Durante los años posteriores a la muerte del dictador Francisco
Franco, los principales partidos políticos de la izquierda española
acordaron, con los responsables de la dictadura, dejar de lado el pasado
y no exigir justicia para las miles de víctimas del franquismo.
En los genes de la democracia que se recuperaba se inscribió una
Ley de Amnistía que dotó de impunidad jurídica y
política a todos los responsables de numerosas violaciones de derechos
humanos. Paradójicamente, la citada ley fue aprobada en octubre
de 1977 con los votos del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
y del Partido Comunista de España (PCE). Las dos formaciones políticas
que deberían haber luchado por la reparación a las víctimas
consideraron que era más oportuno el es¬tablecimiento de una
ley "de punto final".
Al margen de esos partidos políticos, en los últimos años
se ha iniciado en España un proceso de recuperación de la
memoria histórica relacionada con la Guerra Civil y la dictadura
franquista. Para algunos politólogos se trata de una respuesta
a los ocho años de gobierno del Partido Popular, en el que tanto
el presidente José María Aznar como varios de sus ministros
pertenecían a familias que ocuparon puestos de responsabilidad
durante la dictadura franquista.
Pero se trata, sin duda, de un proceso estrictamente social, protagonizado
principalmente por los nietos de los republicanos que perdieron la Guerra
Civil y padecieron la dictadura, que han decidido dignificar de forma
colectiva su memoria familiar. Una generación que no participó
en el pacto de silencio sobre el que se edificó la Transición
y se ha puesto en marcha para "olvidar el olvido".
En el mes de octubre del año 2000, un grupo de arqueó lagos
y fo¬renses exhumó una fosa común en la que se encontraban
los restos de trece civiles republicanos asesinados por un grupo de pistoleros
falangistas el 16 de octubre de 1936. La excavación tuvo lugar
en Priaranza del Bierzo, un pequeño pueblo de la provincia de León.
Durante los días en que se llevó a cabo, numerosos familiares
de desaparecidos se acercaron allí para pedir ayuda. Ésa
fue la semilla que dio lugar a la creación de la Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica.
A partir de ese momento, se inició un movimiento social al que
se han incorporado cientos de familiares y personas afines. De entre ellos,
algunos tienen militancia política pero lo que todos comparten
es la pertenencia a familias de republicanos que fueron asesinados, detenidos
o hechos desaparecer por la dictadura.
Durante los años posteriores a la Guerra Civil, entre 1939 y 1942,
el general Franco ordenó la apertura de una gran investigación
para determinar quiénes y cuántos habían sido "sus
muertos" durante la guerra. Una fiscalía creada específicamente
para ello reunió toda esa información en lo que se conoce
como Causa General. Como consecuencia de ello, miles de muertos franquistas
fueron exhumados y enterrados en cementerios y sus familias recibieron
numerosos beneficios por parte del Estado: puestos en la administración,
becas para estudios y comercios que necesitaban una licencia administrativa,
como estancos o administraciones de lotería.
Mientras tanto, las familias de los republicanos luchaban por sobrevivir,
perseguidas por el régimen dictatorial, que utilizaba un estricto
control social que ejercían las autoridades locales. Con respec¬to
a sus seres queridos desaparecidos, preguntar por ellos o hacer una gestión
para buscarlos significaba hacer una reivindicación de la causa
política contra la que se había sublevado el general Franco
y eso podía ponerlas en peligro. Un peligro objetivo, si tenemos
en cuenta que durante la posguerra, en tiempo de "paz", el régimen
fusi¬ló a más de 45.000 personas. En ese contexto sociopolítico,
las fami¬lias republicanas se vieron obligadas a esconder su identidad
y repri¬mir su propia memoria.
Durante los cuarenta años que duró el régimen franquista,
las familias republicanas fueron despreciadas públicamente, calificadas
de "antiespaña". Mientras, las que apoyaron la construcción
de la dictadura eran utilizadas como un ejemplo social de sacrificio y
entrega a una causa que supuestamente garantizaba el bien común.
