelao
"Siempre en Galiza", verdadero código del anticentralismo,
repiten que únicamente la libre unión de las naciones ibéricas
pueden ser la estructura de una República pacífica y estable.
La constitución en Londres de una comisión "Pro-Comunidad
de Naciones Ibéricas" a iniciativa y con intervención
del representante portugués, Dr. Armando Cortesao, prueban que
sólo el programa de Galeuzca podía atraer a Portugal al
seno de una Confederación Ibérica.
Gallegos, catalanes y vascos en estrecha compenetración de puntos
de vista doctrinales y tácticos, iban perfeccionando en la acción
su alianza política.
Para valorar su situación ante el futuro, bueno es que nos preguntemos,
cuál es la actitud de los republicanos españoles ante las
reivindicaciones de Galeuzca.
Si bien no ha faltado quien queriendo confundir las cosas ha preten-dido
presentar a Galeuzca como "una división más" y
ha querido paralizar nuestro movimiento con sofismas jurídicos
e intemperancias de tipo imperialista.
Por si alguien pretende que este silenciamiento es una contribución
a la unidad antifranquista al impedir que se oigan voces distintas o contra-dictorias,
digámosle en seguida que nuestra mentalidad democrática
no se amolda a esta simplificación. ¡Bonita manera de obtener
la armonía democrática la de oír y dejar oír,
únicamente la propia opinión!
No; es indispensable y urgente que por parte de los dirigentes republicanos
españoles se encare desde ahora el problema de las nacionalidades
ibéricas y se fijen posiciones ante el mismo.
"No vale decir que la solución será la que el pueblo
quiera". Esto" sería una perogrullada, sino fuera una
habilidad.
¿El pueblo, o los pueblos? No es inocente la pregunta. Porque
en el distingo está que con apariencias democráticas traten
de imponernos su ley a vascos, gallegos y catalanes. Hecha de otra forma
la pregunta: ¿los republicanos españoles están dispuestos
a reconocer y respetar la voluntad de Galicia, Cataluña y Euzkadi?
Los dirigentes republicanos deben definirse en este punto. Invocar para
eximirse de hacerlo, la sumisión a lo que "el pueblo quiera",
no parece una postura sincera, pues el político se presenta ante
la ciudadanía para expresar ideas y no, si obra en conciencia,
para declararse servidor de opiniones ajenas no compartidas.
Esta invitación al diálogo no es un llamamiento a la discusión
estéril y peligrosa, sino al examen sereno y constructivo que realizado
con franqueza será una positiva contribución a la unidad
antifranquista. Pues lo que no puede hacerse ante la fuerza real de Galeuzca,
es desconocerla, siguiendo la desprestigiada táctica del avestruz,
de meter la cabeza debajo del ala para ignorar la realidad.
La serena posición de Galeuzca en el campo de las divisiones
españolas y su constructivo eclecticismo derivado de la equidistancia
de posiciones apasionadas y extremas pide a los republicanos españoles
un examen bien intencionado de las reivindicaciones que, con toda cordialidad
y sincera voluntad de llegar a un arreglo definitivo, formula Galeuzca.
LA PUBLICACIÓN GALEUZKA
Un factor interesante a tener en cuenta de estos años fue el
que no solo gallegos, vascos y catalanes cada uno en su mundo de relaciones
propias buscaba un salida a aquella situación sino que había
asimismo gallegos, vascos y catalanes que querían coordinar esfuerzos
y trabajar con premisas comunes.
Es de recordar como de la Triple Alianza de 1923, diez años después
se hace un viaje triangular a Galicia, Euzkadi y Catalunya y en julio
de 1933 en Santiago de Compostela con la firma del llamado Pacto de Santiago
nace Galeuzka un movimiento solidario con bandera propia cuyo anagrama
integraba las siglas abreviadas de las tres nacionalidades. Aquella semilla
que se había plantado en tiempos de la Republica para coordinar
políticas, se resucita, en aquellos años alrededor de una
revista que se editaba en Buenos Aires.
Se imprimieron doce números, donde colaboraban los primeros espadas
de las tres nacionalidades. Dejó de publicarse en julio de 1946.
La argumentación que se dio fue que sus principales redactores
se iban a trasladar a Francia aunque la argumentación de fondo
era que la República no lograba ser tenida en cuenta como opción
de futuro. Se dijo que Galeuzka iba a volver a ser editaba en Santiago,
Bilbao y Barcelona, aunque esto no fue así. Fue una lastima pues
no solo se publicaron trabajos de gallegos, catalanes y vascos sino también
de portugueses al calor de las iniciativas de Cortesao.
