El día en el que el
presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach entregaba en unas
pastilla cibernética a Marín conteniendo el texto de la
reforma del estatuto catalán tuve que ir al congreso de los diputados
encontrándome en la entrada con Artur Mas que, eufórico,
me dijo: ¡Mira la que hemos organizado!. Allí estaban todos
los diputados de CIU diciéndome que Mas se había fortalecido
con la operación tanto dentro como fuera de su partido.
Tras felicitarles por el momentáneo éxito y recordarles
lo que nos había dicho Chus Viana en 1979 “os espero en la
Carrera de San Jerónimo”, salí a esa calle entre los
gritos de “¡Viva España!” y otras lindezas que
me dedicaban una serie de fachas que, como comité de recepción,
habían ido a recibir a Benach. En enero había ocurrido algo
parecido con Juan M. Atutxa y, curiosamente, ese día el ex presidente
del parlamento Vasco era noticia en todos los periódicos porque
la víspera había presentado su renuncia al acta de parlamentario.
El oleaje había comenzado y los periódicos y las radios
de la derecha montaraz bramaban contra el estatut y anunciaban que en
Navidades se iba a vender menos cava que otros años. Ya el rey
en la academia militar de Zaragoza, el jefe del ejército en un
desayuno informativo y el presidente del Tribunal Superior, ninguno de
ellos elegido en sufragio universal, habían hecho cantos a la unidad
de la patria y a “la indisoluble unidad de España, patria
común e indivisible de todos los españoles” como reza
su artículo primero.
Ese mismo día fui con Pera Macías a Vicalvaro donde Cope-televisión
tiene un estudio, bastante cutre por cierto, para hablar de si España
se rompe o no. Además de la periodista que dirigía el programa,
Cristina López Schlessting, que ese día inauguraba ese debate
de los miércoles y que al parecer lo ven unas cuatrocientas mil
personas, estaba el periodista de La Razón, Sentís, Isabel
San Sebastián, vieja conocida de la casa, Jorge Fernández
del PP y un tipo con aspecto de malo de cuento infantil, antiguo hippy,
profesor en la Universidad de Barcelona y presidente de un Foro de defensa
del castellano-hablante. De apellido Caja el hombre se desencajaba ante
cualquier comentario y apelaba a que nosotros éramos nacionalistas
y él constitucionalista.
A mí se me ocurrió decir que en 1978 había solo
dos reivindicaciones, la catalana y la vasca y que luego se generalizó
para embridarnos y que allí no solo éramos nacionalistas
Macías y yo, sino todos. ¡Que fue aquello!. Al unísono
se me echaron a la yugular diciéndome que éramos una minoría,
que ellos son más, que hay un ordenamiento constitucional, que
no queremos respetar, que nos creemos más que los demás.......
Mientras Macías argumentaba serenamente, yo les provocaba y me
lo pasaba pipa. Les dije que si de número se trataba, lo mejor
sería que todos aprendiéramos el chino y fuéramos
todos chinos, porque desde luego son más. Casi 1.500 millones frente
a cuarenta escasos españoles y además hay mucha gente que
no quiere ser español.
Al volver en coche con Macías calibrábamos la sesión.
Ellos tienen ahora necesidad de explicar pedagógicamente lo aprobado
mientras el PSOE quiere el debate en el Congreso cuanto antes. Y lo será
en noviembre. Frente al Lehendakari que fue solo, ellos estarán
Mas, Carod Rovira y Manuela de la Madre, que se perfila como posible sustituta
de Maragall.
Pérez Rubalcaba comentaba el otro día que lo que habían
hecho en Catalunya era como si el PSE en Euzkadi hubiera pactado con Batasuna
en el Parlamento Vasco y ahora presentaran ese Estatuto en Madrid. Es
decir. Mataron el tigre y se asustaron con la piel. Y todo por Maragall
a quién crucificarían en una sesión de magia negra.
Me comentaban también que el día de la aprobación
de la reforma estatutaria y el posterior canto del “Els Segador”,
había tres caras transpuestas: la de Piqué, la de Carod
y la de Durán.
A los Vascos no nos admitieron a trámite en febrero la reforma.
Nos dieron con la puerta en las narices. Lo que no pudo hacer Chus Viana
en 1979 en la Carrera de San Jerónimo, no se lo harán a
los catalanes porque la coyuntura para el PSOE es distinta ya que necesita
los votos de ERC para vivir. El problema está en que como nos dijo
Daniel Inerarity, a Zapatero le gusta improvisar, no tener diseño
de las cosas. Puede que le salga bien y puede que los catalanes mejoren
sustancialmente. Bien estará si bien termina. Pero el oleaje llegará
al tsunami si tocan las esencias y si tocan los intereses de Madrid capital.
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