Apareció hace mucho
tiempo, en 1944 en Buenos Aires el libro de Castelao “Sempre en
Galiza”, que causó fuerte impresión, no sólo
entre los gallegos residentes en la Argentina, sino también en
todos los exiliados vascos y españoles. Conviene recordarlo pues
tiene mucha miga actual.
Este libro –más de 400 páginas en formato grande-
es un documento de gran valor para cuantos se interesen en el problema
que comporta la existencia de las nacionalidades, pues, aun cuando se
refiere en particular a Galicia, contiene páginas de trascendencia
general.
El estilo, el propio de Castelao, es muy ameno, salpicado de frases
llenas de humor, anécdotas e imágenes que hacen fácil
y agradable su lectura.
Su contenido, rico en enseñanzas para todos, es un canto a Galicia,
con expresión histórica de su derecho a la libertad y relación
de daños y ultrajes recibidos; así como una exposición
demostrativa del fracaso de Castilla como rectora de los pueblos peninsulares.
Y, a modo de colofón a todo ello, señala la disposición
de los gallegos a concurrir a una solución confederal de la península,
integrada por Castilla, Catalunya, Euzkadi y Galicia, atribuyendo a esta
última la misión de incorporar a Portugal a este conjunto
de nacionalidades. El actual debate no es más una resaca del inmediato
ayer.
La dialéctica empleada por Castelao, era irreprochable, y las
citas históricas, concluyentes.
En resumen: un documento de gran valor, no sólo para justificar
y defender las aspiraciones de Galicia, sino para considerar en toda su
importancia y resolver en justicia el problema que entraña la presencia
de las naciones peninsulares y la necesidad de proveer, mediante el respeto
debido a todas ellas, al obligado concierto de sus intereses materiales
y espirituales, en un apuesta de libre adhesión. Todo esto dicho
hace sesenta años.
Como homenaje al libro que nos ocupa, así como en el propósito
de estimular su lectura, copiamos algunos párrafos que, si no bastan
para dar una idea completa de la obra de Castelao, si servirán
para hacer conocer puntos de vista de interés, que esperamos permitirán
al lector penetrar en la importancia y valor del libro que le recomendamos
y de la visión gallega sobre Castilla. Y, además, se lee
muy fácil.
Decía así:
“No se puede negar que había en todos los republicanos
españoles un afán de considerar a Galicia como una madriguera
de reaccionarios, sin más fundamento que la mala ley que nos tienen.
Ningún antifascista se acordó de citar a Valladolid, pongo
por caso de madriguera reaccionaria. No; sobre Castilla no podía
caer ningún palo, sabiendo a ciencia cierta que fue la matriz antidemocrática.
Los “nacionalistas” hicieron un mapa de las partes que se
entregaron sin resistencia, en demostración de la lealtad de Castilla
y de su “voluntad de Imperio”. Ni durante la guerra fueron
capaces (se refiere a los republicanos) de comprendernos y estimarnos”.”
“Su tema preferido consistía en llamarse progresistas y
en acusar de retrógrados a los que no soportaban su ley. Combatían
a los vascos por reaccionarios; a los gallegos, por reaccionarios; a los
catalanes, por reaccionarios. Y a todo esto, las izquierdas y el mismo
proletariado servían y seguían la hipócrita y taimada
acusación de los centralistas. Podemos decir más: estas
fuerzas luchaban a codazos para ponerse a la vanguardia del movimiento
uniformista. La España castellana, que dentro del marco geográfico
y cultural de Europa era extremo simétrico del Imperio Turco, se
empeñó en considerar a Cataluña, Euzkadi y Galicia
como países retrógrados. No se daría nada más
risible si no existiera un ejército regular y la Guardia Civil
par defender esta hipocresía, esta ficción, esta falsedad”.