Cuando terminó la dictadura y se inició el proceso de recuperación
de la democracia, las familias de las víctimas no pudieron contar
con sus representantes políticos para rebatir los argumentos con
los que el régimen franquista había educado, vigilado y
castigado a dos generaciones de españoles.
Las impunidades jurídica y política que obtuvo la elite
franquista con la Ley de Amnistía, no incluían la social.
Nadie conocía cómo iban a reaccionar los familiares de los
miles de desaparecidos republica¬nos que permanecían en fosas
comunes y cuyo deseo natural de dig¬nificar a sus seres queridos había
entrado en conflicto con los parti¬dos políticos que habían
decidido condenarlos al olvido.
En el año 1979 se celebraron las primeras elecciones municipales
tras la muerte de Franco. En ellas, los partidos políticos que
habían sido clandestinos durante la dictadura obtuvieron importantes
alcal¬días. Muchas personas vieron ese cambio político
como la "señal que estaban esperando. En zonas de España
como La Rioja o Navarra co¬menzaron a realizarse numerosas exhumaciones
y en algunos casos, como en Calahorra, hubo incluso manifestaciones delante
de las ca¬sas de los pistoleros de falange exigiendo justicia.
Ese movimiento social se extendió durante dos años, hasta
el 23 de febrero de 1981. Ese día, el teniente coronel de la guardia
civil Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados con
la inten¬ción de dar un golpe de Estado. Al grito de: "Quieto
todo el mundo", entró en el hemiciclo empuñando su
pistola. Ese día, miles de perso¬nas sintieron el miedo en
el que habían sido educados durante la dic¬tadura. Muchas corrieron
a las tiendas para llenar sus casas de comi¬da; la reactivación
del miedo les recordó el hambre que habían padecido durante
los primeros años de la dictadura y activó la repre¬sión
de su memoria, a la que habían sido obligados en los años
del franquismo. Eso hizo que el movimiento social que se había
iniciado quedara interrumpido.
Un año y medio después del intento de golpe de Estado,
llegó al gobierno el Partido Socialista, liderado por Felipe González.
Durante los catorce años que permaneció en el poder, mantuvo
vigente el acuerdo tomado durante la Transición de no buscar responsabilida¬des
entre los supervivientes franquistas, lo que incluía no prestar
ayuda a las víctimas de la represión.
El proceso iniciado en los últimos cinco años ha surgido
al margen de los partidos políticos. En este tiempo, la sociedad
española ha conocido colectivamente su propia historia. La realidad
de los niños secuestrados a las presas republicanas, como en Argentina;
la existencia de decenas de campos de concentración en los que
fueron confina¬dos más de 400.000 republicanos; los acuerdos
tomados por Franco y Hitler para que miles de republicanos fueran deportados
al campo de concentración de Mathausen, o la existencia de más
de 30.000 desa¬parecidos que permanecen en fosas comunes o que fueron
echados al mar para que no quedara ni rastro de ellos. También
hemos cono¬cido la existencia de miles de "esclavos políticos"
que durante años llevaron a cabo obras públicas y privadas.
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica
ha supuesto un gran impulso para este proceso. La causa de los desaparecidos
ha ocasionado un gran impacto en la opinión pública española
y su labor ha tenido mucho que ver con el hecho de que, el 20 de no¬viembre
de 2002, el Parlamento español condenara por primera vez, y por
unanimidad, el golpe de Estado franquista e hiciera un recono¬cimiento
expreso de sus víctimas.
Ese proceso ha sido el causante de una reacción por parte de la
de¬recha que sociológicamente continúa vinculada al
franquismo. En los últimos años ha crecido un proceso de
revisionismo histórico que tra¬ta de difundir, en pleno siglo
XXI, la misma interpretación de la Guerra Civil y de la dictadura
franquista que durante años ofreció el régimen del
dictador Francisco Franco.
