O debería serlo. Según
Mac Luhan.
Me acordé de esta reflexión de aquel profesor de Berkeley
cuando el miércoles 24 les vi a Juan Mari Atutxa, Conchi Bilbao
y Gorka Knörr, en el banquillo de los acusados. Casi casi como a
Sadam Hussein.
Estaba yo en Madrid y vi la información sobre el juicio en Tele
Cinco y TVE y, poniéndome en los zapatos de un madrileño
pensé: “sabemos quién es Atutxa. Sabemos que no es
un mangante ni un terrorista. Está hablando una lengua que no entiendo
ni papa. Parece un juicio de película. Atutxa dice que no pudo
obedecer al Supremo. Ojalá pase cuanto antes todo esto. Me parece
lamentable esta escena. Los vascos le van a sacar provecho. Se van a sentir
agredidos”.
Esa reflexión se la habrá hecho la mayor parte de gente
española de buena voluntad..
La gente de derechas o las gentes de mente retorcida habrán pensado:”
ahí está Atutxa actuando. ¿Por qué no habla
en castellano?. Estos del PNV son todos iguales. No aceptan la justicia
española. EL PNV y Batasuna son la misma cosa. Mira cómo
se echan una mano unos a otros”.
Yo, por mi parte pensaba: “Me encanta que la gente no entienda
nada de lo que dice Atutxa y si lo hace es porque están poniendo
la traducción en letras, abajo. Se darán cuenta que somos
diferentes. Atutxa se expresa con credibilidad. Que los tengan en el banquillo
de los acusados tiene bemoles. Esto está tan embarullado que nadie
sabe por qué se les juzga a los tres de la Mesa del Parlamento
Vasco. No me imagino ni a Marín ni a Rojo en el banquillo porque
hayan desobedecido a un juez que les haya dicho cómo se tiene que
organizar internamente el Congreso o el Senado. Nos faltan medios para
haber vendido la almendra de lo que ocurre: que la Mesa, con todo derecho,
no pasó a Otegui y los suyos del Grupo parlamentario de Batasuna
al Grupo Mixto. Ese es todo el delito. Hay tanta hojarasca y tanto ruido
que parecía que Atutxa ha contaminado de gripe aviar a media humanidad.
Y es algo tan inocuo como eso”.
Pero esa imagen de Atutxa, de pie, hablando convincentemente en euskera,
era poderosa. Y el medio, que es el mensaje, nos decía que todo
aquello era una desmesura, sobre todo cuando uno veía a Carmelo
Barrio, del PP, miembro asimismo de la Mesa, que en lugar de inhibirse,
acusaba a sus otros compañeros con una saña digna de mejor
causa. Algo indecente e increíble en una sociedad democrática
de valores. Luego se quejará el PP que digamos que para ellos las
instituciones vascas no existen, y, casi, ni lo vasco. ¿Cómo
se puede caer tan bajo?.
Y hablando de imágenes. Ilustro este comentario con la fotografía
que nos sacamos en las elecciones para el Parlamento Vasco en 1984 en
el Parque de Doña Casilda. Éramos los jóvenes de
la candidatura. Atutxa era el mayor. Elisabete Bizkarralegorra estaba
en estado. Zalbidegoitia trabajaba en el Gobierno Vasco. Inmaculada Boneta
era afiliada del PNV. Zubia era director de transportes del Gobierno Vasco.
Éramos los jóvenes… ¡Madre mía!
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