PUERTAS
ABIERTAS
Acaba el mes. Hace mucho frío. Los miembros de la Mesa nos ponemos
en la puerta del Senado. Rojo, preside el pleno. Hay bronca. Montilla
es interpelado duramente por el PP. Le piden dimita. Le acusan de haber
dejado impagado un préstamo del PSC logrado en la Caixa. Pero Montilla
no se arruga. Les llama fachas y usa un lenguaje retador. Recuerda los
impagos del PP e insinúa lo que dijo en su día Zaplana de
que el accedía a la política para forrarse. Por esa bronca
y la tensión existente, Rojo se queda presidiendo el cotarro y
nosotros a las diez en punto, como en la apertura del Año Santo
en el Vaticano, abrimos la puerta real donde una larga cola de ciudadanos
que están allí desde dos horas antes, caldito incluido,
entran para conocer el Senado en la Jornada de Puertas Abiertas.
Lucas, antiguo presidente, se pone el primero. Yo soy el segundo y he
de dar en aquel primer grupo de setenta personas, setenta manos. Callosas
la mayoría y una sudada. Mucho jubileta, amas de casa de bastante
edad, algún estudiante, un niño con tosferina y algún
que otro tipo raro. Solo uno me niega el saludo. No es mal porcentaje.
Es la España profunda que cuando te ve le da un codazo a la parienta
y le dice: “Mira tu. El vasco. El Anasagasti.” Y se sonríen
y se van. Uno me dijo que había trabajado en Durango. Otra en Urkiola
y otra que era de Sestao.
La idea la puso en marcha Trillo en el Congreso y eso da mucha imagen
a una Cámara desconocida que tiene una magnífica biblioteca
y estupenda pinacoteca. Nada más entrar se les pasa al hemiciclo
y allí se les explica el paseo que han de dar por la casa y la
historia del Senado como Estamento de Próceres. Ven el Palacio
y se les da un libro y una agenda preciosa. Me dicen que hay gentes que
hacen la cola hasta quince veces para tener quince agendas de lujo y regalar
en Navidades a la parentela. Como en las películas de Tony Leblanc.
Cuando salí a la tarde par el aeropuerto, seguía llegando
gente sin parar y durante el pleno llenaban las gradas y aplaudían
y le daban vida a la Cámara. Es algo simpático.
DEBATE PIQUÉ-MORATINOS
Uno de los extraños puntos del orden del día fue una Interpelación
del Ex-ministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué al actual ministro
Moratinos sobre la reforma del servicio exterior. Piqué al que
un día si y otro también le ponen el ojo morado en Catalunya
y le reusan unos y otros, sigue manteniendo la querencia de su paso por
Exteriores. Ahora tras la dimisión en la Comisión de Luís
Eduardo Cortés la portavocía la ocupa ahora Josep Piqué,
cuestión ésta que le da vitola a la propia Comisión
y racionaliza un poco más este asunto en el PP donde Gustavo Arístegui,
Jorge Moragas y Loyola de Palacio andan a navajazo limpio. Piqué,
del que se tiene un buen recuerdo en el ministerio por sus iniciativas
sobre Gibraltar y por haber pretendido abordar la reforma del servicio
exterior, mantuvo con Moratinos un elegante y agudo debate sobre dicha
reforma poniendo en cuestión las metas del actual gobierno socialista.
Irak, Chávez, Washigton, Cumbre de Salamanca, Cumbre Euromediterránea...
son temas de discrepancia entre el PSOE y el PP que fueron puestas encima
de la mesa con criterios de respetuosa discusión. Moratinos no
se lo creía e hizo el anuncio de que tras la reforma los embajadores
pasarán por las Cámaras para su ratificación algo
que les pone al borde de un ataque a todos esos diplomáticos de
carrera que siguen trabajando con los viejos esquemas de cooptación
lobbysta a través del bombo.
EL MUNDO QUE VIENE
Uno de los temas encima de la mesa de aquel día fue el forcejeo
entre el PP y el PSOE por una parte y el PSOE y el PP con el PNV por la
otra en relación con el Impuesto de Sociedades. Mientras Zapatero
dijo estar dispuesto a bajarlo al 25%, el PP en Araba lo mantenía
en el 35% y Gipuzkoa y Bizkaia querían rebajarlo al 32% teniendo
en cuenta que en otros países fluctúan desde quien tiene
más a países punteros que tienen el 26%.
