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Franco murió hace
treinta años. Quiere decir que los menores de cuarenta y cinco
no tienen ni idea sobre quién fue éste general que sojuzgó
al país durante cuarenta.
En este aniversario poco se ha dicho de la represión franquista,
de los gulags de aquella dictadura, de la falta absoluta de libertad de
expresión, del culto ridículo a una personalidad banal,
del aislamiento internacional, de sus padres putativos Hitler y Mussolini,
de su mediocridad, de los robos de las grandes familias cuyos apellidos
siguen diciéndonos lo que hay que hacer, de las persecución
preferencial al euskera, gallego y catalán, de la pérdida
de los Conciertos para Gipuzkoa y Bizkaia por haber sido “provincias
traidoras” al Movimiento, de una Jerarquía Eclesiástica
que bendijo todo aquello como una Cruzada donde valía todo, de
los partes radiales, de la incautación de los Batzokis y Casas
de Pueblo, así como de haberlo dejado “atado y bien atado”
por un heredero que estaba junto a él en todos los actos de exaltación
a su dictadura. Ahora es “símbolo de la unidad y permanencia
de España”.
En toda esta sopa espesa, una voz se ha levantado y le ha pedido al rey
Juan Carlos que pida perdón en nombre del Estado por los crímenes
del franquismo. Se trata del presidente de la Asociación para la
Recuperación de la Memoria Histórica en Catalunya, Manuel
Perona. Ha hecho muy bien. Todavía Gernika espera algún
tipo de explicación que la Alemania democrática ya se la
ha dado.
¿No hemos quedado que aquí no hubo ruptura sino reforma?.
Pues bien. Si este estado es la continuación de aquel y de hecho
la Jefatura de Estado la ostenta quien fue designado por el Caudillo de
España por la Gracia de Dios, algo debería hacer este hombre
además de hablar de los nietos.
Franco fue el super malo. Juan Carlos I es hoy el super bueno. Esa es
la tónica de todos los programas especiales que se están
haciendo en el treinta aniversario del fallecimiento del dictador, así
como de los treinta de la entronización del rey.
Pero, ¿ante quién juró los Principios Fundamentales
del Movimiento recordando a su mentor cada dos párrafos?. Pues
ante unos Procuradores en Cortes elegidos de forma digital. Juan Carlos
I fue elegido rey ante unas Cortes franquistas. Eso es lo que se celebra
y recuerda como algo sublime. Alejandro Rodríguez de Valcarce,
presidente de aquellas Cortes antidemocráticas, tras la jura del
rey, dio aquel famoso grito: “Señores Procuradores, desde
la emoción en recuerdo a Franco, ¡Viva el Rey!”.
Esto, en un estado democrático, ¿es para celebrarlo?. ¿No
es mejor pasar un tupido velo ante semejante vergüenza?. Pues no.
Venga incienso.
La monarquía no fue sometida a consideración de los ciudadanos
de forma exenta. El pacto de la transición fue ese. Carrillo y
González aceptaron la monarquía propuesta por el dictador
a diferencia de lo ocurrido en Bélgica y en Italia tras la segunda
guerra mundial. En Bélgica ganó el “sí”.
En Italia ganó el “no”. En España ni se sabe.
Nos metieron la monarquía de matute en el referéndum constitucional
y ahí está y, para más escarnio, se celebra el treinta
aniversario de la entronización ante aquellas Cortes que se habían
pasado cuarenta años aplaudiendo al dictador y justificando sus
excesos y atropellos. Esa es la ejemplar transición española
de la dictadura a la democracia.
Es normal que en éste clima de exaltación acrítica
y patriótico propio de una sociedad blanda y sin valores claros,
Manuel Fraga, el presidente de honor del PP, haya dicho que el juicio
que le hará la historia a Franco será positivo. Lo dice
él que fue ministro con el general avalando el fusilamiento de
Julián Grimau. Para justificarlo lo ha hecho con esta aguda reflexión:
“el régimen no era fascista ni totalitario, sino solo autoritario”.
