El lunes siete de noviembre
se iniciaba el Debate sobre el Estado de las Autonomías en la Comisión
General de las Comunidades Autónomas en el viejo hemiciclo del
Senado. El Estamento de Próceres.
La víspera, en la Puerta del Sol, el Foro de Ermua convocaba
una manifestación en favor de la Unidad de España que al
parecer debe estar en peligro. Mucha gente del PP, Ana Botella, Esperanza
Aguirre y Gallardón incluidos, alguna ikurriña para dar
al asunto una nota de color sabiniana, y muchos ataques al nacionalismo
en una plaza llena. El españolismo emergente empieza a enseñar
la patita. Como dijo ese filósofo de pacotilla, Gustavo Bueno:
“La nación catalana es una entelequia y la nación
vasca es producto de unos dementes. ¿Vamos a permitir que las ideas
de unos dementes y de unos cursis nos invadan?”.
Ese día a Javier Rojo le habían elegido presidente del
PSE de Alava teniendo él que ceder los trastos de la secretaría
general a Charlie Prieto, un ex comunista de CC.OO. que ha debido formar
una candidatura de integración. Están en un momento dulce,
aunque aún seguía la resaca de la sesión del Congreso
sobre la admisión a trámite de la reforma del Estatut catalán
de la semana anterior aunque la verdadera noticia estaba en Francia con
la quema de vehículos y de empresas por parte de una emigración
no integrada en la satisfecha Europa.
Se conmemoraba, sin pena ni gloria, la vergonzosa estampida del ejército
español del Sahara hacía treinta años, con un Franco
moribundo y un Príncipe Juan Carlos que hizo lo contrario de lo
que dijo, terminando marchándose de allí, ignominiosamente
y con el rabo entre las piernas. Era asimismo noticia el fallecimiento
de quien fuera presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del
Poder, Carlos Federico Sainz de Robles, el hombre que se embarcó
con Roca en la Operación Reformista en 1986 y a quien Roca dejó
en la estacada de muy mala manera. Ese era el ambiente previo al Debate
en un Senado que parecía una olla presto por fuera y una bombonera
por dentro, como la Clínica Ruber con la presentación ese
día de una niña con los ojos cerrados que se llamará
Leonor y cuyo nacimiento interrumpió la jornada de caza de su abuelo
en Andalucía. ¡Olé por esta familia tan maja que pagamos
entre todos!
LOS CABALLOS DE BATALLA
Felipe González, en sus catorce años de gobierno, se sometió
una sola vez al Debate Autonómico en el Senado. José María
Aznar en 1997, al año de acceder al poder, hizo lo propio y luego
se olvidó. Zapatero, al año de su victoria electoral ha
hecho durante tres días lo que habían hecho sus antecesores.
Duró el lunes 7, martes 8 y miércoles 9 con un formato de
amplitud en los tiempos utilizados y la intervención de 16 presidentes
autonómicos, PP (siete más dos) y PSOE, y el pintoresco
caso del presidente cántabro, lo más parecido a un cantante
de boleros, más que a un presidente serio, que fueron quienes durante
esos tres días apoyaron o criticaron a Zapatero, mostraron su preocupación
o no por la reforma del Estatut, y secundaron o no la reforma del Senado,
con grandes apelaciones a la unidad de la patria.
Si en el Congreso cada año durante dos días se celebra
el llamado Debate sobre el Estado de la Nación, criterio actual
del gobierno y del PSOE va a ser consolidar éste debate de forma
anual al carecer las Comunidades Autónomas de foros adecuados para
exponer de forma general sus planteamientos. En el caso vasco no es que
se rechazan estos foros multilaterales, de hecho vamos a todas las Conferencias
Sectoriales, sino que habida cuenta de la singularidad vasca, somos partidarios
de la relación bilateral. Y he escrito singularidad vasca, una
de las bichas críticas recurrentes de los presidentes autonómicos
del PP en el debate. No se admite la singularidad. Pero ese argumento
fue pulverizado por el propio Zapatero al esgrimir el artículo
2 de la propia Constitución que “reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la
integran y la solidaridad entre ellas”.
Ese artículo 2 consagra las diferencias que el PP no admite.
“Nacionalidades y Regiones”. El PP argumentó que ellos
no quieren autonomías de primera y de segunda o como dijo el presidente
de Baleares, “un estado menguante frente a un estado emergente”.