LA BATALLA DE LAS NACIONES UNIDAS
Finalizada la guerra mundial, los refugiados políticos dan la
batalla en 1945 en dos frentes. Uno en Naciones Unidas que surgía
de nuevo en la ciudad de San Francisco tras el fracaso anterior de la
Sociedad de Naciones en Ginebra. Y otro, tratando de lograr armar un frente
de política institucional que fuera reconocido internacionalmente
para tranquilizar a quienes decían que no había una alternativa
seria democrática al régimen de Franco que, finalizada la
guerra, no ofrecía el menor peligro a los aliados.
Por esta razón se hacían múltiples llamamientos
a la unión ya que el panorama que al finalizar la guerra mundial
ofrecía la emigración política hispana, no podía
ser más catastrófico en cuanto a su desunión. De
una parte actuaba la Junta Española de Liberación. De otra
el Gobierno de Negrín representando a una reducida porción
de fuerzas políticas pero con el valor de su actuación en
Londres y de su condición de Gobierno legítimo. De otra,
el partido comunista que reiterando su apoyo al Gobierno Negrín,
levantó el tinglado de la Junta Suprema de Unión Nacional.
Por otra parte el movimiento político vasco dirigido por el presidente
del Gobierno de Euzkadi, José Antonio de Agirre que no formaba
parte de la Junta de Liberación y sostenía, en relación
con una parte de la representación de Cataluña que dirigía
Pi y Suñer y con el Consejo Nacional Gallego que dirigía
Alfonso R. Castelao, una política en demanda de autodeterminación
de los pueblos gallego, catalán y vasco, teniendo como instrumento
a Galeuzca y marcando estas etapas:
Primero, unión de catalanes, vascos y gallegos.
Segundo, pacto con las fuerzas democráticas de España.
Tercero, creación del instrumento de unión y de acción
política más conveniente.
La desunión entre las fuerzas políticas antifranquistas
al final de la guerra mundial no pudo ser más evidente. Desde personalidades
autorizadas del Gobierno británico, norteamericano y francés
llegaban requerimientos continuos de que se unieran las fuerzas democráticas,
única manera de avanzar algo en la lucha contra Franco.
Es en esta situación cuando el lendakari Agirre después
de hablar con Castelao e Irla adopta una iniciativa que va a dar como
resultado la constitución del Gobierno de la República española
y el levantamiento de las instituciones republicanas.
Como hemos reseñado, durante el mes de febrero se había
reunido el Gobierno vasco en Nueva York. En la declaración política
emitida recogiendo los resúmenes de los acuerdos adoptados, dirigía
"un emo-cionado llamamiento a los representantes de la causa republicana
espa-ñola y a quienes tienen la misión de guiar a Cataluña
y Galicia, para que el año 1945 sea el de la coronación
de nuestros esfuerzos y el que marque el fin de la tiranía del
régimen de Franco, implantado por la violencia y por el auxilio
extranjero".
Era evidente que la convocatoria de la Conferencia de San Francisco
y el fin de la guerra, que se preveía inmediato, habían
de tener conse-cuencias decisivas en la situación política
de España. El más elemental sentido de la responsabilidad
obligaba a dimitir las diferencias que pudieran separar a los grupos republicanos,
y que resultaban subalternas en relación con los acontecimientos
que podían precipitarse. Además, Agirre recibió informaciones
autorizadas acerca del propósito de los Gobiernos de Inglaterra
y de Norteamérica, de presionar en España para que desapareciese
el régimen totalitario implantado en la península con la
asistencia militar de Italia y de Alemania. Ante contingencias de tanto
volumen y tanta trascendencia para las aspiraciones democráticas
de cuantos fueron vencidos en la guerra civil española, Aguirre
se puso en comunicación con los catalanes y gallegos de Francia,
Inglaterra y Amé-rica, y con todos los grupos españoles
exiliados. A todos los invitó a un acuerdo sobre principios sencillos
que excluyeran las lamentables diver-gencias mantenidas, y, si fuera posible,
hasta cualquier discusión. Para llegar a un acuerdo proponía
que, en último término, se limitara éste a pedir
que compareciera una sola representación autorizada de todos los
republicanos españoles en la Conferencia de San Francisco, con
el fin de solicitar con la máxima autoridad que al ser vencido
el nazismo y el fascismo en Europa, fuera barrido también el falangismo,
hijo predilecto del consorcio totalitario.
Por iniciativa de los presidentes Aguirre, Irla y Castelao y a pesar
de la enemistad creciente entre Prieto y Negrín en agosto de 1945,
se han cumplido cincuenta años sin que nadie haya dicho nada, se
elige en México a Diego Martinez Barrios, presidente de las Cortes,
como presidente de la Republica en sustitución de Manuel Azaña.