Pues bien. Ese día trabajaba en mi despacho cuando le llamé
a Txabarri para felicitarle por su 49 aniversario. Txabarri hace unos
años consideraba a los mayores de cincuenta unos retablos. Ahora
que él se acerca peligrosamente al cambio de década piensa
que los de cincuenta deberían ir a la guarderia. Por eso le llamé
para darle el pésame y, mientras lo hacía vi en el monitor
que Javier Maqueda le interpelaba al ministro Solbes sobre este asunto.
Ni corto ni perezoso le puse el teléfono en el monitor y el Diputado
General de Gipuzkoa tuvo como regalo de cumpleaños la respuesta
en directo del ministro Solbes en algo que le interesaba.
Ese día, promovido por el senador de Unió, Jordi Casas,
tuvimos un almuerzo de trabajo con la dirección de la Confederación
Española de Directivos y Ejecutivos. En el pleno la ministra San
Segundo peleaba con el portavoz del PP de Educación y nosotros
hacíamos tiempo antes de que viniera Rojo. Yo hablaba con la jefa
de protocolo que me contaba sus expectativas sobre las compras de edificios
contiguos que puede hacer la Mesa y la necesidad de un comedor de trabajo
y no solo el de gala y algún otro. Aprovechando un canapé
engarcé una conversación con el portavoz de IU quien me
contó como al lado del presidente Chavez de Venezuela hay un connotado
dirigente de IU que le hace parte de los discursos y lleva gente de IU
a Venezuela. En eso llegó el hijo de aquel personaje de la transición,
Mario Armero que es hoy el presidente de General Electric España
y me dijo que está muy contento con su inversión en Zamudio
y que piensan hacer otra importante en Euzkadi. Hablamos de la ley en
tramitación sobre medidas sanitarias frente al tabaquismo, una
ley votada por fumadores para los no fumadores con la que no estaba de
acuerdo casi nadie y que ha originado toneladas de papel protesta de los
no fumadores. Sacamos el asunto de Madrid y su incomodidad y Mario Armero
nos decía que Gallardón quería una ciudad en obras
por competitiva que se codee con las grandes. “Eso es bueno para
un alcalde ambicioso y para la españolidad pero para el ciudadano
normal, Madrid es un horror. Hoy yo he tardado una hora en llegar al Senado
cuando en coche son cinco minutos. Gallardón está haciendo
un monstruo” les dije y cuando estábamos en eso llego Rojo
y nos sentamos en la Mesa. Me tocó al lado del presidente Isidro
Fañé, el factotum de la Caixa y el hombre de moda por los
líos de los préstamos y la OPA de Endesa y José María
Alvarez Pallete, presidente ejecutivo de Telefónica, un tipo joven
y serio que debe ser un ejecutivo estrella, especialista en China.
Fañé puso ya en el primer pato, terrina de foi-gras, que
no comí, datos objetivos: mientras Europa ha crecido en cinco años
el 7%, China lo ha hecho al 52%. Hay un desplazamiento de la inversión
de Europa al Pacífico y a China. Tenemos que recuperar la competitividad
perdida. Y ahí se abrió el coloquio. Cada cual contó
su experiencia china. Uno decía que no era solo China sino Chindia,
es decir, China e India. Uno la fábrica. La otra la oficina del
mundo. Hablaban de lo bajo del coste salarial, de la presencia testimonial
española en la India, del posible aumento de las inversiones españolas
en China a partir del 2007 y del cambio exponencial que van a dar estas
cifras, del cuidado de la estrategia China-Latinoamérica en la
búsqueda China de materias primas, el dinamismo de una cultura,
el boom por llegar a la creación de 85 millones de consumidores
a nivel europeo que ya hay en China, de las debilidades de la economía
española basada en la construcción y en la demanda interna
y la necesidad de diversificar la economía y que dentro de dos
años China va a ser la tercera economía del mundo.
Mario Armero abogó por un mundo de negocios en inglés,
de los problemas del troceamiento económico, de la necesidad de
aprovechar todas las sinergías, de cómo cuando va a un sitio
pregunta por la demografía y eso le sirve para decir que esa economía
va bien y que en España ya el censo da 44 millones y eso le encanta.