En 1978, Fraga votó contra el Título VIII de la Constitución
el que trata de la Organización Territorial del Estado y ahora,
sus epígonos, quieren a todo el mundo uniformado con lo que están
en contra del artículo 2 de la propia Constitución. De su
sacrosanta Constitución.
Otro de los argumentos recurrentes fue que son las personas y no los
territorios los sujetos de derechos. Pues bien. Ese artículo 2
habla a las claras del “derecho a la autonomía de las nacionalidades
y regiones”. Segundo argumento pulverizado ya que no solo las personas
tienen deberes y derechos sino también los territorios.
Estos fueron los dos ejes en los que basó el PP su argumentación
política, junto a una crítica a tumba abierta a Zapatero
sobre la desmembración de España.
Sin embargo he de decir que siguiendo el debate, civilizado en las formas
y con buenas intervenciones por ambas partes, se constataba que hay una
incendiaria y dramatizada puesta en escena por parte de la derecha en
sus medios de comunicación pero cuando hablan los verdaderos protagonistas,
las cosas no son para tanto. Una vez más existe la distinción
entre la opinión pública y la publicada.
El tercer eje de debate fue la reforma del Senado. Ahí Zapatero
estuvo débil ya que no presentó borrador alguno sino la
remitió a un informe del Consejo de Estado, una reunión
de sesudos señores entre los que están desde Aznar, hasta
Herrero de Miñón, pasando por Landelino Lavilla que son
al parecer los que tienen que remitir un informe para que en base a él
se haga la reforma. El PP, con razón, argumentó que aquello
no era serio. “Traiga usted un proyecto, páselo por el Consejo
de Estado después y luego hablamos”. Y no les faltaba razón.
El problema está en que el PP no quiere reforma alguna y sin el
PP, no hay reforma posible, ya que no dan los votos. Se lo dijeron. Si
el presidente del gobierno no pacta el Estatuto de Cataluña con
el PP, no habrá reformas constitucionales, porque Rajoy las bloqueará.
Y como José Luis Rodríguez Zapatero prepara ya un acuerdo
con los partidos catalanes habrá Estatut, ya que basta mayoría
absoluta. Pero no se aprobará la reforma del Senado y quedarán
en el aire los otros tres cambios de la Constitución porque se
necesita el voto de los dos grandes partidos españoles. Tras más
de 40 horas de debate parlamentario en una semana, la ruptura entre PSOE
y PP ya no sólo afecta al Estatut, sino que pone en peligro de
muerte las proyectadas reformas constitucionales.
En el Debate, Zapatero avanzó algunas ideas sobre la reforma del
Senado. Desea que todo lo que afecte a las Comunidades Autónomas
tenga inicio y final en el Senado. Lo general, derechos y libertades,
en el Congreso. Pero no lo concretó. El problema de fondo es la
distinta concepción del propio estado. La propuesta del Parlamento
Vasco es en el fondo una propuesta confederal, cuestión ésta
no admitida ni por el PSOE, ni por el PP y si no se admite, como Suarez
lo admitió, esto no tiene solución. En 1978 había
en el estado español dos demandas claras de autogobierno: la vasca
y la catalana. Se amplió a la gallega al haber plebiscitado su
estatuto el 28 de junio de 1936. Son las llamadas nacionalidades históricas.
Las demás eran regiones. Ese era el invento. En el fondo una confederación
encubierta. Pero, ¿qué ocurrió?. El partidismo del
PSOE nacionalizó Andalucía, luego vino Valencia y Canarias
y ahora son nacionalidades históricas todas. Es decir. Nada de
café para todos sino achicoria para todos. Y ahí no entra
la solución del tema vasco. Esa es la madre del cordero.
ANDANADAS
Si uno quiere recibir en Madrid un curso avanzado de abertzalismo en
vena no tiene más que ir a una de estas sesiones, que no digo que
no sean buenas para el concepto del estado autonómico español
ni para el propio Senado, sino que son nefastas para un encaje de lo vasco
en esa relación amable de la que habla el Lehendakari. Porque amabilidad
hacia lo vasco no existió por parte de nadie. Más bien acritud.
