Recuperar la Memoria
3273. Ese es el número de personas
identificadas fusiladas en Navarra en el año 36. Personas que en
los últimos tiempos están siendo rehabilitadas gracias al
trabajo y el empeño de asociaciones como la de Familiares y amigos
de fusilados de Navarra con motivo del levantamiento del 36 y El Pueblo
de las viudas. Su objetivo: recuperar la memoria de sus seres queridos
y de unos hechos que durante décadas han sido ocultados y, cuando
no, manipulados. Todo, para que no se vuelvan a repetir. Su proyecto más
ambicioso: la creación en Sartaguda de un Parque del Recuerdo.
- Mirentxu Aguirre. Hija postuma de Fortunato Aguirre, alcalde de Estella.
Asociación de familiares y amigos de fusilados de Navarra con
motivo del levantamiento del 36.
-¿Cuándo y por qué surge esta asociación?
-Nos constituimos oficialmente a finales el 2002 animados por la existencia
de tras asociaciones similares, la del Fuerte de San Cristóbal
y la del Pueblo de as Viudas. Las primeras reuniones fueron difíciles:
lo que sale es el testimonio personal, la amargura; había necesidad
e terapia colectiva.
-¿Qué objetivos os marcasteis?
-Recuperar la memoria de lo sucedido: Reivindicar a nuestros familiares,
recuperar restos y nombres y conseguir un reconocimiento oficial del tema.
-Supongo que el 10-111 2003 será una fecha que no olvidaréis.
-Así es. Ese día el parlamento de Navarra, en un pleno
extraordinario, aprobó un documento de reconocimiento y reivindicación
de nuestros familiares asesinados; un documento elaborado y consensuado
con todos los partidos políticos, con la abstención, en
el último momento, de UPN.
También tuvimos problemas con la jerarquía eclesiástica,
en concreto con el arzobispo Femando Sebastián. En el documento
se hacía alusión a que la iglesia había colaborado
e incluso participado con el levantamiento y con muchos fusilamientos,
y pretendía que elimináramos esa referencia; llegó
a amenazarnos con llevarnos a los tribunales.
Como colofón al 2003, el 1 de diciembre hubo un acuerdo parecido
al del Parlamento navarro en el Congreso de los Diputados de Madrid. También
aquí el PP estuvo en contra. Su estrategia era la de intentar mezclar
los muertos en la guerra civil con los actuales.
-A estas alturas encontrar restos de asesinados durante la guerra debe
ser muy complicado.
-Así es, en tanto tiempo se han hecho carreteras, las concentraciones
parcelarias, los testigos oculares han ido muriendo y muchos de los que
hay no quieren hablar porque han tenido algo que ver con las muertes...
En este tema es de justicia agradecer a la sociedad Aranzadi, a sus técnicos,
a sus biólogos... su colaboración y dedicación.
Queremos conseguir que el gobierno dedique en los presupuestos una partida
fija para este trabajo. Es una labor ardua.
EL PARQUE DE LA MEMORIA
Ya en las postrimerías de la entrevista, Mirentxu Agirre empezó
a hablamos con pasión del proyecto de Parque de la Memoria, de
Sartaguda. Un proyecto que no nació de ellos pero que han hecho
suyo. Contagiados por su entusiasmo cogimos el coche y nos dirijimos a
La Ribera a conocer el proyecto de la voz de sus impulsores. Allí,
en el frontón, nos esperaban Progreso Malgado, José Ramón
Martínez y julio Sesma, de la Asociación el Pueblo de las
Viudas.
-¿Por qué el Pueblo de las Viudas?
-En Sartaguda, en el año 36, fueron asesinadas 84 personas. El
pueblo se llenó de viudas. Este pueblo pertenecía al Marqués
de Santillana, Duque del Infantado. La gente no tenía tierras en
propiedad. Los jornaleros empezaron a reivindicar un reparto de tierras
y los caciques del lugar aprovecharon la guerra para eliminar a gente
molesta.
Curiosamente años más tarde el duque vendió el pueblo
a la Diputación de Navarra y ésta hizo un reparto de tierras
que benefició a los vencedores de la guerra: los fieles al régimen
se quedaron con casi todo, y los rojos, con nada.
Ni siquiera con sus muertos, porque éstos no los recuperamos hasta
el 79.
-¿Cómo lo conseguísteis?
-Localizamos los cuerpos entre los años 78 y 79. Estaban repartidos
entre Carear, Pradejón, Ausejo, Zaragoza, Lodosa y Pamplona.
Arriba, miembros de la Asociación El Pueblo de las Viudas en el
emplazamiento del futuro parque del Recuerdo. Abajo, Mirentxu Agirre
Los trasladamos y los enterramos juntos, en un panteón.
-¿Cuándo y con qué objetivo nace la Asociación
el Pueblo de las Viudas?
-Hace 3 años, con el objetivo de promover el Parque de la Memoria.
