Agradezco la invitación
que me ha hecho una persona sensible e inquieta hacia el mundo de la diáspora
y de la cultura vasca en general como el profesor Azcunce con objeto de
hacer una reflexión sobre la sensibilidad del primer presidente
de los vascos en relación con el mundo de la cultura, entendiendo
por ésta como el conjunto de elementos materiales e inmateriales
(lengua, ciencias, técnica, costumbres, tradiciones, valores y
modelos de comportamiento) que socialmente transmitidos y asimilados,
caracterizan a un determinado grupo humano con respecto a los otros.
Por ello pretendo, en primer lugar, fijarme personalmente en el propio
Lehendakari como exponente de una manera de expresar esas modificaciones
de nuestro pueblo. En segundo lugar, abordo su acción de gobierno
en los pocos meses que pudo tener el Diario Oficial del País Vasco
con capacidad de transcribir leyes y normas de actuación. Dicho
esto, pasaremos al Aguirre inquieto por la cultura pero impedido por el
exilio de crear las condiciones para su desarrollo, mientras señalaba
caminos en el Congreso Mundial Vasco. Finalmente, termino con un trabajo
del historiador Ildefonso de Gurrutxaga sobre la inquietud del Lehendakari
sobre la necesidad de contar con una historia vasca hecha por los propios
vascos.
AGUIRRE FUTBOLISTA Y SENSIBLE A LA MÚSICA
Es difícil encontrar a alguien que haya conocido a José
Antonio de Aguirre jugando al fútbol en el Athletic de Bilbao.
Ya han pasado más de setenta y cinco años y a pesar de que
hemos llamado a Ibaigane para que nos den el nombre del socio más
antiguo de este club, al carecer todavía de éste dato, he
preferido irme a mis notas que son ya un tesoro.
Resulta que mi aita tuvo relación de amistad con el hermano de
Aguirre de nombre Juan Mari. Por esta razón, en uno de los viajes
que realicé a Bruselas con su hijo Gorka y ante el interés
que me suscitaba la figura del primer Lehendakari y por lo poco que se
había escrito sobre él, le pedí una opinión
sobre este aspecto en relación con la personalidad de un joven
que apuntaba todo para ser primer presidente de los vascos. Había
nacido en Bilbao, estudiado en Orduña y en la Universidad de Deusto,
era abogado, presidente de los Luises y de la Acción Católica
y además jugaba a fútbol en el equipo símbolo de
los vascos, con todo el respeto hacia los demás. Si a esto se le
añadía su entusiasmo, su oratoria, sus cualidades para la
relación humana y su simpatía, ¡así cualquiera!
Pues bien. José Antonio siguió el paso de aquellos jóvenes
deportistas que salían del Colegio de los Jesuitas de Orduña
que ingresaban fácilmente en los equipos no profesionales de aquélla
época. Por eso entró en la plantilla del Athletic con toda
facilidad. En aquel tiempo jugaban en dicho club varios jóvenes
que estudiaban en el colegio de Orduña como Laka, Billabaso, Antón
y Nacho Allende, José Legarreta, etc.
Jugó bastantes partidos en el primer equipo del Athletic. Su
juego era técnico, un poco lento y con gran toque de balón,
como generalmente ocurría con los ex-alumnos del colegio de Orduña,
en donde se practicaba el juego contra la pared o frontón con pelotones
de un diámetro de medio metro o más. Abandonó el
fútbol una vez terminada su carrera de Derecho.
En la temporada 1923-24, José Antonio comenzó a jugar
en el Athletic Club de Bilbao. Era el Athletic de los Vidal, Sesúmaga,
Lazarra, Rousse, Acebo...
“Es muy difícil señor Aguirre, saltar desde la línea
delantera del Athletic Club a la línea delantera de ese equipo
vasco-navarro que a su Señoría le toca capitanear”.
De esta forma un tanto incisiva se refería el líder socialista
Indalecio Prieto a José Antonio Aguirre en las Cortes Constituyentes
de 1931. Años más tarde, el propio Prieto rectificaría
esta afirmación tan desafortunada, ya que Aguirre había
conseguido dar el salto y lo había hecho airosamente.
He aquí una de las múltiples anécdotas que reseñan
el paso del primer Lehendakari de Euzkadi por el Athletic de Bilbao, una
de sus facetas más desconocidas.
Aguirre obtuvo la licencia de federado de la Regional Vizcaína
el 19 de junio de 1921 y estuvo vinculado al club rojiblanco durante las
temporadas 1924-25 y 1925-26.
