“Este libro
no es un ensayo, sino una novela en la que he querido transmitir lo que
eran los campos de trabajo de la España de posguerra desde el punto
de vista, hasta ahora inédito, de un vigilante, porque pienso que
aún queda abierta una gran incógnita, la de lo que pasó
tras la dictadura con aquellos que fueron torturadores, soplones o vigilantes
y que, además, eran también personas”, explicó
Manuel Rico (Madrid, 1952) durante la presentación de su última
obra, “Trenes en la niebla” (Espasa).
“Trenes en la niebla” es una historia en la que se dan la
mano lo real y lo fantástico, la historia personal y la memoria
colectiva, lo cotidiano y lo inesperado, a partir de la misteriosa desaparición
de un joven que transforma radicalmente las vidas de sus más allegados.
Todo ello a través de un viejo diario encontrado por casualidad
y escrito cuarenta años atrás por uno de los centenares
de presos políticos que tras la guerra civil fueron obligados a
trabajar en un campo de prisión, concretamente en la sierra madrileña
para construir una línea férrea entre Madrid y Burgos.
Quebrada existencia
Las revelaciones de un pasado común en la que los derrotados
en la contienda sufrieron terribles represalias, condensadas en un diario
que es un clamor y un alegato y, al tiempo, un insondable misterio que
enlaza dos épocas en una única aunque quebrada existencia,
conforman el armazón y la urdimbre de una historia cruda que Manuel
Rico narra desde una perspectiva delicada y vitalista. La novela de Rico
explica la historia de un hombre que perdió un hermano y encontró
un pasado que no debió haber existido y que la vergüenza de
un país se encargó de borrar; un pasado que habla de represión
y presos políticos esclavizados en campos de trabajo repartidos
por la sierra de Madrid, de viejos maestros abrumados por recuerdos demasiado
duros y de una mujer empeñada en recobrar un amor perdido en una
fría estación.
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