ETA pone unas bombas cerca
del aeropuerto de Zaragoza. La policía no las encuentra y, en Gara,
ETA publica unos dibujos con la ubicación exacta sobre donde están
para que las quiten. El que superprofesionalizadas fuerzas del orden no
encuentren estos lanzagranadas y que ETA diga dónde están,
parece propio de una película de Torrente, algo así como
la continua apelación a la ruptura de la unidad de España
porque en Catalunya se les ha ocurrido aprobar, con un 90% de apoyo y
en el Parlamento, una reforma estatutaria que no gusta en Madrid ni a
ciertos obispos que ya han empezado a decir desde su púlpito universal
de una iglesia que no tiene en su doctrina nada territorializado, que
mucho ojo con romper algo tan consolidado por aquella Cruzada. Lo único
que les falta a algunos prelados, y siento decirlo, es levantar el brazo,
como hicieron Gomá y los suyos.
Sabíamos que para lo español, Catalunya, con seis o siete
millones de habitantes eran palabras mayores. “A los vascos, los
divido. A los catalanes, los compro”, parece ser era una de las
máximas de un político español del XIX. El problema
surge cuando los vascos, por mayoría, presentan una reforma estatutaria
en el Congreso y se rechaza y los catalanes defienden una reforma estatutaria
que pone los puntos sobre las ies en relación a la solidaridad
impuesta, a la financiación de la propia España y a algo
tan políticamente incorrecto como es decir que Catalunya es una
Nación.
En este ambiente y, para colmo, el presidente de La Caixa ha dicho que
tienen que andar con prudencia pues Catalunya tiene razón, pero
el mercado es el mercado, mientras el dueño de Freixenet habla
de la españolidad de su cava, cuyas ventas ve en peligro estas
navidades. La fiera pues está desatada.
La COPE protesta y dice que para los catalanes España es solo
un mercado y los catalanes les contestan que Catalunya para Madrid sólo
es una vaca a la que ellos ordeñan. Fundamentalmente porque en
Madrid nadie concibe otra forma de entender el estado español más
que desde la Puerta del Sol. Una España radial, donde la capital
metropolitana lo tiene todo: funcionarios, empresas, corte, instituciones,
prebendas, mercado y los demás han de vivir de lo que ellos permiten
o no, sin tener en cuenta otro tipo de valoraciones emocionales. Ahí
está la madre del cordero.
De ahí la campaña millonaria del PP contra el proyecto
de Estatut. De ahí decir, como ha dicho el portavoz del gobierno
valenciano que sacar al campo del Barça una pancarta que incluía
a Valencia en los Paisos Catalans sea considerado una acción parecida
a la de Hitler anexionándose Polonia en su búsqueda del
espacio vital al más puro estilo de los Juegos Olímpicos
de Berlín de 1936, sin olvidar que Felipe de Borbón nos
recordó en la entrega de los premios Príncipe de Asturias
que la constitución es garantía de un futuro de éxito
para España, y su padre, el rey, esta semana apelaba a la Constitución
para seguir construyendo España nos indica que el puchero político
está hirviendo. Algo huele a chamusquina o algo está realmente
débil o cogido con alfileres cuando hay que hablar tanto de la
unidad de España. De hecho, el Foro de Ermua prepara una manifestación
en Madrid por esa “Unidad de España” que debe estar
en peligro y el PP, en el Congreso presenta una iniciativa para reafirmar
la españolidad de Ceuta y Melilla.
Este panorama, a cara de perro, que va in crescendo, irá a más,
fundamentalmente por que la Santa Transición fue un auténtico
camelo. Impunidad, reforma y no ruptura, ley de punto final y no abordar
en serio las dos reivindicaciones de autogobierno que existían
de verdad: Catalunya y Euzkadi. Posteriormente Galicia. En 1978 bajo tutela
militar se hizo un apaño y no se pasó factura a nadie en
relación con las tropelías cometidas. ETA, en 1975, no era
más que una herencia del franquismo. Violencia armada contra violencia
institucional.