“A toda España se le hizo creer que los gallegos éramos
gente inferior, sin capacidad para el ejercicio de las artes y de las
letras, y que nos oponíamos a los designios civilizadores de Castilla
sólo por servir y sostener el bandidaje de los señores feudales;
pero a nadie se le dijo que contaban con instituciones forales que concedían
a los labriegos un comienzo de propiedad, base de los actuales minifundios,
mientras que en la España castellana y en el España reconquistada
por los castellanos a los moros, perdura el latifundismo feudal, y los
labriegos aún son siervos, incapaces de regir sus propiedades”.
“A toda España se le hizo creer que los vascos defendieron
a don Carlos por simple fanatismo religioso, y que opusieron su ferocidad
de sentimientos al liberalismo iniciado en las Cortes de Cádiz,
armando tres guerras civiles con el exclusivo objeto de restaurar la Monarquía
despótica; pero a nadie se le dijo que los pseudo-liberales querían
abolir los Fueros Vascos y arrasar, en nombre de Castilla, la nación
más original de Europa”.”No es cierto que la intransigencia
de las “derechas” y de las “izquierdas” sea un
hecho irremediable de España, pues sólo es un hecho de castellanización
del Estado y acabaría el día en que Cataluña, Euzkadi
y Galicia fuesen libres y pudieran contrarrestar esa hegemonía”.
LOS CUARTELES ESPAÑOLES
“La bravura de los militares españoles era el miedo que
metía miedo. El cuartel era un convento donde se juraba, se blasfemaba,
se conspiraba contra el gobierno, se pelaban patatas y se tocaba la corneta.
Los militares usaban bigote y padecían de catarro crónico.
Se adornaban con plumas, charoles, hierros y botones dorados, para enamorar
a las mujeres. Gustaban más de procesiones que de batallas. Perdían
las guerras, eso es verdad, pero las perdían “gloriosamente”.
Eran caballeros en el Casino y arrieros en el hogar. Llegaban a generales
por riguroso turno de antigüedad y morían de prostatitis crónica.
Se arruinaron comprando “marcos” y continuaban germanófilos”.
“El catolicismo español era una flor de trapo. Los clérigos
eran desertores de la agricultura. Cantaban “flamenco” en
vez de “gregoriano”. Vivían a costa del purgatorio
y morían de indigestión o de apoplejía. Los clericales
ponían en la puerta de su casa una efigie del Corazón de
Jesús estampada en hojalata. Dentro del hogar vivían aconchabados
con los siete pecados capitales. Compraban indulgencias y prestaban dinero
al cien por cien. Por algo Dios dejó quemar las iglesias”.
“Estoy por decir que muchos republicanos sintieron el derrumbamiento
de la Monarquía porque vivían exclusivamente de combatirla”.
“Si vamos al País Vasco nos encontraremos con un caso semejante,
pero más admirable. No es que Euzkadi sea antimilitarista; es que
siente incompatibilidad con los uniformes del Ejército español,
al que odia cordialmente. Los capitalistas vascos crearon un gran poder
financiero, incompatible con la pereza del capitalismo español,
de cuya pereza ellos saben aprovecharse. Cierto que se dividían
en carlistas, dinásticos y nacionalistas, pero todos juntos rechazaban
el programa de la Falange Española. En cuanto a los católicos
y al clero de Euzkadi, bien demostraron su incompatibilidad con los reaccionarios
de secano”.
“Todo esto quiere decir que las tres nacionalidades avasalladas
eran los baluartes de la República, los soportes de la verdadera
libertad, y en ellas descansaría segura y firme, si los republicanos
no fuesen ciegos y … centralistas.
“El caso de Euzkadi es más sencillo y más fuerte.
El renacimiento vasco fue iniciado por la acción del Partido Nacionalista,
creado por Sabino Arana en 1895. Las bases doctrinales del nacionalismo
vasco contienen afirmaciones rotundas, encaminadas a enmendar el error
carlista, y sólo confiadas a la virtud y fortaleza del pueblo.