El escultor José Ulibarrena nos ofreció realizar una escultura
inspirada en lo que ocurrió aquí en el año 36, y
el proyecto fue creciendo hasta el actual, en el que intentamos llevar
a cabo un Parque de la Memoria para toda Navarra. Tenemos proyecto, tenemos
solar concedido por el ayuntamiento, ahora hace falta dinero para llevarlo
a cabo, en concreto 80 millones. En esa fase estamos: muy ilusionados
y muy asustados. Necesitamos mucho apoyo de la sociedad Navarra para sacar
adelante este sueño.
-El Gobierno de Navarra os jugó una mala pasada económica
el año pasado.
-En 2004 el parlamento de Navarra concedió una ayuda de 150.000
euros a todas las asociaciones y se decidió destinarla al parque,
pero el gobierno, a nuestras espaldas, decidió gastar el dinero
en una escultura que nosotros rechazamos. En 2005 han vuelto a dedicamos
una partida; esperemos que no se repita la historia.
-A grandes rasgos, ¿en qué consiste el proyecto?
-La puerta del parque será monumental, obra de José Ramón
Anda; una vez dentro, queremos muchos árboles autóctonos;
siguiendo el recorrido, encontraremos otra escultura, de Néstor
Basterretxea. Que simula un paredón de fusilamiento y los disparos
dibujan la figura de un hombre abatido. En otro lugar del parque habrá
un muro en el que irán inscritos los nombres de los 3273 fusilados
en Navarra, identificados con nombre y apellidos. Después, en un
semicírculo, textos de escritores, con aportaciones de Montxo Armendariz,
Atxaga, Jokin Muñoz o Pablo Antoñana, entre otros. Y luego...
la escultura de Ulibarri, que representa a tres hombres entrelazados acribillados
a tiros.
Además otros dos escultores se han sumado al proyecto...
Estamos muy ilusionados porque será un parque acogedor, imaginativo
y bonito; un proyecto en el que todo el pueblo está muy implicado.
-Para finalizar, ¿qué les decís a los que miran
con recelo este parque y argumentan que pretende reabrir heridas?
-Se trata de todo lo contrario, de cerrarlas. Hemos diseñado un
parque acogedor, con árboles, bancos, farolas, fuentes, estatuas...
Un lugar que proporcione paz, que invite a la reflexión, fruto
de una iniciativa ciudadana abierta a todo el mundo sin exclusiones...
Este parque lo único que pretende es rendir un homenaje a todas
esas personas injustamente asesinadas, físicamente y en el recuerdo;
recuperar la memoria para impedir que vuelva a repetirse la historia.
NECESIDAD DE JUSTICIA
Progreso tenía 3 años cuando mataron a
su padre. José Ramón, 4 meses. Mirentxu y su hermana gemela
no habían nacido. Los padres de todos ellos murieron por sus ideas:
los dos primeros, por reivindicar un trozo de tierra; el de Mirentxu por
ser nacionalista y defender la República.
A Progreso la muerte de su padre le cambio hasta el nombre.
"No estaba bautizado, así que eso fue lo primero que hizo
mi madre... Para la iglesia soy Narciso. La familia de Mirentxu, sin embargo,
era profundamente católica y lo siguió siendo a pesar de
la jerarquía eclesiástica. "Cuando se llevaron detenido
a mi padre, mi abuelo, profundamente católico, le pidió
al obispo de Pamplona que intercediera por el. Su respuesta fue: "Resignación".
José Ramón, el hombre de la casa, como
tantos otros niños de la guerra tuvo que ponerse a trabajar con
poco más de 8 años. "Pasamos verdadera miseria. Las
madres te la quitaban como podían. Fue un sufrimiento enorme. Ni
llorar podíamos", recuerda emocionado.
Miren no conoció vivo a su padre pero recuperó
sus restos antes que sus compañeros. "En el 59 se rumoreó
que a la gente de las cunetas la iban a llevar al Valle de los Caídos,
así que la ama, con el abuelo hicieron los trámites ante
el obispado sanidad y gobierno de Navarra, consiguieron un coche mortuorio
y llevaron los restos de mi padre a Estella, al panteón familiar.
Para mi madre fue un auténtico descanso".
Progreso asegura que en casa no se hablaba de lo ocurrido,
“ni de la guerra, ni de nada”. La explicación, sencilla:
“Las madres querían proteger a sus hijos, que no les pasara
lo mismo que a sus maridos”. Miren habla, incluso, de una infancia
acomplejada. “Eramos las hijas del separatista, las hijas del rojo.
Nos marcaba la diferencia”.
El más joven del grupo de Sartaguda, que no vivió
aquellos tiempos, asegura que "los mayores nos ha querido ocultar
lo sucedido por dos razones: unos, por miedo, porque fueron las víctimas
y otros, por culpabilidad, porque fueron los verdugos" al tiempo
que se rebela porque aún ahora vamos con mucho cuidado, tratando
de no herir sensibilidades, casi pidiendo perdón por tratar de
hacer una cierta justicia a la memoria de esas gentes y sus familias".
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