Mencioné al presidente de Cantabria, un auténtico cantamañanas
que dijo que le habíamos robado a Santander su puerto y que Primo
de Rivera y Franco habían hecho mucho por su región. Ahí
estuvo también el presidente de la Rioja disparando con bala contra
las llamadas vacaciones fiscales. Ahí estuvo asimismo el vicepresidente
del gobierno extremeño leyendo las notas de un Rodríguez
Ibarra encamado por su infarto, poniéndonos a escurrir. Ahí
estuvo Miguel Sanz que no utilizó ni una sola vez el euskera, representando
a un territorio cuya “lingua navarrorum” es la vieja lengua
de los vascos. Para colmo lo único notable que aportó fue
la de pedir se reforme la Constitución y se quite de la misma la
transitoria cuarta que abre la posibilidad de una integración de
la CAV en Navarra o viceversa. Y ahí estuvo Zapatero que ni nos
mencionó cuando habló de las reformas de los estatutos y
cuando aludió a la acción parlamentario entre 1977 y 1979.
Rojo me decía que a Zapatero le gusta el mundo parlamentario.
Cuando fue a prometer el cargo en 2004 a la Zarzuela y le comentó
a Aznar que echaría en falta el trabajo parlamentario, Aznar extrañado
le dijo que nada como el Parlamento cuando se gobierna y se hace lo que
uno quiere. Al parecer, a ZP le va el rollo parlamentario, es decir, intervenir,
puntualizar, reflexionar en voz alta, usar la palabra en un bla, bla,
bla interminable. Se ha visto en este exhaustivo debate de tres días
a tope entre cuatro paredes. Al Zapa le va el rollo. Otro dato.
Otro es que hay que modificar este formato de 17 presidentes, o los
que sean, contando cuitas. Tiene que haber más debates sectoriales
y debates más cortos. Tres días en el Senado dándole
vueltas a la manivela, es un horror.
Pero lo llamativo también han sido dos cosas.
El debate no se televisó. Sí se hizo con el del Estatut
catalán. No con el de los presidentes autonómicos discutiendo
con el presidente del gobierno central. Algún cerebro en Moncloa
ha fallado. Ese debate le favorecía al PSOE para quitar crispación.
Y no se ha hecho. Y sin embargo, creo que ha habido puntos de interés
o viveza en las intervenciones como lo ocurrido en el cuerpo a cuerpo
entre Esperanza Aguirre y Zapatero con un Rajoy rendido a sus pies y presente
en el hemiciclo.
Y la segunda es la que nosotros siempre hemos mantenido. El catalán,
el gallego y el esukera deben hablarse en Galicia, Catalunya y Euzkadi,
no haciendo el paripé con unos traductores que nadie utilizó,
y una indiferencia general. Por ejemplo. Por lo único que yo tenía
curiosidad en este debate si hubiera acudido el Lehendakari hubiera sido
por ver si Rodríguez Ibarra se ponía o no los auriculares
cuando intervenía el Lehendakari. Nada más. Creo que no
lo hubiera hecho.
También es cierto que hoy por hoy no podemos dejar de constatar
que si solicitamos reconocimiento a nuestra vieja lengua en Europa ésta
se puede quejar de que si no se utiliza en Madrid, para qué diablos
ha de solicitarse su reconocimiento en Bruselas como se nos ha dicho.
Argumento un poco cogido por los pelos que no deja de tener su carga efectista.
Pues bueno. Que se utilice el euskera como lo hizo nuestra senadora Inmaculada
Loroño, por primera vez en esa Comisión General presidida
por el ex presidente Juan José Laborda que allí estuvo,
a pesar de las limitaciones impuestas por un grave acontecimiento de salud.
LA CARTA DEL LEHENDAKARI
El lunes, previo al debate, tuvimos reunión de la Mesa del Senado.
Allí se nos repartió una fotocopia de la carta enviada por
el Lehendakari al presidente del Senado. Decía así:
Estimado Javier:
Deseo agradecerte sinceramente la invitación que me has remitido
para participar en la comisión general de las Comunidades Autónomas
del senado para realizar “un balance de situación del Estado
de las Autonomías”.
Como tuve ocasión de adelantarte personalmente el pasado día
10 de septiembre en Madrid, quiero excusar mi asistencia por coherencia
política, dado que, en mi opinión, el verdadero debate
pendiente en esa Cámara es precisamente la propia naturaleza,
función y composición del Senado como Cámara que
reflejara fielmente la plurinacionalidad del Estado español,
que es exactamente lo que hoy no hace.
Como sabes, esta posición es la misma que he venido manifestando
en ocasiones anteriores y similar a la que han mantenido los Lehendakaris
que me han precedido en el cargo.