Con este criterio justifica una sublevación militar contra un gobierno
legítimo, una represión brutal, fusilamientos a mansalva,
exilios, represión continua y la entrada bajo palio en las iglesias.
Y es que, al parecer, aquel régimen no era fascista sino tan solo
autoritario. Lo dice Fraga. El presidente de honor del PP.
Al ser preguntado por las ejecuciones durante la dictadura, Fraga afirmó
que “en el juicio de Burgos fueron procesados algunos terroristas
y Franco pensaba que los que ponían bombas merecían la pena
de muerte”. Se olvida decir que el clamor internacional paró
aquellas ejecuciones no entendibles en un mundo civilizado pero que no
logró hacerlo en las de octubre de 1975, porque aquel dictador
murió matando. A su lado, en la Plaza de Oriente recibiendo los
vítores de todo el facherío ante aquella aberración,
¿quién estaba?. El Príncipe Juan Carlos. La persona
que hoy debería pedir perdón.
Fraga se queja de que Zapatero no esté respetando el “pacto
del olvido”, así lo llama, firmado por la izquierda y la
derecha, no por el PNV, durante la transición. Pero ese fue una
pacto entre Carrillo y González, que a nosotros no nos obliga porque
ese si que fue un pacto espúreo. Recuerdo cómo en la Asamblea
del PNV de Iruña en 1977, Julio Jáuregui verbalizó
nuestra postura: “aquí el único delito de sangre es
el de Franco y los franquistas y son ellos los que deben pedir perdón”.
Fraga concluyó sus declaraciones hechas en Roma diciendo que “Zapatero
guía una mayoría anómala, que nació de las
bombas de Al Queda y de una alianza con los separatistas catalanes y vascos
y que está negociando con ETA y se enfrenta a la Iglesia”.
Como se ve, Franco en estado puro.
El domingo pasado, aniversario de la muerte del general, el diario El
Mundo publicaba una encuesta sobre la Monarquía. Decía que
recibía un notable, lógico, cuando no se informa de sus
excesos y corruptelas, cacerías de osos, vacaciones y amoríos,
pero decía también, y eso le honra, que un 38% de jóvenes
prefiere la República. En Euzkadi sería el doble. De todas
maneras, un 40%, es mucho, sobre todo cuando alrededor de esta figura
y su familia no hay más que incienso.
En la encuesta se dice que su nivel de aceptación ha caído
ocho puntos en los últimos cinco años y se dispara hasta
un 68% , 23 puntos más que hace un lustro el porcentaje de quienes
opinan que la Monarquía resulta cara para las arcas del estado.
Y eso que no se sabe lo que gastan ya que no hay forma humana ni de control
parlamentario de saberlo. Y, lo mejor del caso, es que por primera vez
en un sondeo, hay ya un segmento de la población –los que
tienen de 18 a 29 años- que se sienten más republicanos
que monárquicos. Datos objetivos.
Esta es pues la realidad que se nos trata de ocultar mientras se habla
de privilegios autonómicos. Aquí los únicos privilegios
de verdad son los de esta Casa Real que viven sin dar cuenta parlamentaria,
y no la dan ante nadie en ésta democracia de baja calidad.
Vuelvo al principio.
Franco murió en la cama. ETA nació contra Franco y su régimen.
Mató a Carrero Blanco que era su primer ministro. Los demócratas
lo celebraron. Queda seguir estudiando el franquismo frente a los Fraga
y los Aznar, que no quieren que se hurgue en pasado tan vergonzoso.
Pero el rey Juan Carlos, designado por el dictador, vive y celebra su
entronización ante unas Cortes elegidas por el dictador.
¿No quedan demócratas en España, con una jerarquía
de valores bien puesta, para levantar la voz? ¿No creen ustedes
que el rey debería pedir perdón y no celebrar semejante
farsa?
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