José Antonio jugó en el puesto de interior, formando ala
con otro Aguirre, conocido como “Aguirre-Begoña”. También
durante su estancia en el equipo vasco compartió filas con el hijo
de Prieto, lo que hizo que el socialista bilbaíno tuviera por él
un especial afecto.
Durante su trayectoria futbolística, el Athletic de Bilbao se
vio sumido en una transición, ya que no conseguiría ningún
título hasta 1930 –el anterior lo había alcanzado
en 1923-. No obstante, en esta época aparecerían nuevos
valores, tales como “Travieso”, Carmelo Goyenechea, Félix
Sesúmaga,... que sustituirían a los hermanos Hurtado, hermanos
Belausteguigoitia y al fallecido Rafael Moreno “Pichichi”.
El historiador Hugh Thomas señaló en sus escritos que
“José Antonio procedía de una familia carlista de
clase media y debía buena parte de su fama a su agradable aspecto
y a sus promesas como jugador del Athletic de Bilbao”.
Tras su activa participación en el fútbol, Aguirre continuó
siendo gran animador del Athletic de Bilbao. En 1933, siendo diputado,
acudió al partido que el club vasco disputó en Madrid correspondiente
al campeonato de liga e, incluso, pasó unas horas en el hotel donde
se alojaba el equipo rojiblanco, pues el portero, Gregorio Blanco, resultó
lesionado de gravedad.
Durante la guerra, el lehendakari fue uno de los principales impulsores
de la selección de Euzkadi de fútbol que lució los
colores de la Ikurriña por los terrenos de juego de Europa y América.
Este equipo consiguió el segundo puesto en el campeonato mexicano,
siendo los fondos recogidos por la selección destinados a los niños
vascos refugiados en Europa.
Abandonó el fútbol una vez terminada su carrera de Derecho.
Durante algunos meses estuvo de “pasante” en el bufete de
Don Esteban Bilbao y, después de esta práctica, abrió
su propio bufete, en donde tuvo a Julián Ruiz de Aguirre.
Durante esta época, en Algorta, participó en el Orfeón
que allí se organizó. José Antonio tenía gran
afición musical, conocía bien la música –no
en balde participó en la Banda de música del Colegio de
Orduña, en donde tocaba el fiscornio-, tocaba un poco el piano
y dio lecciones de violín con un profesor italiano melenudo que
iba a su casa y se llamaba Dino Dini..., con el que reía mucho.
En el Orfeón de Algorta cantó de barítono y fue solista.
Todo esto, que es cultura, respecto a esta doble faceta del Lehendakari
en su aspecto personal.
EL GOBIERNO VASCO DEL 36 Y LA CULTURA
En el Departamento de Cultura, además de la designación
del consejero se creó la Secretaría General de Cultura con
tres condiciones generales, a saber: Dirección de Enseñanza
2ª Elemental, Dirección de Enseñanza Media y Superior
y Dirección de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas.
Además de estas direcciones generales, había distintas
secciones: Sección de Lengua y Literatura, Sección de Publicaciones,
Sección de Educación Físico-escolar, Sección
de la Colección Histórica de la guerra y Sección
de Estadística escolar.
En cada dirección general se iban formando distintos negociados,
según las necesidades. Así la Enseñanza 2ª Elemental
contaba ya con el Negociado de Enseñanza primaria y el de Fundaciones
benéfico docentes; la de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas con
el de Museos y Archivos y Bibliotecas; la de Enseñanza Media y
Superior con el de Enseñanza grado medio, el de Enseñanza
grado superior y el de Enseñanza técnica.
El Departamento contaba con un organismo consultivo llamado Consejo
de Cultura de Euzkadi, dividido en secciones, a saber: Sección
de Enseñanza Elemental, Sección de Enseñanza Media
y Superior, Sección de Enseñanza Técnica, Sección
de Lengua y Literatura, y Sección de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas.
UNIVERSIDAD VASCA
Constituido el Gobierno provisional de Euskadi, el día
7 de octubre de 1936 y habiendo sido designado D. Jesús María
de Leizaola para consejero de Justicia y Cultura, comienza éste
su labor al frente del Departamento de Cultura por hacer llegar a ser
una realidad lo que hasta entonces había sido tan sólo un
deseo de nuestro pueblo: la UNIVERSIDAD VASCA.
Hecho sintomático, el propio consejero designado
para encauzar y dar vida a los Organismos y entidades rectoras de la educación
y cultura vascas, fue quien con ocasión de la celebración
del Tercer Congreso de Estudios Vascos celebrado en Gernika el año
de 1922, época de la monarquía, fue detenido y conducido
a pie por carreteras de Bizkaia, por el solo hecho de propugnar por la
creación de la UNIVERSIDAD VASCA.