Euzkadi es la única nacionalidad hispana que se funda principalmente
en las características de pueblo, y por lo tanto en la acción.
No hay duda de que el País Vasco es también un “hecho
de voluntad”; pero más permanente que el de Cataluña,
porque se siente invulnerable a las contingencias políticas de
España”.
“Sólo se quisieron atender las demandas abrumadoras de
Cataluña y disfrazóse la concesión con prerrogativas
generales que no se pensaban cumplir”.
“Los Estados autonómicos fueron considerados como recurso
terapéutico, y no como solución liberal para soldar los
diferentes pueblos que integran España”.
“El aplazamiento de las autonomías –por culpa de
los trámites inventados para prolongar el sistema unitario- desintegró
a Navarra del País Vasco, retrasando en cinco años la fortificación
de un baluarte seguro de la democracia”.
“Los gobernantes provisionales de la República carecían
de un plan de organización del Estado, y no tenían aliento
para formarlo, y por no atreverse a resolver por decreto –pongo
por caso- los simples problemas de justicia social, convocaron a toda
prisa unas Cortes constituyentes, disfrazando con escrúpulos de
leguleyo lo que en el fondo era indecisión, incapacidad y cobardía”.
IBA A SER UNA REPÚBLICA FEDERAL
“Me acuerdo de la noche en que se planteó el problema de
la estructuración de la República, cuando la mayoría
de los diputados nos disponíamos a votar a favor del sistema federal.
Aquella votación hubiera sido absolutamente sincera porque fue
promovida por una enmienda de alcance insospechado, que cogió de
improviso a los valedores del Parlamento. Tan poca importancia se le dio
a esta enmienda que el “banco azul” estaba desierto de ministros.
Me acuerdo de que se levantó Santiago Alba y acoquinó a
los diputados haciéndoles ver la sorpresa qur recibiría
el presidente del Consejo de Ministros, al día siguiente cuando
leyese en los diarios de la mañana que la República ya no
era unitaria. Los expertos diputados de la Monarquía convencieron
a los diputados novicios, y la votación se aplazó hasta
conocer el criterio del Gobierno. Y así fue como las Cortes que
hubieron dicho “sí”, dijeron “no”.
“Aprobóse, por fín (el Estatuto vasco) el día
1 de octubre de 1936, y no por mayoría de votos, sino por aclamación.
Se evitó la tan temida controversia porque era necesario contentar
a los vascos y estimularlos para que defendieran la República”.
“Acabáronse los Estatutos restringidos y regateados, que
dejan vivos los viejos resentimiento y no curan las mutuas desconfianzas.
Tampoco aceptamos que cualquier provincia o provincias limítrofes
tengan derecho a reclamar un Estatuto autonómico. Para nosotros
no hay más que una república viable: la que se basa en el
libre consentimiento de las nacionalidades que integran España.
Damos por bien muertas a la primera y segunda República y esperamos
a la tercera. Esta tercera República será federal si quiere
ser definitiva”.
“Yo creía que la posibilidad de que los españoles
mudasen de pensamiento dependía de que mudasen de clima, pero ni
aún así. Perdieron una guerra civil y armaron otra en seguida
porque no son capaces de convivir consigo mismo. Y como yo estoy exento
de responsabilidades y de complicidades, me veo obligado a decir que sólo
vivo para Galicia, y que sólo confío en la cordura de los
gallegos”.
“No aceptamos que se nos señale la obligación de
luchar por la República española “porque ella va a
ser la que nos conceda el Estatuto autonómico”, como dicen
los republicanos de secano, pues somos nosotros, junto con los vascos,
catalanes y demás pueblos hispánicos los que crearemos la
unidad superior de todos los españoles, es decir, la República”.
“Lo que más nos duele es que los compañeros de destierro
siguen soñando con la República del 31, causa indirecta
de nuestro dolor”.
