De fuerte, fogoso y rico vocabulario, Felipe Arrese Beitia
fue un poeta amante y defensor del euskera, comprometido con la problemática
de su época, seguidor de Sabino Arana y escultor de un gran número
de la imaginería de las iglesias de Bizkaia.
María Esther, que era entonces Diputada de Medio
Ambiente y Acción Territorial, me preguntó sobre lo que
hacer y le sugerí el nombre de un escultor, Josu Torre, a quien
solía ver en los actos públicos del partido. Padre del viceconsejero
Sabino Torre, tenía una espina clavada y era la de hacer un busto
de Sabino Arana. Se lo sugerimos al ayuntamiento de Bakio y ahí
está expuesto.
Lo mismo ocurrió con el de Arrese Beitia. Lo hizo,
sólo cobró los materiales y se inauguró en la plaza
de Otxandio.
Este año se celebra el centenario del fallecimiento
de Arrese Beitia. En la ikastola Bogoñazpi, promovida, entre otras
personas por el matrimonio Zubiri-Zearra, se pensó en recordar
esta fecha.
Sabin Zubiri, casado con una nieta de Arrese Beitia,
Josune Zearra, escribió un librito sobre el poeta bizkaino que
fue editado en la colección “Temas Vizcaínos”
de la BBK. En la parte final, Sabin hablaba de la famosa poesía
“Euskaldun Jaio Nintzan” y el porqué de aquellas estrofas.
“En el año 1901, Miguel de Unamuno fue el
mantenedor de los Juegos Florales que se celebraron en Bilbao, en los
que Evaristo de Bustinza “Kirikiño”, natural de Mañaria,
gran amigo de Arrese Beitia, obtuvo premio. Del célebre discurso
de Unamuno en dichos Juegos Florales, “El vascuence y el castellano”,
entresacamos las ideas que mayor impacto produjeron: “El vascuence
se extingue, sin que haya fuerza humana que pueda impedir su extinción;
muere por ley de vida (…) En el milenario eusquera no cabe el pensamiento
moderno (…) Enterrémosle santamente, con dignos funerales,
embalsamado en ciencia; leguemos a los estudiosos tan interesante reliquia.
Y para lograrlo estudiémosle con espíritu científico
a la vez que con amor…”
Esta desafortunada propuesta de Unamuno, de enterrar el euskera, encendió
las iras de los vascófilos y filólogos de su tiempo. La
reacción no se hizo esperar. Un grupo de amantes del euskera, todos
ellos hombres de pro, sacaron a la luz pública un escrito avalado
por 46 firmas, entre los que figuraban Sabino de Arana y Goiri y Teófilo
Guiard. Eligieron el famoso zortziko de Felipe de Arrese y Beitia, Euskeldun
jayo giñan, para salir en defensa de su idioma, si bien lo modificaron
levemente, poniendo en primera persona del plural sus palabras, ya que
Arrese hablaba de si mismo, cuando lo escribió, y los firmantes
de “nosotros”.
Esta hojita titulada ¡Viva el euskera!, distribuida
profusamente e impresa en la tipografía bilbaína de J. Ugalde,
terminaba diciendo: “Compadezcamos al hermano bastardo (se refiere
a Miguel de Unamuno; nota del autor), porque más que de odio es
digno de compasión; y si él ha osado decir que enterremos
el vascuence y que Bilbao hablándolo es un contrasentido, nosotros
abrazados en espíritu al Roble secular, contestemos con la Euzkeria
entera:
Euskeldun jaio nintzan
euskeldun azi
euskera utsik amak
eustan irakatzi
euskera maite maite
zabiltz neugaz beti
euskera ill ezkero
ez dot gura bizi
De ahí que mi hija Naiara me vino
este mes de enero con el programa de actos que incluía una exposición
sobre su vida y obra diciéndome que el lunes 16 tenía que
ir vestida de hilandera ya que se iba a develar un busto de Arrese Beitia.
Tenían que hacer asimismo un trabajo sobre el poeta y debían
estar en ese acto de la ikastola.
A mi hija Naiara le dije que se tenía
que aprender esta preciosa poesía y para mi sorpresa no sólo
se la sabía sino que me cantó una canción con su
letra. Vi que el legado de Arrese Beitia, a cien años de su muerte
y sin que oficialmente se le recordara, sigue vivo. Es una pena que no
recordemos a quien de forma tan contundente dijo que prefería morir
a que el euskera desapareciera. Bien por Begoñazpi y la estatua
del bardo y cero por los que no ayudan a la difusión de estos valores
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