Para llegar a la creación del Organismo Superior
de Cultura, constituye la comisión encargada de estudiar las bases,
dictándose con la fecha 9 de octubre de 1936 un decreto por virtud
del cual se designaban las personas que habían de entender en tal
trabajo, estableciéndose al mismo tiempo las dos secciones que
se estimaban más necesarias y urgentes, dadas las circunstancias
del momento: la Sección Central y la Sección de Medicina.
Después de laboriosas reuniones celebradas por las dos secciones,
conjunta y separadamente, se llegó a la elaboración de un
anteproyecto presentado a la aprobación del consejero. El decreto
de creación de la UNIVERSIDAD VASCA y de su primer organismo la
Facultad de Medicina fue dictado el 17 de noviembre de 1936.
En él aparecen admirablemente reflejadas "las
aspiraciones culturales del pueblo vasco, y las trágicas circunstancias
del momento".
Frase propicia para recordarla en nuestros centros docentes
para estímulo de las generaciones venideras, en el ejemplo de los
que dieron su vida por defender la libertad.
Publicado el decreto de referencia, se procedió a la apertura de
un concurso para proveer las plazas de profesores de la naciente Facultad
de Medicina, con el carácter de interinidad que aconsejaban las
circunstancias de guerra por la que atravesaba nuestro pueblo, concurso
cuyas condiciones fueron fijadas por Orden del 21 de noviembre de 1936,
estableciéndose al mismo tiempo las materias de que habían
de constar los estudios.
Simultáneamente se creó el curso preparatorio
para distintas facultades, señalándose las disciplinas que
había de abarcar.
Entre estas materias aparece la asignatura designada
con el nombre "Euzkera médico", primera vez que la lengua
del vasco aparece oficialmente reconocida en un centro docente con carácter
de obligatoriedad, siguiéndose así la idea que había
de presidir la actuación futura del Departamento, en cuanto a la
enseñanza en relación con el euskera. Así el presidente
del Gobierno de Euskadi, en su discurso pronunciado ante el micrófono
de Radio Euzkadi, el día 22 de diciembre de 1936, recogía
el hecho con las siguientes palabras: "Cumpliendo un deber de pueblo,
y llenando así mismo el programa del Gobierno, el euskera, nuestro
viejo idioma, tiene asiento en la universidad, y su uso se irá
regulando en los centros docentes, siguiendo en esta acción los
métodos hoy vigentes en los pueblos cultos que compaginan los idiomas
vernáculos con aquellos otros idiomas de civilización que
son precisos para las relaciones con todos los pueblos. Conducta que contrasta
con la terrible obstinación de los tiempos monárquicos y
dictatoriales, en los que se persiguió todo vestigio de la personalidad
vasca, con persecución a su idioma, a su cultura, a sus componentes
espirituales".
Celebrado el concurso y habiendo emitido su fallo el
tribunal designado al efecto y con arreglo a la orden antedicha, fue presentada
la propuesta a la junta especialmente nombrada y presidida por el consejero,
procediéndose por la misma al nombramiento del claustro interino
de la Facultad de Medicina y de conformidad con la referida propuesta.
El día 1 de diciembre de 1936 tuvo lugar el acto
de apertura de la Facultad de Medicina en el salón de actos del
Hospital Civil de Bilbao (Basurto), siendo presidido por el presidente
del Gobierno vasco, asistiendo los consejeros de Justicia y Cultura, Sanidad
y Comercio y Abastecimientos, presidentes de las corporaciones vascas,
cuerpo consular y altos cargos de los distintos departamentos.
Organizadas las clases en el Hospital Civil de Basurto,
comenzó el curso, previa matrícula abierta.
Para que el trabajo a desarrollar en la Facultad fuera
todo lo eficiente posible, se construyó en el recinto del edificio
un pabellón Doker para laboratorio de anatomía y tisiología
con arreglo a normas modernas, pabellón al que se dió el
nombre de “Doctor Atxukarro” en memoria del famoso histólogo
vasco.
La situación creada por la guerra a muchos estudiantes
de medicina, de no poder normalizar la situación académica,
en el mes de septiembre del curso 1935-36, hizo necesaria la organización
de los exámenes extraordinarios correspondientes al referido mes
y curso, teniendo en cuenta las facultades que el Lendakari Aguirre delegó
en el consejero de Justicia y Cultura.
DIRECCIÓN DE BELLAS
ARTES, ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS
Creada esta dirección en el Departamento de Cultura,
sus primeros trabajos fueron los referentes a la conservación de
todo cuanto constituía el patrimonio artístico de Euskadi,
amenazado principalmente por los bombardeos aéreos y de artillería.