“El caso es que todos pensamos volver en cuanto podamos, y que
la mayor parte de los desterrados cree que seremos recibidos con palmas
y aclamaciones del pueblo. Yo, por lo menos, no lo creo así. Mucho
más que nosotros –los que vivimos en América- está
sufriendo la gente de España, que no tiene pan, ni ropa, ni sosiego,
ni libertad. No hay peor destierro que el que se sufre en el propio país”.
CASTILLA ES COMO PRUSIA
“No hay manera de hacerles ver que los refugiados tenemos derecho
a ponernos de acuerdo para llevarnos a España un plan bien meditado
y capaz de merecer la aprobación del pueblo. Y como ellos se privan
de toda discusión provechosa, quieren que los gallegos, los vascos
y los catalanes imitemos su proceder. La discusión que más
temen es la que se refiere a los hechos diferenciales y a la consiguiente
estructura del estado de mañana. Aplazan esa discusión para
cuando se vean en campo propio y asistidos por el ambiente de la región
mayoritaria. No les conviene discutir con nosotros en terreno neutral
y expuestos a confesar su empedernido centralismo. Les resulta más
cómodo discutir con nosotros en Madrid y ganarnos una votación
en el Parlamento”.
“Llegan a decir que el problema gallego, igual que el vasco y
el catalán, depende de la solución que acuerde la mayoría
de los españoles. ¡Estábamos aviados!. No. La voluntad
de los españoles debe consultarse para resolver los problemas generales
de España; pero, en justicia, sólo Galicia debe resolver
sus asuntos privados, como es dueña de tomar la posición
que se le antoje frente a los demás españoles”.
“Lo que pasa es que no quieren cambiar la opinión unitaria
en opinión federal, porque ellos son unitarios y centralistas”.
“El ruralismo gallego venció al terror clásico que
nos acechaba desde el bosque y desde el mar; pero Castilla, sin bosques
y sin mares, vive aún en sus ciudades, en un urbanismo creado por
el medio y mantenido por epopeyas vanidosas, dentro de un Estado-poder
que nunca será un Estado-nación”.
“A los pueblos y a las tierras hay que juzgarlos en toda la hondura
que tienen y no hay duda de que la Galicia actual comienza en las edades
prehistóricas, así como las formas actuales de Castilla,
incluso el paisaje, tienen su nacimiento en los últimos períodos
de la reconquista. Imaginémonos una resurrección de los
muertos de hace mil años: un gallego reconocería a su tierra;
un castellano no sabría decir dónde estaba”.
“Podemos afirmar, con palabras de Otero Pedrayo, que “si
en el mapa de la conciencia moderna Roma es la fuerza, París la
escuela, Florencia la gracia y Londres el orden, Santiago es la fe”;
pero después pregunto yo: ¿Qué representa Madrid
en la conciencia del mundo?. Nada.”
“Nuestro genio creador marcaba a los varones hazañosos
de Galicia el camino que debían seguir, y éste no era otro
que el de unirse a Portugal en vez de ayudar a Castilla. La grandeza histórica
de Portugal nos hace ver hoy lo que significaría para España
una restauración de la antigua unidad galaica, -la de los tiempos
romanos y suevos-, pues ahora estarían coordinadas las variedades
hispánicas en un Estado europeo, principalmente atlántico.
De Castilla y de los módulos castellanos sólo podría
salir la España que estamos viendo y padeciendo”.
“… sirva como ejemplo la influencia de Roma, que con ser
tan imperiosa no pudo atacar la lengua vasca y originó varios dialectos,
de los que aún quedan tres: el castellano, el catalán y
el gallego”.
“Pero Castilla rompió, sin darse cuenta, la unificación
hispana que se estaba formando espontáneamente, y hoy es el gran
obstáculo para que lleguemos a la unidad pactada; creó resentimientos
incurables en Portugal y Cataluña, y después de cuatro siglos
de torpezas, ejercidas sobre Euzkadi y Galicia, aún hoy pretende
que todos los españoles seamos castellanos”.
