Buenas tardes, Señoras
y Señores:
Deseo iniciar esta breve intervención agradeciendo a la presidenta
de la Asociación Democrática Conservadora, Isabel Tocino,
la amabilidad que ha tenido al invitarnos a esta mesa redonda sobre un
tema de palpitante actualidad como es la Europa de la Defensa.
Ya lo fue el 17 de marzo de 1948 cuando el Tratado de Bruselas puso
las bases de la Unión Europea Occidental así como el Tratado
de Washington del 4 de abril de 1949 que dió origen a la Alianza
Atlántica que provienen de un contexto internacional similar, idénticas
preocupaciones e idéntica determinación. Los estados de
aquella Europa Occidental y los de América del Norte tenían
que hacer frente a una amenaza que cada día resultaba más
peligrosa para ellos. Pero en 1954, la Comunidad Europea de Defensa murió
en la Asamblea Nacional francesa. Muchos hombres que habían aceptado
hasta con entusiasmo los principios de la idea europea, sintieron sobresaltos
al examinar la posibilidad de que se constituyera un ejército de
Europa, a quien, para que fuese efectivo, la soberanía de cada
Estado tenía que hacer concesiones que, a esa clase de europeístas,
asustaron en lo militar y les parecían sin embargo, razonables
en otros aspectos de la vida.
Pero tampoco debe olvidarse que tras el fracaso de la Comunidad Europea
de Defensa, y de lo que habría sido su consecuencia lógica,
una Comunidad política Europea -fracaso que constituyó una
verdadera tragedia en el proceso de construcción de una Europa
unida- la integración de Alemania en el marco de los estados atlánticos,
se aseguró mediante los acuerdos de París de octubre de
1954, que ampliaron la UEO, a fin de incluir también a este país
y a Italia. Con el transcurso de los años, esta participación
llegaría a ser un elemento importante de la estructura atlántica.
Con todas las limitaciones del caso los promotores de estos acuerdos
de París quisieron dotar a la UEO de los medios que condujeran
al desarrollo de una dimensión europea de seguridad, sin duda a
una escala mucho más modesta de la que hubiera podido lograr la
Comunidad Europea de Defensa, pero aún así, adecuada y capaz
de una expansión paulatina.
Sin embargo, la UEO no pudo aprovechar con habilidad estas oportunidades
y se limitó a llevar a cabo, a la sombra de la OTAN, ciertas tareas,
que, si bien no fueron insignificantes, por lo general tuvieron un carácter
rutinario. Pero cuando el Reino Unido ingresó en la Comunidad en
1973, la UEO perdió su función.
Sin embargo, fue en la Declaración de Roma del 1 de noviembre
de 1984, que en cierta forma constituye el acta de renacimiento de la
UEO, donde éstas preocupaciones aparecieron de forma más
destacada.
Allí, tras reafirmarse el compromiso con la unidad e integración
progresiva de Europa, se declararon conscientes de hacer un mejor uso
de la UEO a fin de incrementar la cooperación entre los estados
miembros en la política de seguridad, alentando el consenso.
Pero no descuidaron señalar que la Alianza Atlántica seguía
siendo el cimiento de la seguridad occidental, pues había preservado
la paz en el continente durante treinta y cinco años y este hecho
había permitido la construcción de Europa. También
expresaron su convicción de que una mejor utilización de
la UEO, no solo contribuiría a la seguridad de Europa Occidental,
sino también a mejorar las defensas comunes de todos los miembros
de la Alianza y a una mayor solidaridad entre ellos.
Resultaba pues, evidente que no se trataba de relanzar la UEO fuera
del marco de la Alianza Atlántica, sino en el seno de ésta
solidariamente, con todos sus aliados, ya sean europeos o americanos.
Y ahora, y en relación con nosotros la UEO ha decidido abrir
conversaciones exploratorias juntamente con Portugal.
Europa comienza a darse cuenta que no puede contar de forma indefinida
con el paraguas norteamericano.
Como decía gráficamente un alto funcionario francés:
"Resulta sorprendente que 320 millones de europeos continuemos indefinidamente
pidiendo ayuda a 240 millones de norteamericanos, para que nos defiendan
frente a 280 millones de soviéticos".
El planteamiento resulta irreprochable. Estados Unidos mantiene en suelo
europeo trescientos mil soldados que, en números redondos, le cuestan
al año a sus contribuyentes cien mil millones de dólares.
Los defensores de las tesis aislacionistas en Estados Unidos no entienden
por qué, los europeos, con un nivel de vida y desarrollo tecnológico
tan avanzado, necesitan tanto del apoyo norte americano.
Y el lugar lógico para contrastar, discutir y analizar estos
temas de ámbito europeo es la UEO, pero para ello tiene que adoptar
políticas concretas sobre temas como el control de armas o el presupuesto
de defensa. Por eso nos parece sumamente oportuna la interpelación
que será tramitada este miércoles a iniciativa de Miguel
Herrero y Rodríguez de Miñón, en la que se interpela
al Presidente del Gobierno sobre sus propósitos de política
general respecto a la adhesión de España en la UEO.
Sabemos que la plataforma de defensa de la UEO, que admite la importancia
de las armas nucleares, originará un encontrado debate y por eso
deseamos conocer cómo podrá solventarse esta cuestión
y cumplir los requisitos del referéndum.
Michel Roccard, socialista francés, hace un mes comentó
estos aspectos. El acuerdo Reagan-Gorbachov, -dijo Roccard-, de doble
opción cero es, según sus palabras un muy buen tratado y
abre unas perspectivas que hay que continuar.
Pero dicho ésto, el análisis estratégico del riesgo,
es decir, un desenganche norteamericano respecto a Europa, no es falso.
Por eso es muy importante una contraofensiva occidental que ponga a
la orden del día la cuestión del desarme convencional.
En una Europa desnuclearizada la guerra es más fácil,
porque da menos miedo.
El arma nuclear tiene como característica que es la única
cuyo empleo produce temor, incluso a los jefes de estado y a los generales.
Esto no sucede con las armas convencionales, sobre las que se cree que
se saben dominar. Es pues, prudente reservar un dispositivo de confrontación
entre armas, que provocan el miedo a utilizarlas.
Sin que ésto excluya el esfuerzo del desarme, por exigencia de
las opiniones públicas, económicas y por la perspectiva
de generar un gran entusiasmo para toda la juventud del continente.
Pero para esta negociación sobre desarme convencional y la seguridad
del continente se requiere que Europa pueda hablar con una sola voz.
La Comunidad Europea de Defensa fue en la historia de la organización
europea, un incidente penoso, tal vez necesario, pero que no lo provocaron
los europeístas partidarios de la Europa en sí y no en razón
de las apetencias de uno o de otro bloque. Pero esa Europa en sí,
no solo es viable, es una necesidad para el equilibrio mundial, por muchas
que sean las razones que liguen a la causa de Occidente o a la de Oriente,
según el pensamiento de cada europeo. Europa tiene personalidad
independiente y debe tener fuerza bastante para ser el elemento moderador
que al mundo le hace falta hoy, y le va a hacer falta en el futuro, para
evitar el choque de esos dos bloques que nunca llegarán a una coexistencia
verdadera si la ponderación del espíritu europeo y la fuerza
de una Europa organizada faltan en el mundo.
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