Lo eligen en el salón de cabildos de la ciudad de México
los diputados de febrero de 1936 que se presentan en este acto. El nuevo
presidente, le encarga a José Giral que había sido ministro
de asuntos exteriores y asimismo presidente de gobierno que formara un
nuevo gobierno, Este lo hace y llama a gallegos, vascos y catalanes. Y
de esta forma vuelven a ser ministro Manuel de Irujo y Castelao, formando
parte de un gobierno que tenia por misión dar la batalla en Naciones
Unidas para que los países aliados retiraran sus embajadores y
el cerco al régimen lograra cambiar la situación del pais.
Es de recordar que en aquellas cortes en el exilio se aprobó definitivamente
el estatuto gallego mientras los dirigentes republicanos sobre todo en
1946 volvían a Francia corno fue el caso del lehendakari Aguirre
y del propio Castelao en aquel año de bloqueo institucional al
régimen de Franco que no paso de ahí.
Con la ley de sucesión sacada adelante por vía de un referéndum
amañado, el régimen parecía tomar una cierta iniciativa.
Al propio tiempo desencadenaba la última ofensiva contra maquis
residuales. Este fue el signo de 1947 así como el de la gran amargura
de Castelao. De aquí a su muerte en 1950 el talante es de tristeza
y desesperanza viendo a los gobiernos republicanos en el exilio luchando
estérilmente mientras las distintas fuerzas no se ponían
de acuerdo. Una preocupación de los dirigentes vascos fue que los
gallegos no estuvieran ausentes de los sucesivos gobiernos, En 1947 vuelve
Castelao a Buenos Aires muy desanimado, porque los aliados preferían
la seguridad que les daba un dictador inofensivo para sus intereses frente
al telón de acero que había caído en Europa y que
era su real preocupación. Se sellaba así la existencia de
una dictadura por espacio de cuarenta años.
ACABA ESA RELACIÓN CON EL FALLECIMIENTO
DE CASTELAO
Manuel de Irujo en septiembre de 1949 le escribe una carta a Castelao.
Le dice:
“Tengo noticias tuyas por mis hermanos. Me dicen que estás
enfermo. Mira chico. Agárrate a la pata de la cama. Es preciso
vivir. No te importen los gestos oratorios de importantes mandiles. Esto
marcha. Creo que vamos a poder ver luz pronto. Lo creo sinceramente. No
te diré por que. Seria muy largo. No importa demasiado. Eso de
la lógica y de los cálculos falla casi siempre. Pero hay
que vivir, no solamente, para ver, sino de manera principal para actuar.
Se que te editan el libro de las cruces en gallego y en inglés.
Muy bien. Se que preparáis una historia de Galicia, que marcará
surco profundo y ancho. Eso esta muy bien también. Adelante con
eso, que es bueno, santo, y necesario.”
Estos años son de desanimo. El régimen se consolida, el
gobierno republicano al no presentarse unido no es referencia da nada,
surgen las plataformas ideológicas en Europa buscando la unidad
de ésta, la represión continua, Don Juan de Borbón
envía a su hijo Juan Carlos a Madrid para que el régimen
eduque a su hijo. Los ingleses y norteamericanos van apagando las esperanzas
de los exiliados, la jerarquía eclesiástica negocia con
Franco un concordato, los embajadores vuelven a Madrid, y, lo peor de
todo, Castelao fallece en Buenos Aires en 1950. El hombre clave de la
relación entre el galleguismo político y el lehendakari
Aguirre y Manuel de Irujo deja huérfano a todo un movimiento que
recibe su segundo golpe con el fallecimiento de Aguirre en 1960 y el nacimiento
de ETA ese año. Pero eso puede ser objeto, o de preguntas, o de
otro trabajo a futuro.
Para finalizar solo traer a esta sala lo que se decía hace setenta
años. La discusión de hoy no es nueva. Es tan vieja como
Euzkadi, Galicia y Catalunya enfrentadas con una Castilla que actúa
como Prusia. Ahora cambiaríamos Castilla por Madrid, el llamado
rompeolas de España que acoge embajadas, ministerios, alto funcionariado,
instituciones de todo tipo, centrales bancarias, grandes empresas, aeropuertos
y visión radial, desde la Puerta del Sol de lo que a su juicio
debe ser para ellos España.
Cuando Castelao llego al Congreso una de sus primeras iniciativas fue
solicitar que del frontispicio del hemiciclo de la cámara de diputados
se quitaran las dos estatuas de los reyes católicos, personificación
en piedra de nuestras desgracias. |