El decreto del Departamento de Cultura del 12 de octubre
de 1936 (cuatro días después de constituido) disponía
en efecto la adopción de cuantas medidas se creyeran oportunas
y procedentes para la protección, depósito y catalogación
de las obras de arte, bibliotecas y toda clase de documentos de archivos,
con el exclusivo fin de preservarlos de los peligros inherentes a la guerra.
Encargada de ello la Dirección General de referencia,
puede decirse que esta labor absorbió por entero su actividad durante
los meses de guerra en Euzkadi.
Las disposiciones reguladoras de estos trabajos comenzaron
a dictarse inmediatamente y así aparece con fecha 18 de noviembre
una orden por la que todas las corporaciones e instituciones radicadas
en el País Vasco habían de enviar relación completa
de los objetos de arte e interés científico y pedagógico,
prohibiéndose el traslado de los mismos sin conocimiento y autorización
de la Dirección de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas.
Día tras día, expuestas muchas veces a
serios peligros, las personas, encargadas de la recogida, iban retirando
de los pueblos de la zona de guerra, acaso los que encerraron mayor riqueza
artística, todo aquello que pudiera tener algún valor artístico,
cultural e histórico y que forzosamente había que defender
por tratarse de precioso material para la cultura del pueblo.
Las obras salvadas de la zona de guerra eran llevadas
a Bilbao cuando era posible, pues algunas veces había que disponer
su defensa en los mismos lugares donde se encontraban.
Las demandas de las corporaciones, así como las de los particulares
eran incesantes y el Departamento se desvivía por atender a todos
llegándose en unos meses de tenaz y constante trabajo a depositarse
en el Depósito Central para Bibliotecas y Archivos cerca de 70.000
volúmenes salvados de bombardeos e incendios por los mismos provocados.
Los objetos recogidos, algunos de inestimable valor
artístico y tradicional, eran depositados en lugares que los técnicos
señalaban como los más indicados al efecto y debidamente
acondicionados, donde al mismo tiempo se procedía a la catalogación
de aquellos; mediante fichas en las que además de las indicaciones
usuales se hacían constar las de origen y propiedad.
Pero no eran sólo los objetos de orden artístico
lo que preocupaba a nuestra Dirección de Bellas Artes conservar;
lo eran asimismo los edificios y monumentos de importancia arquitectónica
y tradicional y a este efecto el Decreto del 12 de diciembre de 1936 establecía
la prohibición del derribo de toda obra de carácter civil
o religioso, sin conocimiento y autorización previa de aquella.
Un caso que pone de manifiesto la diligencia e interés
del Gobierno Vasco en la función que le fue encomendada fue la
recogida de la famosa cruz de Durango.
Bombardeada esta localidad, con la crueldad de todos
conocida, por los aviadores mercenarios al servicio de Franco, el día
30 de marzo de 1937, aparecía en pie en su lugar de emplazamiento
la famosa cruz de Tabira, sobre los cadáveres, escombros y ruinas
del pueblo destrozado. Uno sólo de los brazos le faltaba.
Con exposición de su vida, varios funcionarios
del Departamento van a salvar aquel monumento tan querido del pueblo vasco.
Después de ímprobos trabajos, dirigidos por un técnico,
la cruz es salvada, y entre los escombros, aparece el trozo que la metralla
fascista había arrancado.
Análogamente fueron salvadas tres de las cinco
cruces que formaban el famoso calvario de Elorrio.
Cuando las excavaciones, para la obra de atrincheramiento
se intensificaron en zonas donde, por su situación y por su pasado
histórico se pudiese pensar en la posibilidad de hallazgos de objetos
o restos de monumentos antiguos, se dictó una disposición
especial para llegado el caso de aparecer algún vestigio de la
cultura y civilización anteriores.
En estudio tenía la Dirección de Bellas
Artes la organización de una escuela donde con jóvenes con
probada aptitud y vocación, pudieran aprender y practicar la pintura,
escultura, talla, decoración, cerámica... En ella se iba
a prestar especial interés al cultivo de las artes dichas populares,
entre las que las propias de la mujer habían de ocupar lugar preeminente.
En el último semestre de aquel año de derrotas el Gobierno
Vasco trabajó en la preparación de la aportación
del Gobierno de Euskadi a la Exposición Internacional de París
del año 1937.
LENGUA Y LITERATURA
El solo título de la sección creada para
con todo cuanto al euskera hiciera referencia, nos da a entender la importancia
de la labor a ella encomendada.