“Castilla se afincó en conceptos cerrados, omnipotentes,
intangibles; fulminó castigos y excomuniones; impuso un catolicismo
más intolerante que el de Roma; declaróse, por medio de
la Inquisición, proveedora general de la felicidad ultraterrena;
suprimió, siempre que pudo, las soberanías ajenas; usurpó
los poderes; propuso, en fín, la posibilidad de fusión o
de acoplamiento de las realidades –lenguas, culturas, derechos,
tradiciones, haciendas- al propósito de ser dueña y señora
de España. La unidad, por lo visto, ni estaba en armonizar todo
cuanto fuese español, es decir, propio de los diferentes pueblos
que habitaban la península; estaba en la imposición de todo
cuanto fuese castellano y propio de los castellanos. Y como Castilla fue
engendrada y parida en el estruendo guerrero de la Reconquista, siempre
consideraron indigno de su prosapia manejar el arado y fecundar la tierra.
Castilla, dueña y señora de España, recibió
en herencia inesperada la mitad de Europa y ganó, por un descubrimiento
casual, el mundo fabuloso de las Américas. Pues bien, la España
centralista perdió todo cuanto tuvo y ni siquiera pudo preservar
la integridad de la península”.
NO QUEREMOS PEDIR PERMISO A NADIE
“El gallego es la forma más antigua de las lenguas neolatinas
de España y la primera que alcanzó un pleno desarrollo literario.
¿No es, pues, una impudicia negarle al gallego el carácter
de idioma cuando no se le regatea al castellano?”.
“La poderosa particularidad de Castilla frustró la nacionalidad
hispana iniciada en los tiempos visigodos, y la lengua gallega, con todas
sus disposiciones culturales, tuvo que retornar a los patrios lares, donde
aún vive, al margen de esa entelequia que se viene llamando “nación
española”.
“Los gallegos no discutimos el derecho de Galicia a ser una nacionalidad,
porque Galicia ya es una nacionalidad. Discutimos los derechos que como
tal se le deben y ejercemos un deber cuando reclamamos ese derecho”.
“Cuando entramos en la esfera del espíritu, nos sentimos
cada vez más “nacionalistas, es decir, más apartados
del espíritu de Castilla. Somos generosos ante España y
lo seríamos mucho más ante un estado peninsular organizado
en régimen federal; pero somos intransigentes antes Castilla. Somos
en fin, verdaderos “nacionalistas”.
“Frente a la política asimilista de los castellanos no
nos queda más que un recurso: oponer una recia acción nacionalista.
La intransigencia de los gallegos, frente a la intolerancia de Castilla
es un acto de indeclinable dignidad”.
“Los “nacionalistas” gallegos salimos del “regionalismo”
por considerarlo impreciso y, por ello, favorable a toda clase de embrollos
y extravíos; defendemos como principio general la soberanía
de todas las nacionalidades y reclamamos para Galicia las garantías
de su libre desarrollo y de su fecundidad; denunciamos al Estado español
como instrumento de la política absorbente de Castilla, y como
perturbador de la vida pública; negamos que la unidad española
fuese, en su origen y desarrollo, establecida por la voluntad histórica
de todos los grupos; afirmamos, que la heterogeneidad de las fuerzas étnicas
de España son la mejor riqueza para un Estado capaz de estimarlas
y aprovecharlas. Los “nacionalistas” gallegos vemos que el
Estado español es una organización teórica, un ente
abstracto sin pies ni cabeza”.
“Los catalanes, los gallegos y los vascos serían antiespañoles
si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son
patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra.
Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán
que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto
cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego,
a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera
ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas
les llaman “buenos españoles”, “modelo de patriotas”,
cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que
les dio el ser. ¡Estos si que son separatistas”
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