Por otro lado, no escapa a tu consideración que la verdadera
resolución del contencioso político de relación
entre Euskadi y España no pasa por un debate multilateral de
estas características, sino por un proceso de negociación
bilateral que afronte, con decisión y valentía, la búsqueda
de un Acuerdo de Normalización Política y de Convivencia,
sobre la base de la aceptación de la voluntad mayoritaria de
la sociedad vasca.
Este es, precisamente, la vía política e institucional
que propuso el Parlamento Vasco, de conformidad con el artículo
46 del Estatuto de Gernika al aprobar la Propuesta de un Nuevo Estatuto
Político para Euskadi.
Una Propuesta de Estatuto Político aprobado por mayoría
absoluta del Parlamento Vasco y rechazado sin más por el Congreso
de los Diputados. ¿Es democrático un Estado español
que no acepta, sin negociar, la voluntad democrática expresada
por la mayoría absoluta del Parlamento Vasco?. ¿Piensa
alguien que es esta una cuestión política resuelta?.
Este contraste de legitimidades es la muestra más palpable
de la existencia de un conflicto político pendiente de resolver
entre Euskadi y España. Este debe ser nuestro objetivo prioritario
y para ello, estoy convencido que convendrás conmigo, que la
Comisión General de Comunidades Autónomas del Senado no
es el foro adecuado.
Reiterándote el agradecimiento por tu invitación y mi
aprecio personal, recibe un cordial saludo.
Atentamente,
Juan José Ibarretxe Markuartu
El miércoles 9, cuando le tocó el turno a la senadora
Inmaculada Loroño, se quejó, sobre todo, de lo que consideró
un “trato desigual” por parte del Parlamento español
a la reforma del Estatuto de Autonomía de Euzkadi frente a los
de la Comunidad Valenciana y Cataluña.
El hecho de que el Congreso haya decidido no tramitar esa propuesta de
reforma, por considerarla inconstitucional, supone “un desprecio”
hacia la ciudadanía vasca denunció Loroño a Zapatero.
Después de contestar Zapatero, recordó que ese plan fue
aprobado en el Parlamento vasco por una mayoría de apenas un 51%
y no con el amplio consenso que se necesita para estas reformas. Nuestra
portavoz en esta Comisión dijo, en euskera, que todavía
no se ha cumplido el Estatuto de Gernika, a pesar de haber transcurrido
más de 26 años. “¿Cómo se nos puede
pedir después que cumplamos las reglas del juego si el propio gobierno
no las cumple”, le preguntó a Zapatero en el hemiciclo.
Zapatero no estuvo nada simpático. Más bien agrio y desabrido,
picado por la inasistencia del Lehendakari porque el argumento del 51%
no hay por donde cogerlo, por qué ¿no fue también
válido para analizar y justificar la baja participación
electoral en el referéndum sobre la Constitución Europea
con una abstención de casi el 70%?
LA ABSOLUCIÓN DE ATUTXA
En estos días de encierro, comidas incluidas, se producen hechos
humanos de cierto interés.
Hubo dos comidas oficiales. El lunes con los presidentes autonómicos
con regalo de gemelos de plata y la segunda con los presidentes de los
parlamentos, con gemelos y prendedor.
En la primera comida me tocó entre el presidente de Andalucía,
Manuel Chaves y el de Murcia, Valcarce. Uno del PSOE y el otro del PP.
Chaves me contó su estancia en Bilbao como profesor de la Universidad
de Sarriko los años 75 al 77, donde fue profesor de un joven que
prometía, Juan José Ibarretxe. Me dijo que habían
sido para él años fantásticos, vivía en Algorta
en una casa de piedra y sus compañeros del PSE lo querían
incluir en las listas del Congreso de relleno como gancho para los andaluces
que vivían en Bizkaia. Guardaba un gran recuerdo de aquellos años.
“Es que también era más joven”, le dije. “Pues
también”. A nuestro lado un eufórico Rojo que la víspera
había sido abuelo en Gasteiz, de un chaval al que su hija va a
llamar Aitor. El abuelo quería llamarle Javier pero lógicamente
se impuso la madre. Comentarios estos aderezados con noticias sobre la
salud de Rodríguez Ibarra y las bromas hacia el senador de Unió,
Jordi Casas allí presente y es que la cena que los diputados y
senadores del PP habían tenido en Barcelona el pasado viernes deparó
muchas sorpresas. La primera fue la irrupción del senador de Unió
Jordi Casas para cantar con los populares. Casas, que forma parte de un
cuarteto de música habanera que ha grabado cuatro discos, se apostó
con senadores del PP su presencia a los postres. Su objetivo también
era dejar en evidencia a ERC tras la amenaza de los independentistas de
boicotear la cumbre de los populares, algo que al final no pasó.