Muchos fueron los trabajos realizados en el breve transcurso
de su vida, y muchos los que estaban en preparación y ya dispuestos
para una pronta realización. Sin embargo, destacaremos los más
salientes.
La importancia que el uso de nuestra lengua había
de tener en lo sucesivo, por ser reconocida su cooficialidad con el castellano
en la Carta autonómica del pueblo vasco, y asimismo la facultad
reconocida al país autónomo en el apartado f) del artículo
7 del Estatuto, de poder exigir el conocimiento del euskera a todos los
funcionarios que trabajasen en territorio de lengua vasca, hizo pensar
en la pronta organización de la enseñanza de ésta,
para su aplicación en todos los órdenes de la vida.
Para ello se creyó conveniente contar con un
buen cuadro de profesores especializados en la enseñanza de referencia
y al efecto, después de laboriosas reuniones, celebradas por iniciativa
del Departamento, entre los más destacados y competentes euskerólogos,
se llegó a ultimar la formación del "Colegio Oficial
de Profesores de Euskera", quedando éste creado.
Simultáneamente se dirigió la Sección a todos los
Departamentos del Gobierno vasco, para ir formando la estadística
de los funcionarios que deseaban aprender el euskera, con objeto de ir
inmediatamente a la apertura de clases especiales para los mismos. El
resultado de esta encuesta fue del todo consolador, pues la casi totalidad
pedía su inscripción para los cursos en las referidas clases.
En preparación estaba la formación del
mapa lingüístico de Euskadi con la correspondiente delimitación
de zonas idiomáticas; trabajo muy interesante no sólo bajo
el punto de vista de aplicación del Estatuto en cuanto a la lengua
se refiere, sino principalmente de cuanto con la distribución y
evolución dialectal vasca está relacionado.
La introducción del euskera en la enseñanza
llevaba consigo el problema de los textos redactados en aquella lengua;
a resolver esto dedicó la Sección de Lengua y Literatura
gran parte de sus actividades y, en efecto, tras escrupulosos trabajos
realizados por especialistas en diversas materias se llegó a la
publicación de algunos para las "Escuelas de Euskadi",
quedando otros en prensa o en preparación.
Una campaña, amoldada a las circunstancias del
momento, se llevó en pro de la lengua de nuestro pueblo y su uso
se fue intensificando en los centros oficiales.
La catalogación de cuantas obras en euskera se
habían publicado, fue asimismo labor que la Sección estaba
realizando. La reedición de algunas clásicas ya agotadas
y la publicación de otras, escritas y consideradas como esenciales
para la vida y desarrollo de nuestra lengua, estaba en proyecto de rápida
realización.
Aitzol y Lauaxeta, fusilados por los rebeldes, son los
dos hombres que aquel incipiente Gobierno Vasco no pudo olvidar.
COLECCIÓN HISTÓRICA
DE LA GUERRA
Creada la sección correspondiente en el mes de
marzo de 1937, con la finalidad de coleccionar cuanto con la guerra estaba
relacionado, como labor preparatoria de un futuro museo histórico
de la misma, orientó sus actividades en la recogida de insignias,
uniformes, banderas, periódicos, revistas, libros...
De cada objeto coleccionado se iba haciendo una ficha,
en la que se hacía constar todo lo referente a lugar, tiempo, origen
y significación del mismo.
PUBLICACIONES
Atendía esta sección a todo lo referente
a ediciones de texto, folletos y revistas propias de las actividades del
Departamento.
En relación directamente la Dirección General
de Enseñanza Ele- mental, con la de Bellas Artes y la de Lengua
y Literatura, preparó como quedó indicado ya la edición
de unos carteles alfabéticos euskéricos ilustrados, así
como la de dos textos en euskera, con destino para las escuelas de Euskadi.
AL INICIO DEL EXILIO
Como hemos dicho, el gobierno vasco formado en Gernika
duró desde el 7 de octubre de 1936 al 19 de junio de 1937. No llegó
a durar ni un año. Caído Bilbao, se inicia para Aguirre
un largo exilio que culmina con su fallecimiento en París en 1960.
Con el ejército vasco derrotado, Aguirre se da
cuenta que tiene que llamar la atención del mundo civilizado diciendo
que el pueblo vasco era un pueblo de bien que buscaba la paz y que lo
que se había hecho con él era una arbitrariedad. Y lo hace
a través de la cultura.
