Página Principal
Actualidad
Crónica Parlamentaria
Artículos
Viajes, Encuentros y Política Exterior
Semblanzas
De Aquí y De Allá
Cartas
Historia
Fotografías
Conferencias
Libros
La Situación de Venezuela
Documentos
Preguntas al Gobierno
Artículos Publicados en DEIA
Agenda
Vínculos de Interés
Correo electrónico
 
 
 

 
 

LA EUROPA DE LA DEFENSA

Participación en mesa redonda en la Fundación Cánovas del Castillo

1989
 

Buenas tardes, Señoras y Señores:

Deseo iniciar esta breve intervención agradeciendo a la presidenta de la Asociación Democrática Conservadora, Isabel Tocino, la amabilidad que ha tenido al invitarnos a esta mesa redonda sobre un tema de palpitante actualidad como es la Europa de la Defensa.

Ya lo fue el 17 de marzo de 1948 cuando el Tratado de Bruselas puso las bases de la Unión Europea Occidental así como el Tratado de Washington del 4 de abril de 1949 que dió origen a la Alianza Atlántica que provienen de un contexto internacional similar, idénticas preocupaciones e idéntica determinación. Los estados de aquella Europa Occidental y los de América del Norte tenían que hacer frente a una amenaza que cada día resultaba más peligrosa para ellos. Pero en 1954, la Comunidad Europea de Defensa murió en la Asamblea Nacional francesa. Muchos hombres que habían aceptado hasta con entusiasmo los principios de la idea europea, sintieron sobresaltos al examinar la posibilidad de que se constituyera un ejército de Europa, a quien, para que fuese efectivo, la soberanía de cada Estado tenía que hacer concesiones que, a esa clase de europeístas, asustaron en lo militar y les parecían sin embargo, razonables en otros aspectos de la vida.

Pero tampoco debe olvidarse que tras el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa, y de lo que habría sido su consecuencia lógica, una Comunidad política Europea -fracaso que constituyó una verdadera tragedia en el proceso de construcción de una Europa unida- la integración de Alemania en el marco de los estados atlánticos, se aseguró mediante los acuerdos de París de octubre de 1954, que ampliaron la UEO, a fin de incluir también a este país y a Italia. Con el transcurso de los años, esta participación llegaría a ser un elemento importante de la estructura atlántica.

Con todas las limitaciones del caso los promotores de estos acuerdos de París quisieron dotar a la UEO de los medios que condujeran al desarrollo de una dimensión europea de seguridad, sin duda a una escala mucho más modesta de la que hubiera podido lograr la Comunidad Europea de Defensa, pero aún así, adecuada y capaz de una expansión paulatina.

Sin embargo, la UEO no pudo aprovechar con habilidad estas oportunidades y se limitó a llevar a cabo, a la sombra de la OTAN, ciertas tareas, que, si bien no fueron insignificantes, por lo general tuvieron un carácter rutinario. Pero cuando el Reino Unido ingresó en la Comunidad en 1973, la UEO perdió su función.

Sin embargo, fue en la Declaración de Roma del 1 de noviembre de 1984, que en cierta forma constituye el acta de renacimiento de la UEO, donde éstas preocupaciones aparecieron de forma más destacada.

Allí, tras reafirmarse el compromiso con la unidad e integración progresiva de Europa, se declararon conscientes de hacer un mejor uso de la UEO a fin de incrementar la cooperación entre los estados miembros en la política de seguridad, alentando el consenso.

Pero no descuidaron señalar que la Alianza Atlántica seguía siendo el cimiento de la seguridad occidental, pues había preservado la paz en el continente durante treinta y cinco años y este hecho había permitido la construcción de Europa. También expresaron su convicción de que una mejor utilización de la UEO, no solo contribuiría a la seguridad de Europa Occidental, sino también a mejorar las defensas comunes de todos los miembros de la Alianza y a una mayor solidaridad entre ellos.

Resultaba pues, evidente que no se trataba de relanzar la UEO fuera del marco de la Alianza Atlántica, sino en el seno de ésta solidariamente, con todos sus aliados, ya sean europeos o americanos.

Y ahora, y en relación con nosotros la UEO ha decidido abrir conversaciones exploratorias juntamente con Portugal.

Europa comienza a darse cuenta que no puede contar de forma indefinida con el paraguas norteamericano.

Como decía gráficamente un alto funcionario francés: "Resulta sorprendente que 320 millones de europeos continuemos indefinidamente pidiendo ayuda a 240 millones de norteamericanos, para que nos defiendan frente a 280 millones de soviéticos".

El planteamiento resulta irreprochable. Estados Unidos mantiene en suelo europeo trescientos mil soldados que, en números redondos, le cuestan al año a sus contribuyentes cien mil millones de dólares. Los defensores de las tesis aislacionistas en Estados Unidos no entienden por qué, los europeos, con un nivel de vida y desarrollo tecnológico tan avanzado, necesitan tanto del apoyo norte americano.

Y el lugar lógico para contrastar, discutir y analizar estos temas de ámbito europeo es la UEO, pero para ello tiene que adoptar políticas concretas sobre temas como el control de armas o el presupuesto de defensa. Por eso nos parece sumamente oportuna la interpelación que será tramitada este miércoles a iniciativa de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, en la que se interpela al Presidente del Gobierno sobre sus propósitos de política general respecto a la adhesión de España en la UEO.

Sabemos que la plataforma de defensa de la UEO, que admite la importancia de las armas nucleares, originará un encontrado debate y por eso deseamos conocer cómo podrá solventarse esta cuestión y cumplir los requisitos del referéndum.

Michel Roccard, socialista francés, hace un mes comentó estos aspectos. El acuerdo Reagan-Gorbachov, -dijo Roccard-, de doble opción cero es, según sus palabras un muy buen tratado y abre unas perspectivas que hay que continuar.

Pero dicho ésto, el análisis estratégico del riesgo, es decir, un desenganche norteamericano respecto a Europa, no es falso.

Por eso es muy importante una contraofensiva occidental que ponga a la orden del día la cuestión del desarme convencional.

En una Europa desnuclearizada la guerra es más fácil, porque da menos miedo.

El arma nuclear tiene como característica que es la única cuyo empleo produce temor, incluso a los jefes de estado y a los generales. Esto no sucede con las armas convencionales, sobre las que se cree que se saben dominar. Es pues, prudente reservar un dispositivo de confrontación entre armas, que provocan el miedo a utilizarlas.

Sin que ésto excluya el esfuerzo del desarme, por exigencia de las opiniones públicas, económicas y por la perspectiva de generar un gran entusiasmo para toda la juventud del continente.

Pero para esta negociación sobre desarme convencional y la seguridad del continente se requiere que Europa pueda hablar con una sola voz.

La Comunidad Europea de Defensa fue en la historia de la organización europea, un incidente penoso, tal vez necesario, pero que no lo provocaron los europeístas partidarios de la Europa en sí y no en razón de las apetencias de uno o de otro bloque. Pero esa Europa en sí, no solo es viable, es una necesidad para el equilibrio mundial, por muchas que sean las razones que liguen a la causa de Occidente o a la de Oriente, según el pensamiento de cada europeo. Europa tiene personalidad independiente y debe tener fuerza bastante para ser el elemento moderador que al mundo le hace falta hoy, y le va a hacer falta en el futuro, para evitar el choque de esos dos bloques que nunca llegarán a una coexistencia verdadera si la ponderación del espíritu europeo y la fuerza de una Europa organizada faltan en el mundo.