Observo con estupor la supina ignorancia histórica de la clase
política española más atenta a la Movida y a lo superficial,
a lo mediático, y a las apariencia más que a ser lo que
se es dejando a los demás ser lo que son. Ignorancia histórica
que analiza el Concierto Económico Vasco como un privilegio y las
reivindicaciones de las llamadas Comunidades Históricas como una
agresión a las esencias de una españolidad cuyos sumos sacerdotes
son una clase política enquistada en los poderes del estado construido
como una cebolla, con capas superpuestas. Sólo hay que observar
el inmenso follón organizado con los llamados “Papeles de
Salamanca”. Una documentación expoliada y llevada a esa hermosa
ciudad para servir en los juicios contra republicanos, nacionalistas,
socialistas y comunistas en 1939, una ignominia como esa se interpreta
por el PP y por los sectores reaccionarios de la ciudad como un expolio
cuando el expolio fue el haberse llevado robada aquella documentación.
Lo dijo Torrente Ballester: “es un derecho de conquista”.
No he visto a la Salamanca democrática protestar porque la Secretaría
de la Cumbre Iberoamericana la hayan residenciado en Madrid y no en la
ciudad donde el Padre Vitoria definió el derecho de gentes y es
considerado el padre del Derecho Internacional. Sólo protestan
porque vascos y catalanes pedimos se nos devuelva lo robado. No porque
a ellos les roben una sede que desde luego merecen más que Madrid,
que ni existía en 1492.
EL DOCUMENTO DE LA CEOE
Leí hace tiempo un libro que llevaba el sugestivo título
de: “Aquí todo el mundo está alzao”. Así
ponía. Alzao. No alzado. Es decir, levantados, no en armas, sino
puestos con el megáfono protestando por todo. Y eso es comparable
a este ficticio alzamiento patriotero que promueven los que en Madrid
están alzados contra todo lo que les suponga para ellos perder
parte de su hegemonía.
Acabo de recibir en mi despacho un comunicado con la posición
de la CEOE ante los proyectos de reformas estatutarias presentadas en
el Congreso de los Diputados. La CEOE en su escrito se convierte en el
guardián de la Constitución Española para que las
presentadas reformas no afecten, según ellos, a la unidad de mercado
ni a la cohesión interterritorial establecidos “por nuestra
carta Magna”. Lo de Magna en mayúsculas.
Rezuma el documento la vieja querencia de la unidad de los pueblos y
las tierras de España, los coros y danzas, el sano regionalismo
y por sobre todo que no se toque algo tan sagrado como la Caja Única
de la Seguridad Social. Ante ella debemos poco menos que arrodillarnos,
mientras consideran imprescindible garantizar la seguridad jurídica
así como que la facultad de dictar sentencias no acabe en el ámbito
territorial de cada Comunidad Autónoma sino en los órganos
jurisdiccionales que están en Madrid y que son elegidos entre el
PP y el PSOE. Cuando el PP convoca expertos juristas, encabeza ese pelotón,
Manuel Jiménez de Parga, el inepto y sectario presidente del Tribunal
Constitucional.
Nada dice el informe de la CEOE, por ejemplo, del incumplimiento reiterado
del estatuto de autonomía de Gernika festejado el pasado 25 de
octubre, su 26 aniversario, por el PSE y PP cuyos gobiernos los han incumplido
reiteradamente. Ese día, la Vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia,
anunciaba que en los próximos presupuestos vascos habrá
partidas por 230 millones de euros destinados a materias que debiendo
estar transferidas no lo están y, ante el todo o la nada, el Gobierno
Vasco prefiere rascarse el bolsillo y apostar en serio por la formación
continua de los trabajadores, las ayudas al empleo, la asistencia sanitaria
en los centros penitenciarios o la incentivación de la investigación
y el desarrollo de nuevos productos en las empresas.
Pero de esto no habla la CEOE. De este atropello que consiste en no
transferir lo que por ley orgánica debería estar transferido
y como no lo está, ni tocarlo, de esto no habla la CEOE. Sólo
habla de sus temores porque la CEOE, como se demostró con el llamado
“Plan Ibarretxe”, está al servicio de esa Caja Única
que está en la Puerta del Sol sin darse cuenta que en un mundo
globalizado a los empresarios y al capital lo que hay que darle es instrumentos
y condiciones para que pueda hacer su trabajo y su reproducción
crematística sin tantas soflamas patrioteras.
Esta año, mal que le pese a Jiménez Losantos , tomaré
en Navidades Freixenet mientras pienso enviarles a todos estos asustadizos
personajes una caja única de Valium, porque desde luego, esto no
ha hecho más que empezar.
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