En su descargo de gestión ante el Congreso Mundial
Vasco de 1956 el Lehendakari Aguirre dice lo siguiente:
“Sobre nuestra tierra habíamos terminado
la guerra, pero no por eso nuestro espíritu se había muerto
para el mundo. Quisimos mostrar en el extranjero cómo vibraba aquella
alma vasca que había sido sacrificada en aras del totalitarismo
que amenazaba invadir la humanidad, y organizamos periódicos, revistas
y espectáculos teatrales. Estando yo en Santander, tres días
antes de su caída, olvidé por un momento las amarguras que
estábamos viviendo, y llamando a un notable músico vasco,
le hablé así: “es posible que nosotros no podamos
salir de aquí. Pero por eso no ha de concluir la lucha, que quiero
sea llevada también al campo artístico. Le encargo a usted
salga inmediatamente para Francia y forme entre nuestros refugiados el
coro más selecto posible, que lleve por el mundo a través
de nuestras melodías el recuerdo de un pueblo que muere por la
libertad, porque todavía no saben en el extranjero que se lucha
por ella. Si caemos nos dedican un recuerdo y sigan cantando”.
Salió el director en El Negus, y el coro que
se llamó Eresoinka cantó en las principales ciudades de
Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra, esparciendo nuestro arte
al mismo tiempo que iba cambiando la opinión. Propaganda, sí,
propaganda por la libertad, porque cantando solamente pueden desparramarse
semillas espirituales. Y cantando, los vascos anunciaban al mundo que
la misma fuerza bruta que había desterrado de Euzkadi aquellas
bellísimas canciones, era capaz de sellar los labios de los pueblos
que se creían más seguros. Desgraciadamente el mensaje de
nuestros artistas fue oído pero no entendido por muchos de aquellos
que iban a ser las futuras víctimas de los nuevos invasores”.
EL LLAMAMIENTO DEL CONGRESO
MUNDIAL VASCO
La década de los cincuenta hasta su fallecimiento
en París en 1960 fue una década de plomo, de ostracismo,
de languidez. Franco había sido reconocido por los aliados, el
Vaticano había firmado el Concordato con el régimen, y habían
pasado veinte años de una guerra que los había convertido
en perdedores y habitantes de un exilio donde todo estaba acolchado y
donde lo institucional era muy difícil de llevar a cabo mientras
el señuelo de la violencia comenzaba a llamar a la puerta de una
generación que empezaba a mirarse en Argelia y en Cuba.
¿Qué podía hacer un Gobierno en
el exilio, sin medios y sin altavoces? Poco, pero ese poco lo quiso llevar
a la práctica el Lehendakari Aguirre y a tal efecto convocó
en septiembre de 1956, el año de la desaparición de Galindez
en Nueva York, el primer Congreso Mundial Vasco de la historia.
En dicho Congreso se discutieron los problemas del país,
una nación sojuzgada, que no tenía instrumentos para luchar
contra aquella espesa dictadura por eso José Antonio de Aguirre,
a falta de Parlamento, hizo el descargo de su gestión como Presidente
de esos veinte años transcurridos. Pero hizo más. Analizar
y hacer un diagnóstico de los problemas que vivía Euzkadi
y entre ellos dos de máximo interés desde el punto de vista
cultural: la pérdida por persecución de la lengua vasca
y la carencia de una Universidad.
La Sección de Cultura del Congreso Mundial estuvo
presidida por el ex-diputado Javier de Landaburu. En ella se recibieron
44 comunicaciones durante el Congreso y dos más al finalizar el
mismo. De las 44, hubo 29 que se referían a antropología
y etnología, otras a historia y a geografía, a psicología,
a derecho, medicina, turismo, arte y deportes. Los trabajos en general
fueron excelentes, las iniciativas abundantísimas y el nivel de
participación muy notable. Y tras las jornadas se aprobó
una resolución a propuesta de la Sección Cultural que decía:
“La Sección Cultural del CONGRESO MUNDIAL
VASCO, considerando la actual situación de la cultura vasca y teniendo
en cuenta el principio de que sin libertad política es inexistente
la autonomía cultural de cualquier pueblo, felicita al Gobierno
de Euzkadi por sus esfuerzos por la conservación de aquel patrimonio
del espíritu vasco que es, al mismo tiempo, valor inestimable de
la humanidad entera, y le hace un cordial y respetuoso llamamiento para
que se intensifique, en la medida de sus posibilidades, la defensa y el
desarrollo de la cultura vasca, reunión de signos característicos
de nuestra personalidad.
Recordando las persecuciones constantes que, desde la
cuna al cementerio, ha realizado y sigue realizando contra nuestra cultura
la dictadura franquista, persecuciones que han llegado en lo personal
al asesinato de defensores de esa cultura y, en lo colectivo, a todas
las formas de atropello y, entre otras, a ignorar la Universidad vasca
fundada por el Gobierno de Euzkadi, la Sección Cultural de C.M.V.
protesta enérgicamente contra esa especie de genocidio monstruoso.