Jordi Casas cantó varias habaneras, entre ellas “La bella
Lola”, y finalizó con el tema “El meu avi va anar a
Cuba” (Mi abuelo se fue a Cuba). En ese momento llegó la
segunda sorpresa: Piqué y Rajoy, junto a otros dirigentes catalanes
del PP, se arrancaron para acompañar al senador de CiU. Esa habanera,
que todos ellos cantaron en catalán, termina con una “Visca
Catalunya”. ¿Se imagina a un senador del PNV haciendo lo
mismo?
El martes el almuerzo oficial fue con los presidentes de los Parlamentos
autonómicos. Me tocó entre el presidente de Aragón
y la presidenta de Asturias. Esta me contó que la víspera,
con su hija, había tratado de hacer un trabajo del colegio en el
que entresacaban buenas noticias y no encontraron ni una. Tuvieron que
poner la de un premio de la Once. Eso nos dio pie a comentar que desgraciadamente
en este país solo es noticia, la mala noticia. Y no era mala noticia
que todos los presidentes hablaran bien de Juan María Atutxa, de
las reuniones mantenidas por este lobby de presidentes, de cómo
se llevan, de cómo hubo un boicot en su día a la reunión
promovida con Atutxa en Euzkadi a la que solo acudieron los presidentes
de Catalunya, Aragón y Baleares. “La explicación estuvo
en que había elecciones al poco tiempo”, comentó la
presidenta asturiana.
Y como todo el mundo hablaba bien de aquel Foro y de lo bien que se
llevaban con Atutxa, salvo el presidente valenciano, le dije a Rojo que
por qué no anunciaba la absolución y el sobreseimiento del
caso Atutxa. Me miró, se rió, no dijo nada y a los cinco
minutos, lo dijo. Parece mentira que una buena noticia personal y en el
fondo parlamentaria no la festejáramos con el Freixenet que teníamos
delante. Y es que lo vasco sigue quemando. Al salir tropecé con
Mariano Rajoy. Había comido en la sala contigua con los suyos.
Hablamos. Le encontré eufórico. El estatut catalán
le ha dado gasolina a su renqueante motor. Se les ve con moral y conectando
con la España profunda, la de los atavismos inmovilistas. Inquietante,
pero es así.
En resumen. Fue un debate con un Zapatero rebajando las aspiraciones
catalanas ante un Maragall que asentía. Esperanza Aguirre llegó
a decir: “Maragall ha venido al Senado de españolista y hasta
yo le he aplaudido”. Nada que ver con lo que había dicho
Maragall: “tres naciones seguras y alguna probable”.Fue un
debate donde se pronunció eso del “gobierno de la nación”
un millón de veces. Fue un debate que se cargó la cacareada
reforma del Senado. Fue un debate donde se lapidaron los “inexistentes”
derechos históricos. No existen. ¿Qué no tiene Baleares
o Aragón que tenga el País Vasco?. Se interpelaban continuamente.
Para ellos, la singularidad no existe. Sólo la española.
“La singularidad solo esconde concesiones que no se van a otorgar
a los demás y por ahí no pasamos”, se repetía
machaconamente con lo que la llamada solución del tema vasco está
más “claro” que nunca. Se ha creado un Frankestein
que ahora se lo come todo.
Al salir de aquel recinto pensé que la sesión había
sido del más alto interés político por esclarecedora,
pero nosotros en Euzkadi debemos estar en otra galaxia. Mucho de lo discutido
no tenía nada que ver con la realidad que vivimos aunque todo estaba
más ajustado a lo que se dice en la calle que en la COPE, el Mundo,
La Razón o el ABC.
Definitivamente hay dos mundos. Y no veo, en un plazo breve de tiempo,
la posibilidad de acercarlos.
Decía Castelao que una Confederación era un casamiento
y que la constitución que ellos vivieron había sido un arbolito
florecido al que le pusieron unas estacas para que no se torciera y ocurrió
que el arbolito se secó y prendieron las estacas. Pues eso.
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