En el documental de la Televisión de Cataluña "Las
fosas del silencio" (2002), una mujer que acudía a una misa
en recuerdo de los muer¬tos franquistas fue preguntada por las exhumaciones
de las fosas de los republicanos. Su respuesta fue la siguiente: "Esto
es una campaña orquestada por el diablo, lo están estropeando
todo, nosotros que ya les habíamos perdonado". Es evidente
que ese perdón nunca ha exis¬tido, pero la frase que representa
perfectamente los beneficios del ol¬vido obtenidos por los franquistas
es "lo están estropeando todo". La mujer estaba enunciando,
de ese modo, que la Transición lo había dejado "arreglado
todo", para los miles de franquistas que no han tenido que asumir
ninguna responsabilidad por la destrucción de la primera democracia
que tuvo España, la Segunda República española, y
el asesinato, la detención ilegal y el exilio de cientos de miles
de personas.
El cambio de gobierno ocurrido en España en marzo de 2004 ha supuesto
una transformación en la relación de las instituciones públicas
con la memoria histórica. En esta nueva etapa de gobierno socialista
ya no sirve el argumento de que existe un peligro de involución
militar y, por lo tanto, las posibilidades para frenar el proceso son
menores. De hecho, en julio de 2004, el Consejo de Ministros anunció
la creación de la Comisión Interministerial para las Víctimas
de la Gue¬rra Civil y la Dictadura Franquista. Este organismo tiene
por objeto estudiar la situación de las víctimas y tomar
medidas para asistirlas y reparar el daño causado por la guerra
y la dictadura.
Desde muchos sectores sociales se desconfía de las medidas que
en el plazo de este año 2005 tomará el gobierno. El miedo
a despertar a sectores de la extrema derecha que han permanecido inactivos
está presente. En la madrugada del 16 de marzo de este año,
el gobierno decidió retirar una estatua ecuestre del general Franco
que permanecía expuesta en una vía pública en Madrid.
La retirada se llevó a cabo de noche, sin avisar a nadie, con la
excusa de no dar oportunidad a la, presencia de seguidores del régimen
franquista que hubieran tratado de evitarla. Pero muchos sectores de izquierda
consideraron indig¬nante la medida, por no haber podido asistir a
lo que se hubiera convertido en "una fiesta de la democracia".
Si el gobierno socialista decide afrontar con responsabilidad las labores
que debería llevar a cabo, tendrá muchas tareas que desempeñar.
Todavía existen en España miles de calles y monumentos que
ensalzan a los generales franquistas. En los centros de enseñanza,
los contenidos que se imparten acerca de la historia de la Segunda República,
la Guerra Civil y la dictadura franquista son extremadamente: deficitarios.
Miles de jóvenes desconocen quién era el general Franco
y qué consecuencias tuvo su golpe de Estado; e incluso, los restos
del dictador permanecen en el Valle de los Caídos, un gigantesco
mausoleo que se sostiene con los impuestos de todos los ciudadanos.
El actual proceso que se está dando en España debe servir
para construir y reconstruir nuestra memoria democrática. Es una
deuda que tiene nuestra sociedad con los miles de personas que padecieron
el franquismo y con otros muchos miles que han muerto en estos años
de democracia sin haber recibido ningún reconocimiento institucional.
Durante una excavación que llevamos a cabo en el verano de 2002,
un hombre nos regaló una ilustración de Castelao, un intelectual
ga¬llego muerto en su exilio de Buenos Aires. En el año 1937
realizó una colección de dibujos con el título de
"Galicia mártir". En el que nos regalaron ese día
podía verse a un grupo de hombres que echaban cadáveres
dentro de, una fosa común. Y debajo podía leerse una leyenda
que decía: "No entierran cadáveres, entierran semillas".
El dibujo explicaba perfectamente el proceso en el que estamos; recogiendo
esas semillas que nos dejaron los hombres y las mujeres que construyeron
nuestra primera democracia y fueron asesinados por ello. Sus nietos somos
un "accidente sociológico" que no habían previsto
quienes diseñaron el olvido. Y estamos dispuestos a dignificar
su memoria y que ocupen en la historia el lugar que merecen.
Emilio Silva Barrera es nieto de la primera victima republicana de la
Guerra Civil identificada mediante la prueba del ADN en 2003.
Más información acerca de la Asociación para la
Recuperación de la Memoria Histórica: www.memoriahistorica.org
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