Al considerar la situación crítica que
la vida del Euskera atraviesa en la propia Euzkadi debida en parte a la
desidia de quienes más interés debieran tener en conservarla
y, dándose cuenta de lo urgente de la preparación de un
plan de defensa rapidísima de nuestra lengua, la Sección
Cultural recomienda la inmediata constitución de una comisión
que, reuniendo las iniciativas expuestas en este Congreso, organice dentro
del cuadro general del fomento de la cultura vasca, con carácter
de prioridad, un programa efectivo para la salvación de la lengua
vasca. Esta omisión, una vez formada, debe tener vida autónoma
en razón exclusiva de su mayor eficacia”.
Cuando se finalizó el Congreso celebrado entre
el 23 de septiembre y el 1 de octubre de 1956 en el Palacio D’Orsay
de París el Lehendakari consideró que había logrado
la meta que se había propuesto en su llamamiento para una consulta
con los agentes más inquietos de la sociedad vasca del momento,
algunos actuando en cerrada clandestinidad, para que el Gobierno Vasco,
responsable de la política vasca, sacara provecho para su labor
futura.
LA HISTORIA VASCA QUE ESTABA
ESCRIBIENDO
Ningún historiador mejor que Ildefonso Gurrutxaga
para hacer un trabajo conjunto con el Lehendakari dedicado a conocer y
divulgar la historia vasca. Gurrutxaga que fue Fiscal del Gobierno Vasco
pero que por sobre todo fue uno de los mejores historiadores que ha dado
Euzkadi siguió desde el exilio colaborando con el Lehendakari.
Tras el fallecimiento de Aguirre en 1960 escribió
una reflexión sobre esta faceta cultural del Lehendakari de la
que nos resistimos a dejar de reseñarla por su importancia. Escribió
así Gurrutxaga:
“Entre las muchas labores que realizó José
Antonio de Aguirre hay una que le llevó muchas horas y que sin
embargo es poco conocida: es la Historia del pueblo vasco que estaba escribiendo
y quedó a medio hacer cuando le sorprendió la muerte.
Un libro de historia vasca escrita con criterio moderno
y no muy extenso es una necesidad sentida desde hace tiempo y que nadie
la ha satisfecho hasta ahora. Aguirre a causa de su entrega a la resolución
de los problemas del país captaba como pocos esa necesidad. Sabía
que el conocimiento de la historia propia desarrolla en los pueblos la
conciencia de su ser y da asimismo al dirigente político una perspectiva
de lo que pasa al presente y cierta previsión del futuro. Las circunstancias
le hicieron concebir al Lehendakari la idea de que fuese él quien
escribiese la obra esperada, cuando en el año 1941, después
de escapado de Berlín y llegado a Nueva York, fue nombrado profesor
de la Universidad de Columbia y encargado de una cátedra de cultura
e historia vascas. Entonces adquirió con una editorial norteamericana
el compromiso de escribir en un plazo corto un libro de historia vasca,
que no debería exceder de las trescientas páginas, Aguirre
acometió el trabajo con su peculiar empeño; pidió
colaboración a algunos amigos, pero el peso mayor cargó
sobre sus espaldas.
Al abandonar Nueva York y regresar a Europa en 1945 tenía
ya una primera redacción de la obra, desde la prehistoria hasta
el siglo XIII; pero su probidad científica le hizo no conformarse
con lo hecho y volvió a rehacerlo. Los años siguientes fueron
de gran actividad política, y por lo tanto poco favorables para
las labores como las de historiador y que requieren sosiego y absorben
muchas horas. Sin embargo siguió Aguirre dedicando a la historia
el mayor tiempo que pudo y la obra fue avanzando aunque penosamente. Dio
una segunda redacción al trabajo y lo amplió hasta fines
de la Edad Media. Vino luego una tercera redacción de varios capítulos
y aún un cuarto retoque de algunas páginas. En este estado
le sorprendió la muerte el 22 de marzo de 1960.
Del trabajo realizado nos quedan ahora en limpio quinientas
veinte cuartillas escritas a máquina a doble espacio. Pero, como
decimos, la obra estaba en plena elaboración y transformación.
Así se ve por las tiras de papel escritas a mano que aparecen intercaladas
entre dichas cuartillas, en las que se dice que se vuelva a revisar, a
quitar rotundidad a algunos pasajes, a intercalar páginas o a investigar
de nuevo algunos hechos por conversaciones tenidas con el autor sabemos
también que lo escrito no lo consideraba definitivo.
