Página Principal
Actualidad
Crónica Parlamentaria
Artículos
Viajes, Encuentros y Política Exterior
Semblanzas
De Aquí y De Allá
Cartas
Historia
Fotografías
Conferencias
Libros
La Situación de Venezuela
Documentos
Preguntas al Gobierno
Artículos Publicados en DEIA
Agenda
Vínculos de Interés
Correo electrónico
 
 

 
  FRANCO FUE MÁS LÓGICO

 

“Ras” era el nombre artístico y el pseudónimo del arquitecto, exiliado en Venezuela, Robles Piquer, hermano del ex ministro y dirigente de la derecha española, Eduardo Robles Piquer.

El 21 de noviembre de 1958 le escribió esta hermosa carta a un comandante del ejército republicano que rezuma ironía y amargura. A su lado la caricatura de Franco que “Ras” (Robles Piquer) llamaba “rasguños”. He aquí la carta.

Estamos próximos a entrar en el cincuentenario del inicio de la guerra civil española (1936) y en el momento –bastante retrasado por cierto- en que parece se les reconocerá por el Parlamento y el gobierno democrático y socialista de la España monárquica, una modestísima pensión o jubilación a los pocos que quedan de quienes combatieron contra la dictadura nazi-fascista-falangista durante los tres años heroicos formando el ejército popular a partir de aquel 18 de julio. Y es en esa circunstancia cuando llega a nuestras manos una carta publicada en el diario “El País” de Madrid (23-8-85) con la firma de un viejo combatiente antifranquista, Carlos Blanco, la cual habla por sí misma y acusa como más “lógica” la actitud de Franco que la del gobierno y Parlamento Socialista y democrático actual. La carta dice así:

“A un Comandante del Ejército Republicano.

Hoy le he reconocido en la calle de Goya, mi comandante. Está usted viejísimo. Pero lo reconocí. Tenía usted la sien apoyada en la pared, de rodillas en la acera. Le reconocí y me paré a leer el cartón donde usted ha escrito: estoy solo en la vida y no tengo para comer. No me atreví a echarle ninguna moneda en la lata que tenía usted junto a sus rodillas. Si no hubiera sonado al caer quizá se la habría echado, ya ve que idiota soy. Pero la sola idea de que usted, mi comandante, hubiese abierto los ojos al oírla y me hubiese reconocido me llenó de vergüenza. De vergüenza al verLe usted avergonzarse. Aunque quizáS no me hubiese reconocido. Porque yo también estoy muy viejo. Todos estamos muy viejos. Todos menos el ministro de Defensa “excelentísimo señor Serra”, que está muy joven y gallardo y que acaba de otorgarle a usted, mi comandante, “por los servicios a la patria, por el ojo izquierdo que perdió en Brunete, el sueldo mínimo de la última escala del final de la lista”. Muchísimo menos que el de otros comandantes del Ejército republicano de los pocos “de carrera” que se opusieron al levantamiento. ¿Qué por qué?. Lo explica con tono de paciencia nuestro gallardo ministro. Porque esos últimos comandantes ingresaron en el ejército antes del 18 de julio, o sea, cuando el Ejército era una carrera más, una carrera para vivir, y usted lo hizo después del 18, cuando el Ejército era una carrera para morir, porque usted sabía por qué ingresaba en la Escuela Popular de Guerra, por qué acudía a la llamada angustiosa de otro ministro de Defensa, un tal Indalecio Prieto.

¿Por qué nos ofenden, mi comandante, dándonos esta limosna?. Franco fue lógico, nos trató como enemigos. Pero esta segunda derrota, mi comandante, es más amarga. La de Franco fue de frente. Esta es por la espalda, desde dentro, como de quinta columna, o sea, a traición. Y hubiese agradecido más un sincero y compasivo “!Dios le ampare, imbécil!”.