No dijo nada de la emigración. De la salida al mercado de 900.000
ingenieros al año en China es una apuesta por la tecnología
y de como China va a ser el segundo consumidor de energía del mundo
en breve.
Todos pedían la palabra y alguno nos metió una chapa de
campeonato. Fañé quería que terminara yo pues me
veía tomando estas notas y lo hice preguntándole por si
han contemplado que el crecimiento chino se basa en una acción
sin normas, sin derechos humanos, sin derechos laborales, sin contemplar
la peligrosidad en el trabajo y con unos salarios basura y millones de
horas y que si en lugar de 85 millones de consumidores de seguir así
habrá en breve 500, estos van a dar derechos que van a repercutir
en el crecimiento exponencial de un desarrollo lo bestia y sin control.
Se suscitó un debate muy interesante que cerró Armero diciendo:
Nos preocupan los derechos humanos pero sabemos que la democracia en China
vendrá por la economía y no por la política. ¡Ay
si le hubiera escuchado ésto en su día Gorbachov!
Yo les dije que nosotros, los vascos, por tener ya teníamos un
Euskal Etxea en Shangai, y al frente a un tipo de primera. Motiloa.
En ese interesante almuerzo estuvo también Maqueda con quien comenté
el almuerzo y lo hermético que es el Gobierno Vasco en estos temas.
Tiene a la Spri, que está muy bien y hace mil cosas, pero a éste
grupo de gentes les falta contacto con el mundo político. Son extraordinariamente
endogámicos y recelosos. Parecen tenderos del siglo XIX y mandarines
en lo suyo y, a pesar de que están puestos ahí por el mundo
político recelan de él y así se desaprovechan millones
de sinergías que podían beneficiar al conjunto. En definitiva.
Son buenos técnicos pero malos abertzales, entendiendo la abertzalidad
como el beneficio del conjunto. Nada que ver con el honrado vendedor de
tornillos que anda por el mundo buscando mercados.
Terminados brindando con Freixenet. Ahora todo es Freixenet.
Ese miércoles tuve que volver a Bilbao a media tarde. En el avión
me encontré con Teopoldo Guerrero que se dio un cabezazo con el
techo del avión y Emilio Olabarría. Al sentarme sonó
mi móvil con el himno del Athletic. Era Europa Press. Quería
una opinión sobre las elecciones venezolanas y sobre el encadenamiento
de gentes de ERC ante la sede de la Cope en Barcelona. Le dije que a cuerdo
en el fondo, en desacuerdo en la forma. Convertir al victimario en víctima.
De repente la persona que tenía al lado me preguntó si
me acordaba de él. Le vi y le dije que si. Era Teodoro Bastida,
de Portugalete, que lleva veinte años en Cuba y a quien habíamos
conocido durante el viaje que en 1998 hicimos Imaz, Albistur, Eguibar,
Ansotegui y yo invitados por el Partido Comunista con charla de cinco
horas con Fidel en el Palacio de la Revolución. En aquel viaje
le visitamos al obispo de Cienfuegos, Emilio Eguren, hijo de gudari, y
Teodoro Bastida nos había invitado a cenar en su casa con el presidente
de la Cámara de Comercio Cubana de apellido Salsamendi. Pregunté
por él y está de embajador en Ghana.
Toda la hora de viaje nos la pasamos hablando mientras Emilio Olabarria
dormitaba. Bastida me contó que les van bien las cosas, los cubanos
pagan y trabaja en un proyecto energético en Pinar del Río
ya que tras el pase de los huracanes por la zona del Pinar del Río
vivían a oscuras y hacía poco habían salido a la
calle con una inquietante pancarta para Fidel que decía: “Menos
Bush y más Luz” y el comandante les había prometido
luz para el 15 de diciembre y en eso estaba con un contrato de 1.800 millones
de euros. Le pregunté de que vivía Cuba y me dijo que de
las remesas del exterior, del níquel en manos canadienses, del
turismo y de la ayuda de Chavez.
Se solían reunir de vez en cuando los vascos y veían ETB
y organizaban alguna parrillada. A los vascos, los cubanos, les consideran
amigos.
A los muchos vascos tipo Bastida que hay por el mundo me refería
porque hacen pais y vuelven a casa.
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