Hemos creído que el fruto de tan penoso esfuerzo
hecho, aunque inacabado, no podría quedar en el olvido, ni destinado
a ser un triste atado de papeles en la sección de manuscritos de
una biblioteca. Por eso en la Editorial EKIN de la Argentina publicamos
un capítulo de la obra, el que a nuestro parecer era el más
maduro y el que reflejaba mejor la personalidad del autor y las preocupaciones
que vivió los últimos años; es el dedicado al reinado
de Sancho el Fuerte y al fin de la Dinastía Pirenaica.
Decimos que es el capítulo de más sello
personal del autor, en donde se reflejan las preocupaciones que tenía
al momento de escribirlo; esto no quiere decir que éste escrito
tendenciosamente, hoy está reconocido por todos que la historia
no puede separarse del historiador, lo cual no rebaja el valor de la Historia
en relación a las otras ciencias exactas y físico naturales.
Junto al elemento objetivo que lo da la realidad, está el subjetivo
que pone el científico y que no es posible eliminarlo totalmente.
Al leerse pues el capítulo publicado, unas 65 páginas, podemos
ver a Aguirre y su tiempo.
Hay cierto paralelismo entre las vicisitudes del reinado
de Sancho el Fuerte y los años que le cupo en suerte a Aguirre
como dirigente del pueblo vasco. Entonces, como recientemente, se desataron
en Europa grandes huracanes bélicos que arrasaron muchas estructuras
sociales y políticas: y el pequeño pero duro pueblo vasco,
lucha a brazo partido para no desaparecer. En uno y otro caso lo internacional
tiene en muchos momentos un papel preponderante, la suerte de los vascos
se juega muy lejos de su tierra; pero también, actos y hechos que
ocurren en el país tienen resonancia internacional. Por otra parte
los hechos ocurridos entonces, están pesando todavía hoy,
por ejemplo, la separación de Guipúzcoa y Alaba de Nabarra,
así como la de Bizkaia, que si bien se segregó en el reinado
anterior, consolidó la separación de ésta durante
éste. Todo ello hace que Aguirre estudie dicho reinado con cariño
especial dándole una extensión excepcional, en relación
a otros reinados, y que se fija casi exclusivamente en el aspecto internacional.
Son interesantes y no dejan de tener belleza artística
los distintos cuadros que presentan de las fuerzas internacionales en
juego y las reacciones en cadena que se producen: güelfos y gibelinos;
papales e imperiales; angevinos, capetos, y Hohenstaufen; ingleses y franceses;
cristianos y musulmanes; cruzados, albigenses y turcos; en lo interno,
la pugna de Bizkaias y Guevaras. De trascendencia internacional a la tenaz
resistencia de la ciudad de Vitoria a las armas de Alfonso VIII, de Castilla,
aunque al fin la rinden el año 1200, pues inmovilizó largo
tiempo a los sitiadores que no pueden marchar camino de Francia a ayudar
a sus aliados. En cambio, de gran importancia en el porvenir de los vascos
a la batalla de Bouvines, que se dio en el Norte de Francia en año
1214. ¿Quién no ve ciertas afinidades entre todas estas
marañas y la embrollada vida nacional e internacional que le tocó
vivir a Aguirre?
En las melancólicas reflexiones que hace al final
del capítulo, cuando escribe que Sancho el Fuerte ayudó
a los reyes vecinos y aún no vecinos, como el emperador de Marruecos,
a mantener sus dominios y coronas y él en cambio se encontró
a la postre con su reino territorialmente disminuido por usurpación
de uno de los reyes beneficiarios de su ayuda: ¿Quién no
ve un paralelismo de ánimo? El Lehendakari, aparentemente optimista,
se veía en los últimos años como el buen rey vasco
del siglo XIII, con un fondo de amargura, al ver que Euzkadi, leal a la
República española, a los aliados de la Gran Guerra y a
la Iglesia, estaba olvidada de todos. Podemos aplicarles las palabras
que él escribe de Sancho el Fuerte: “Representaba ciertamente
el destino de sus pueblos en aquéllos trágicos días”.
Aguirre llevaba camino de político-historiador,
del que hay tantos ejemplos en la historia desde la Antigüedad hasta
Churchill. Así como el estudio del pasado ayuda a explicar el presente,
el conocimiento del presente ayuda a comprender el pasado. De ahí
que el político gran conocedor del presente que vive, se halla
en condiciones óptimas para ser historiador moderno del pueblo
vasco. Pero al azar, tan poco amigo de los vascos, nos jugó una
vez más una mala partida, privándonos de él prematuramente. |